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| El espectacular y vibrante mural de Cara Kansala en The Newfoundland Chocolate Company (Duckworth Street). Un rincón lleno de color donde dan ganas de quedarse a tejer... ¡y a comer chocolate! |
Al examinar las ilustraciones y pinturas de Kansala, nos encontramos con detalles que nos resultan deliciosamente familiares a quienes amamos las agujas (y no me refiero a los acupuntores). Esas ovejitas y cabras con sus suéteres de colores son uno de los sellos de identidad de la autora. Su aclamado libro infantil The Ewe Who Knew Who Knit You (La oveja que sabía quién te tejió) es un viaje ilustrado a través del punto, el amor por la lana y las prendas hechas con mimo.
Otro elemento peculiar de la artista son los tendederos. En sus paisajes costeros de Terranova, los tendederos de ropa no son un accesorio; son los protagonistas. Sábanas, colchas de patchwork y prendas de abrigo flotan al viento uniendo las casas danzantes, como si hilos invisibles mantuviesen al pueblo unido frente al frío norteño.
Sus texturas parecen hechas de puntadas. El relieve y la aplicación del color en sus cielos nocturnos, sus lunas brillantes y los campos de flores recuerdan enormemente a los entramados del bordado o los tapices de lana.
La conexión de Cara con lo artesanal va más allá del lienzo. Durante años, a través de su proyecto Grumpy Goat Gallery, se dedicó a dar vida a piezas tridimensionales de madera talladas y pintadas a mano. Es ese mismo espíritu de "crear con las manos", de lijar, moldear y dar calor a la materia prima, el que se respira en cada una de sus ilustraciones actuales.
Cara Kansala nos demuestra que la pintura y el arte textil comparten el mismo corazón: la paciencia del artesano, el amor por el color y la necesidad de contar historias pincelada a pincelada o, como es el caso que nos ocupa, puntada a puntada.
El paisaje accidentado de Terranova cobra vida en esta fila de casas danzantes que parecen bailar al son del viento, contagiadas por el espíritu energético de su gente.
El viento arrecia y las barcas se mueven al compás de las olas en esta divertida escena. Mientras las gaviotas y los cuervos vuelan cerca de nuestro lindo gatito a rayas, en el tendedero cuelga una preciosa colcha Nine Patch junto a la ropa interior del abuelo... ¡que parece haber cobrado vida propia en el aire!
Y así, con el mar en calma y el aroma a chimenea, nos despedimos hoy de los mágicos paisajes de Cara Kansala. A mí, desde luego, ver sus cuadros me ha dejado unas ganas locas de encerrarme con el aire acondicionado a combinar retales y coser corazones en mi próximo proyecto de patchwork.

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