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jueves, 31 de marzo de 2011

Setenta años de ternura

Nota de edición: Rescato este texto desde el recuerdo hasta este 2026 con la misma certeza: ninguna pantalla volverá a encenderse con la inocencia de un cervatillo en el bosque.
El Joven Príncipe Nació
Estos días se habla del setenta cumpleaños de Bambi, al que todos conocemos y que ha sido el personaje favorito de varias generaciones de niños y de adultos. Bambi es el protagonista que da título a la película de animación, basada en el cuento “Bambi, una vida en el bosque” (Bambi, ein Leben im Walde), publicado en 1923 por el autor austriaco Felix Salten, nacido el 6 de septiembre de 1869 y fallecido en Zúrich el 8 de octubre de 1945. 
La película que todos conocemos fue realizada y producida por Walt Disney, con su estreno el 13 de agosto de 1942, siendo la quinta de la serie de clásicos animados de Walt Disney. 
Los personajes principales son Bambi, un ciervo de cola blanca; su padre, el Gran Príncipe del bosque, y su madre —como reina regente, supongo, pues no me acuerdo ni de que tenga nombre (qué cosas, qué machismo)—. Sus amigos: Tambor, un conejo de hocico rosado al que no le gusta el verde del trébol y que además es un poco histérico con su patita, sobre todo cuando ve alguna conejita casadera; Flor, una mofeta de género masculino y que nunca entendí por qué tenía nombre de chica, aunque Bambi en su inocencia se lo puso y nunca supimos cómo se llamaba la mofeta en realidad, y Faline, pequeña cierva amiga de Bambi en la infancia y futura pareja. 
Como siempre, el paso de la literatura al cine invariablemente lleva cambios y adaptaciones. En este caso, Disney se tomó la libertad de modificar la especie de Bambi, de un corzo en los bosques de Europa —que es en la historia original— a un ciervo de cola blanca en Estados Unidos, especie bastante familiar para los habitantes de ese país. 
En la película ni siquiera se llegan a ver los humanos, y los perros de caza no hablan; en cambio, en el libro Bambi ve muchos humanos e incluso llega a ver uno muerto, y un perro habla en el que se puede considerar uno de los diálogos más filosóficos y llenos de resentimiento de la novela. 
En el libro, el padre de Bambi es llamado el Viejo por ser el corzo que ha vivido más tiempo, pero en la película, como todos sabemos, el padre ostenta el título de El Príncipe del Bosque. 
En la película, tras la muerte de la madre de Bambi, a éste lo cuida su padre, y tras ello vive un tiempo solo hasta que se empareja con Faline. Sin embargo, no es así en el libro: a Bambi y a Faline los cuida Netla hasta que ambos se hacen adultos y se van por su cuenta. Tras eso, Bambi se empareja con Faline, pero después de aparearse con ella y dejarla preñada se acaba yendo a vivir con su padre. 
Podemos destacar que la versión animada de la historia suple a varios personajes del cuento original, tales como Gobo, Kaurus, Rono, Netla, la señora liebre y el mochuelo. Por otro lado, se agregaron personajes como Flor —la primera mofeta "gay" de la historia de la animación— y Tambor, un conejo demasiado exaltado con las féminas de su género. 
Lo más interesante que tiene la novela es la forma en la que el autor trata el comportamiento animal. 
Bambi es la historia de un pequeño ciervo contada desde su visión de los hechos, lo que nos transporta a un mundo y vida en el bosque; con sus amigos Tambor, Flor y Faline descubrirá sabias lecciones sobre el amor y la vida, y el peligro que representa el Hombre y la destrucción que puede ocasionar en la vida del bosque.
La muerte de la madre de Bambi es un trauma que a muchos nos tocó el corazón en nuestra más tierna infancia.
Al final, después de muchas aventuras, el joven cervatillo descubrirá que la vida es una dulce melodía que trae esperanzas del mismo modo que un amanecer.
Personalmente, lo que más me gusta de la película es la canción sobre las gotas de abril que todos recordamos, ¿no? 
“Trip, trip, trop, las gotitas cantan la sinfonía de lluvia de abril.
Las gotitas que caen del cielo bailan y entonan un coro sutil.
Lluvia de abril, coro sutil.
Trip, trop, trip, trop...
Trip, trip, trop, es la melodía del aguacero que canta al caer,
trip, trip, trop, en la primavera es la canción que se escucha al llover”.

jueves, 24 de marzo de 2011

De la Literatura al cine, en color Violeta.

