Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en este blog el 30 de octubre de 2010. Con motivo de la revisión general de este espacio en 2026, el texto ha sido adaptado para mejorar su lectura actual, manteniendo intactos el cariño por la obra de Lucy Maud Montgomery y tu criterio literario original.
«La señora Rachel Lynde vivía donde el camino real de Avonlea desciende por un pequeño valle orlado de alisos y zarcillos, en un lugar cruzado por un arroyo que nace en los bosques de la vieja posesión de los Cuthbert.»
Este es el comienzo de una de mis novelas favoritas de todos los tiempos: Anne of Green Gables, o lo que es lo mismo, Ana de Tejas Verdes, escrita por la canadiense Lucy Maud Montgomery y publicada por primera vez en 1908. En principio se escribió para todas las edades, pero al igual que la obra de Louisa May Alcott, en mi época siempre fue considerada literatura para niñas.
La novela narra la vida de Anne Shirley, una pequeña pelirroja huérfana con una gran imaginación. Es entregada por error en la casa de Marilla y Matthew Cuthbert, dos hermanos de mediana edad que viven juntos en Tejas Verdes, una granja situada en un pueblecito llamado Avonlea.
Podemos recrearnos en las peripecias y meteduras de pata de la pequeña Anne junto con su amiga del alma, Diana Barry. Su carácter imaginativo la lleva a poner nombres rimbombantes a todo lo que la rodea, sacando de sus casillas el talante severo de Marilla, pero encandilando el corazón del solitario y callado Matthew. Ambos llegan a amarla como a una verdadera hija, a pesar de meterse siempre en enredos domésticos, tales como teñirse el pelo de verde, emborrachar a Diana o decir que había un ratón en la nata cuando hay invitados a tomar el té.
Anne es deslumbrante e inteligente, inquieta por complacer, pero descontenta con su nombre (ella prefería llamarse Cordelia), con su piel pálida llena de pecas, con sus largas trenzas de pelo naranja —que con el tiempo se convertirá en un precioso pelo color cobrizo— y, sobre todo, por su precario vestuario. Su gran sueño de infancia es tener un bello vestido de mangas abullonadas.
Estas novelas costumbristas te llevan a una época en la que las mujeres apenas tenían otros objetivos que los de casarse y tener una familia. Por el contrario, Anne, gracias a su rivalidad y complicidad con Gilbert Blythe, consigue no solo premios en sus estudios, sino trabajar en aquello que más le gusta: la enseñanza. La historia tiene su lado romántico en sus secuelas, ya que son un total de ocho libros los que narran toda la vida de Anne y Gilbert.
Pienso que si se volviese a leer este tipo de novelas, sería una manera de rendir tributo a estas mujeres luchadoras pero consecuentes con las circunstancias que las rodeaban, que no se conformaban con seguir las normas establecidas y cuyo mundo moderno cambió gracias a ellas y a otras como ellas. Aunque el afán de superación de una Jo March en Mujercitas y el de una Anne Shirley pertenecen a registros literarios bien distintos, ambas forman parte por derecho propio de la literatura universal.
Del papel al celuloide y TV: El viaje de Anne por las pantallas
Al igual que ocurre con otras grandes obras de la literatura, la historia de nuestra querida e indomable huérfana pelirroja ha encontrado en el cine y la televisión un segundo hogar. Para comprender la magnitud de la creación de Lucy Maud Montgomery, es casi obligatorio repasar cómo ha sido moldeada por diferentes directores a lo largo del tiempo, invitando al espectador a leer el libro, devorar las pantallas y sacar sus propias conclusiones.
La primera vez que Anne habló en el cine sonoro fue en 1934 (RKO Radio Pictures), dirigida por George Nichols Jr. Curiosamente, el impacto del personaje fue tal que la actriz protagonista, Dawn O'Day, decidió cambiar su nombre artístico para siempre por el de Anne Shirley. Un detalle tan inusual que a más de uno nos hizo pensar de niños —cuando descubrimos la historia con apenas 11 años— que el libro se había copiado de la actriz y no al revés.
