Otro de los grandes escritores de nuestra literatura, nacido en el mes de febrero, fue José Zorrilla (21 de febrero de 1817). Zorrilla nació en Valladolid; desde su más tierna infancia se vio sometido a la severa educación que le impuso su padre —hombre de rígidos principios y absolutista, partidario del pretendiente al trono don Carlos—, y de su madre, una mujer piadosa y sufrida, sometida a su esposo.
Tras algunas vicisitudes por el territorio español (Valladolid, Burgos, Sevilla, Madrid…), ingresó en un seminario de Nobles; tiempo después dejó esos estudios para seguir leyes en la Universidad de Toledo, y después en la de Valladolid (1833-1836). Durante unas vacaciones se enamoró de una prima suya, a la que evoca en su obra Recuerdos del Arlanza; este fue el primero de una larga lista de amores.
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| "El magnetismo del mito: un jovencísimo Carlos Larrañaga encarnando al desafiante Don Juan Tenorio en la célebre adaptación de Estudio 1 para TVE (1970)." |
En 1836 huyó de la casa paterna, refugiándose en Madrid, donde pasó muchas penurias y privaciones. En 1837 se reveló como poeta al pie del sepulcro de Larra, leyendo emocionadamente una composición en honor del suicida; comenzó a ser conocido y entró en los círculos de autores del momento. Su matrimonio con Florentina O´Reilly no fue todo lo bien que esperase, es por eso que se le atribuyen diversas amantes por aquellos años.
Viajó a Francia en 1845, asistiendo en París a algunos cursos de la Facultad de Medicina y relacionándose con Alejandro Dumas, George Sand, Alfred de Musset y Pierre Jules Théophile Gautier. Este mismo año fallece su madre, hundiéndole en la más profunda melancolía. Tras una vida agitada, y después de viajar a México y Cuba, regresó a España a la muerte de su primera esposa.
Se hizo famoso dando recitales públicos y obtuvo numerosos honores, entre los que sobresalen su nombramiento de cronista de Valladolid (1884) y su coronación como poeta nacional en Granada (1889). Murió en Madrid en 1893, tras una intervención quirúrgica para extraerle un tumor cerebral.
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| "El salto al Hollywood dorado: Errol Flynn destilando carisma como el seductor universal junto a la actriz Viveca Lindfors, enfundada en el oscarizado vestuario de la reina Margarita (1948). |
Hay en la vida del autor algunos detalles de gran interés para comprender la orientación de toda su obra. En primer lugar, las relaciones con su padre: un hombre, como hemos dicho, despótico y severo que rechazó por completo el cariño de su hijo y le negó el perdón por los errores cometidos en su juventud. José Zorrilla cargaba siempre con una especie de sentido de culpabilidad y, para superarla, decidió defender en su obra un ideal tradicionalista muy de acuerdo con el sentir de su propio padre. En Recuerdos del tiempo viejo nos narra:
“Mi padre no había estimado en nada mis versos, ni mi conducta, cuya clave él solo tenía.”
De su carácter ha dicho su biógrafo Narciso Alonso Cortés que era ingenuo como un niño, bondadoso y amigo de todos, ignorante del valor del dinero y ajeno a la política. Rechazó varios puestos públicos muy lucrativos por no sentirse preparado; en su obra Recuerdos afirma:
“Yo temo que nuestra revolución va a ser infructífera para España por creernos todos los españoles buenos y aptos para todo y meternos todos a lo que no sabemos.”
Nos hubiese ido mejor en los últimos años si algunos políticos y trabajadores de la administración pública hubiesen al menos leído esta frase; yo la pondría en cada despacho de cada presidente, ministro, consejero, delegado, etc., etc.
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| "La inocencia rota en el convento: una maravillosa Concha Velasco como doña Inés junto a Tota Alba en el papel del aya Brígida, en la mítica adaptación de TVE de 1966. |
Sea como fuere, la obra por la que es mundialmente conocido es Don Juan Tenorio, drama romántico en dos partes publicado en 1844. Constituye, junto con El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1630), de Tirso de Molina, una de las dos principales materializaciones literarias en lengua castellana del mito de Don Juan.
Don Juan Tenorio es el prototipo amoroso masculino que ha conquistado de forma más ostentosa el teatro, la literatura, el cine y la televisión. No se dirá de nadie que en cuestiones de amor es un Romeo o un Marco Antonio, un Calixto o un Otelo, o un Don Quijote o un Cid; puede que le comparen con Casanova, pero es el mismo mito en distinto ámbito social. ¿Por qué se suspira por un Don Juan y no por algún otro modelo de amante? Lo que nos llama más la atención de este hecho es que precisamente el transgresor, el calavera, el que sin el menor escrúpulo juega con los sentimientos de las mujeres que confían en su amor, sea precisamente el que se haya ganado un lugar de honor en el alma de las personas.