Nota de edición: Escribí este texto con el corazón encogido al día siguiente de la muerte de Liz Taylor, una estrella de ojos violetas que jamás dejará de brillar en la pantalla ni en mis recuerdos. Hoy, al volver a releerlo y editarlo en este 2026, me doy cuenta de que mi fascinación por ella y por las letras sigue intacta.

Siempre me digo la famosa frase de Charles Dickens de que la vida está llena de encuentros y despedidas. Lamentablemente, algunas despedidas nos producen más dolor que otras. Y entre estas —las dolorosas—, esta semana nos hemos tenido que despedir de una de nuestras musas, Elizabeth Taylor, trabajadora incansable y amiga de sus amigos hasta el último de sus alientos. No tengo por menos de acordarme de algunas de sus interpretaciones, que pasaron de la literatura al cine, donde ella les dio vida; personajes que un día fueron tan solo de tinta y papel.
Muchas veces el amor por las letras va ligado al amor por los filmes, y algunos se complementan y otros nos horrorizan. Las adaptaciones cinematográficas las hay para todos los gustos, y, en ocasiones, preferimos una buena película a un mal libro, y viceversa. Personalmente, siempre que me gusta un personaje prefiero imaginármelo a mi manera, aunque, en ocasiones, la interpretación de un actor o actriz hace que te olvides de aquello que tu imaginación inventó.
En 1944, una jovencísima Elizabeth formó parte del elenco de actores que rodaron la película Jane Eyre, basada en el libro de Charlotte Brontë. Desde 1918 hasta 2011 ha sido adaptada once veces para el cine y la TV, pero las imágenes de Elizabeth siempre perdurarán en mi memoria. Pues gracias a esa película, con la edad me convencí a mí misma de leer tan maravillosa historia.
En 1949, Elizabeth dio vida a uno de los personajes más odiados de la novela de Louisa May Alcott, Mujercitas. Amy, caprichosa e insolente, inconformista con la situación económica de su familia, su afán de ser rica y, sobre todo, la quema de los cuentos de su hermana Jo en venganza por el capricho de no asistir a un baile, hacen de ella una magnífica arpía en la que Elizabeth hace el papel a la perfección (que se reforme de mayor y se case con Laurie no la hacen mejor a mis ojos).
Otra gran historia, esta vez de la pluma de Sir Walter Scott, Ivanhoe, en 1952. Nuestra amiga dio vida a un magnífico personaje de la novela: Rebeca, la judía enamorada de Ivanhoe, con la que por motivos obvios de la época no se puede casar. El personaje me fascina, un amor sin pedir nada a cambio, un dolor intenso tan solo por pertenecer a una religión distinta y a un distinto estatus social.
Puede que cuando el dramaturgo Tennessee Williams escribiese su obra de teatro La gata sobre el tejado de cinc caliente, no pensase jamás en la repercusión que tendría en el mundo cuando fue llevada al cine en 1958. Paul Newman y Elizabeth Taylor como principales protagonistas, y un personaje, Maggie, que se encuentra atrapado en una trampa mortal entre el odio de sus parientes, la desgana de su esposo y el amor que esta le profesa.
Otro dramaturgo, esta vez Edward Albee con su obra ¿Quién teme a Virginia Woolf?, le dio la oportunidad a una ya madura Elizabeth de interpretar uno de los mejores papeles de su carrera: Martha, una mujer frustrada y dominante que, junto con su marido George (Richard Burton), alcohólico, se odian a muerte, pero cada uno conoce perfectamente los puntos débiles del otro. Excelente interpretación que le hizo ganar un Oscar a la mejor actriz.
El espejo roto, de Agatha Christie, le dio en 1980 la oportunidad de demostrar la capacidad innata de interpretación con la cual siempre nos ha cautivado. Su personaje de Marina Grey rueda en un pueblecito inglés una película sobre María Estuardo. Durante el transcurso de la representación del rodaje, alguien intenta envenenarla, matando a una invitada. El espejo roto es una película de misterio, un “whodunit”, en el que se gastan bromas a costa de la vulgaridad de estrellas de Hollywood y el provincianismo de la campiña inglesa, en el que se intenta reflejar el ocaso de una estrella.
Siempre recordaré a Elizabeth como parte de mi infancia, cuando reponían Lassie, y como parte de mi vida de adulta con todas las reposiciones de sus excelentes películas. Nunca habrá ninguna Cleopatra como ella, ni nunca más tendremos unos ojos violetas como los suyos iluminando la pantalla. Descansa, amiga, donde quiera que estés, junto con los grandes escritores que hicieron con su pluma personajes tan intensos para que tú los dieses tu aliento y tu vida.

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