Pasando por un nostálgico formato musical en la televisión canadiense CBC (1956) y un par de minuciosas miniseries británicas de la BBC (1972 y 1975) dirigidas por Joan Craft, la obra demostró que su sensibilidad traspasaba fronteras. Tanto es así que en 1979, Japón nos regaló una joya en formato de animación gracias a Nippon Animation y al director Isao Takahata (quien más tarde fundaría el Studio Ghibli junto a Hayao Miyazaki). Esta serie animada captó de forma magistral y con un respeto reverencial la psicología y el ritmo del libro.
Sin embargo, para toda una generación, la adaptación definitiva llegó en 1985 de la mano de Kevin Sullivan (Sullivan Entertainment / CBC / PBS). Esta miniserie (y sus posteriores secuelas) elevó a Megan Follows como la Anne Shirley perfecta y a Jonathan Crombie como el Gilbert Blythe ideal. Sullivan logró capturar el alma idílica, los paisajes de la Isla del Príncipe Eduardo y la profunda carga emocional de la novela, convirtiéndola en un clásico indiscutible de la televisión.
Ya en la época reciente, tras una trilogía de películas para televisión de YTV (2016-2017), llegamos a la versión más internacional y comentada de los últimos años: la coproducción de CBC y Netflix (2017-2019), creada por Moira Walley-Beckett y protagonizada por Amybeth McNulty. Fuera de nuestras fronteras se la conoce como Anne with an E, haciendo honor a la entrañable manía de la protagonista de defender la "E" de su nombre por pura elegancia. Por desgracia, las distribuidoras en España volvieron a hacer gala de sus nefastas traducciones bautizándola de forma absurda como Anne con A, demostrando que quienes deciden los títulos a veces no se han leído ni el primer capítulo.
Hoy en día el público suele quedarse con lo vistoso y lo moderno, perdiendo de vista la verdadera esencia del personaje. Esta Anne de Netflix peca de esa prisa tan actual de quererlo todo y quererlo ya. Se aleja de la Anne del libro, que lejos de ser una inconformista caprichosa, asume su pasado y su amor por Tejas Verdes con una madurez sobrecogedora. El trauma de ser huérfana y el dolor de su corta vida la acompañan siempre, incluso de mayor; momentos tan sutiles e íntimos como cuando, ya de institutriz, lee las cartas de Gilbert paseando por un cementerio y sentándose a recordar... ufff, eso no lo capta ninguna cámara.
La verdadera Anne es la que, al morir su padre adoptivo, decide renunciar a sus estudios universitarios para ponerse a trabajar de maestra y no dejar sola a Marilla. Esa entrega, esa lealtad a su hogar y a sus principios, es la que verdaderamente define a la heroína de Montgomery. La gran pantalla puede ser muy atractiva, pero la Anne auténtica siempre pertenecerá al papel.

Hola Jota, me encanta éste blog, comparto contigo el gusto por las maravillosas historias, en especial me gusta ésta de Anne de las Tejas Verdes. Hace muchos años vi la serie en televisión, recuerdo que esperaba con ansias el momento para ver cada capítulo y soñaba con vivir en ese lugar tan hermoso y vivir aventuras como las de Anne, pero todavía no he tenido la oportunidad de leer los libros, talvez los pueda encontrar en internet. Gracias por traer a mi memoria esos recuerdos, un gran abrazo! Voy a visitar tu otro blog, gracias por visitar el mío.
ResponderEliminarHola Jota, no he tenido la suerte de leer estas historias, pero la conocí a través de internet y un blog que ya ni me acuerdo , en el cual la recomendaban, así que busqué por la web y me descargé los capítulos .
ResponderEliminarMe pareció una historia entrañable, mi hija y yo disfrutamos muchiiisimo viendola.
Besitos