El personaje venía de muy lejos; aunque España fue finalmente la patria que le acogió como hijo predilecto, no fue su lugar de nacimiento. Don Juan, antes de adoptar el apellido de Tenorio, es un auténtico ciudadano del mundo. España solo acabó de caracterizarlo y de darle un nombre inmortal. Mozart ya le había dedicado una ópera (Don Giovanni). La gran novedad del Don Juan de Zorrilla es que finalmente sale absuelto: no se condena gracias a la ayuda de doña Inés. El caso es que el personaje no tiene desperdicio:
"Por dondequiera que fui / la razón atropellé, / la virtud escarnecí, / a la justicia burlé, / y a las mujeres vendí. / Yo a las cabañas bajé, / yo a los palacios subí, / yo los claustros escalé, / y en todas partes dejé / memoria amarga de mí. / Ni reconocí sagrado, / ni hubo ocasión ni lugar / por mi audacia respetado; / ni en distinguir me he parado / al clérigo del seglar. / A quien quise provoqué, / con quien quiso me batí, / y nunca consideré / que pudo matarme a mí / aquel a quien yo maté."
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| "Misticismo en color: Enrique Diosdado, con su icónico traje rojo y la espada caída, frente a una espectral Mari Carmen Díaz de Mendoza en el clímax final del Don Juan Tenorio cinematográfico (1952)." |
Y sin embargo, como he dicho antes, ejerce un gran atractivo no solo para los hombres, que podrían proponerse ser como él, sino también para las mujeres, a las que al fin y al cabo se les podría considerar “víctimas”.
DON LUIS: ¡Por Dios que sois hombre extraño! / ¿Cuántos días empleáis / en cada mujer que amáis?
DON JUAN: Partid los días del año / entre las que ahí encontráis. / Uno para enamorarlas, / otro para conseguirlas, / otro para abandonarlas, / dos para sustituirlas, / y una hora para olvidarlas.
Lo que pasa es que a veces el destino nos juega malas pasadas y, como quiera que Don Juan quiso “picar” más alto y quiso quitarle al mismísimo Dios una novia, doña Inés, claro está que se volvieron las tornas y cayó en la trampa en la que habían caído todas sus víctimas: se enamoró, como diríamos ahora, “hasta las trancas”.
DOÑA INÉS: No sé: desde que le vi, / Brígida mía, y su nombre / me dijiste, tengo a ese hombre / siempre delante de mí. / Por doquiera me distraigo / con su agradable recuerdo, / y si un instante le pierdo, / en su recuerdo recaigo. / No sé qué fascinación / en mis sentidos ejerce, / que siempre hacia él se me tuerce / la mente y el corazón: / y aquí y en el oratorio / y en todas partes advierto / que el pensamiento divierto / con la imagen de Tenorio.
Así, Don Juan queda atrapado en su propia red y se dedica a conquistar a doña Inés, trabajo que le cuesta lo suyo; se tiene que superar a sí mismo y lo consigue. No deja de ser una paradoja que el burlador del amor cae en los lazos de este, y el autor nos deleita con unas frases usadas por millones de personas en todo el mundo, famosas por su contexto y por su contenido.
"¡Cálmate, pues, vida mía! / Reposa aquí, y un momento / olvida de tu convento / la triste cárcel sombría. / ¿Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, / que en esta apartada orilla / más pura la luna brilla / y se respira mejor? / Esta aura que vaga llena / de los sencillos olores / de las campesinas flores / que brota esa orilla amena; / esa agua limpia y serena / que atraviesa sin temor / la barca del pescador / que espera cantando al día, / ¿no es cierto, paloma mía, / que están respirando amor?"
A estos célebres versos en que Don Juan se rinde al amor, les siguen estos otros de su amada:
"Tu presencia me enajena, / tus palabras me alucinan, / y tus ojos me fascinan, / y tu aliento me envenena. / ¡Don Juan! ¡Don Juan!, yo lo imploro / de tu hidalga compasión: / o arráncame el corazón, / o ámame porque te adoro."
En esta apoteósica escena lo dejo. Espero que podáis disfrutar de esta maravillosa obra que tiene, como todos los clásicos, esa fuerza, ese ímpetu que lamentablemente, personalmente, echo de menos en las obras contemporáneas; será por eso quizás que prefiero a los clásicos, sin desmerecer a nadie, la literatura como todo va en gustos. Y espero, si no conocéis esta obra, que esta humilde entrada sirva para conocerla un poco más. Y aún dejo una duda en el aire: ¿Quién es el auténtico Don Juan? ¿El conquistador, o el conquistado?¿A mí personalmente? Me fascina el tarambana, ¿y a vosotros?
Lo cierto es que, al final, Zorrilla nos regala un giro único y nos deja para la eternidad estos últimos versos memorables:
"Y solo en la vida más pura / los justos comprenderán / que el amor salvó a Don Juan / al pie de la sepultura. / Pues me abre el purgatorio / un punto de penitencia, / es el Dios de la clemencia / el Dios de Don Juan Tenorio."
En esta apoteósica escena lo dejo, espero que podáis disfrutar de esta maravillosa obra...