miércoles, 2 de septiembre de 2026

Once Upon a Time…"Atrapados en Storybrooke: Una premisa brillante que se desgastó con el tiempo"


                       

 Había una vez… cuantas veces en nuestra vida hemos leído esas palabras al comenzar un cuento. Los cuentos han formado siempre parte de nuestra vida, en nuestra infancia llenando nuestra mente de fantasía, en la adolescencia, pensando en ese príncipe azul o en llevar una vida de princesas, en la edad adulta al recordarlos para nuestros hijos, personalmente los cuentos siempre me apasionaron.
Pero os habéis preguntado alguna vez, por qué caperucita lleva una capa roja para cruzar por un bosque???
Meghan Ory como Caperucita Roja/Ruby. 
O por que Pepito Grillo se convirtió en la conciencia de Pinocho???? 
Raphael Sbarge como Pepito Grillo/Archie Hopper.
Tal vez, cuando leíamos aquello de “… Y fueron felices…” nuestra imaginación quiso ir un poco más, que le dijo el padre del príncipe cuando este quiso casarse con una criada como Cenicienta, estuvo de acuerdo? O por qué Blancanieves acabó en el bosque viviendo con siete enanitos? 
Lee Arenberg como Gruñon/Soñador/Leroy.
Tal vez, nos preguntamos de donde sale el polvo de hadas, o que hechizo hizo que el espejo de la madrastra de Blancanieves la obedeciese  en todo, y es más , que le ocurrió para que tuviese esa maldad que la caracteriza, fue alguna vez una buena persona, y Rumpelstiltskin por que era tan odioso y en cambio todo el mundo le pedía ayuda?.
Robert Carlyle como Rumpelstiltskin/Sr. Gold.
Quizás todas estas preguntas y muchas otras, se las preguntaron alguna vez Edward Kitsis y Adam Horowitz, para crear una serie, que si bien tendrá muchos detractores, a mí personalmente me ha “enganchado” tanto que me vi,  los 22 episodios de la primera temporada de un tirón como quién dice.
                            
Los saltos de la literatura a la gran o pequeña pantalla nunca superan los objetivos dados por los autores, todos los lectores coincidimos en que son mejores las historias escritas, que las contadas en películas y series.
Pero esta serie, intenta tener respuestas a muchas preguntas que nos hicimos al leer los cuentos clásicos, aunque con claros guiños a Disney, es entretenida, y sobre todo, recuerda a todos esos amigos, que nos acompañaron en nuestros sueños.
Emilie de Ravin como Bella 
La historia se basa en la teoría de que existe un universo paralelo donde todos los personajes clásicos, de cuentos de hadas, existen en realidad, en un mundo que tiene una conexión perdida con nuestro mundo, ( tal vez, por que llegados a una edad dejamos de creer en la magia). El bosque encantado con todos sus mágicos habitantes y la conspiración de la malvada madrastra de Blancanieves, nos da la introducción a esta aventura.
Lana Parrilla como la Reina Malvada/Regina Mills.
 En la que logra mediante una maldición enviar a los personajes de los cuentos al pueblo de “Storybrooke” ( se puede traducir como historias rotas o sin final) en Maine, dónde todos se encuentran en unas vidas “normales”, sin saber quiénes son en realidad, siendo ella, Regina, la única con un final feliz ( o eso se cree).
El día del vigésimo octavo  cumpleaños de Emma Swan, que trabaja de caza-recompensas en Boston, aparece un niño que dice ser su hijo ( que dio en adopción hace diez años), Henry, que así se llama el pequeño, tiene un libro que le a regalado su maestra  lleno de historias clásicas, pero escritas de diferente manera de la que los hermanos Grimm nos tienen acostumbrados.
Jennifer Morrison como Emma Swan.
Emma, acepta llevar al niño a su casa, en Storybrooke, al llegar a la ciudad el niño le cuenta que todos los habitantes en realidad son, personajes de su libro de cuentos, y que todas las historias son reales, pero que viven bajo el influjo de la maldición, que su propia madre adoptiva Regina (alcaldesa de Storybrooke) les lanzó, y no tienen recuerdos de sus propias identidades.
Jared S. Gilmore como Henry.
Así vamos conociendo al psicólogo, el  Dr.Archie Hopper, que en realidad es Pepito Grillo, a su profesora Mary Margaret Blanchard, que es Blancanieves, la verdadera madre de Emma, Henry afirma tajantemente que el tiempo está parado en Storybrooke y que las personas son incapaces de abandonar el pueblo, pero Emma romperá poco a poco esta maldición pues así lo dijo la profecía antes de su nacimiento.
Ginnifer Goodwin como Blancanieves/Mary Margaret Blanchard.
Joshua Dallas como el Príncipe James/Príncipe Azul/David Nolan.
Henry sabe que las cosas comienzan a cambiar cuando Emma tras conocer a la madre adoptiva de su hijo decide quedarse durante una semana, entonces, las manecillas del reloj del ayuntamiento paradas hasta entonces empiezan a moverse…

Espero que disfrutéis y no olvidéis, que toda maldición se rompe con un beso de amor verdadero…


El último misterio de Pemberley: El testamento literario de P. D. James

Con este inquietante título, sigo con mi andadura por «El mundo de Jane Austen». Se han escrito muchos libros sobre los personajes que la autora británica nos dio a conocer. Lamentablemente, la mayoría están sin divulgar en España y solo podemos acceder a ellos en el idioma de Shakespeare. Uno de los últimos que han sido publicados y traducidos al español ha sido La muerte llega a Pemberley, de la afamada y prolífica Phyllis Dorothy James, más conocida simplemente como P. D. James.
Retrato fotográfico en primer plano de la autora P. D. James en su vejez. Aparece sonriendo con amabilidad a la cámara, con el cabello blanco corto y vistiendo una chaqueta elegante de color oscuro en un entorno luminoso.
La escritora británica P. D. James fotografiada en el año 2011, mostrando una lucidez envidiable a sus 91 años durante la promoción de La muerte llega a Pemberley, la que terminaría siendo su última novela.
Esta escritora británica nació en Oxford el 3 de agosto de 1920. Cuando devoré esta novela recién salida de la imprenta, eché cuentas y me froté los ojos: el próximo agosto la autora cumpliría 92 años. Y ahí estaba ella, publicando novelas que llegan a ser populares en todo el planeta, dándoles sopas con honda a escritores que tienen la mitad de su edad. Curiosamente, P. D. James trabajó como administradora de la Seguridad Social y como funcionaria pública del Ministerio del Interior. Trabajos que, sin duda, le ayudarían con la idea del asesinato en múltiples ocasiones. Es una conjetura mía, claro, pero seguro que le dieron pie para escribir novelas de crímenes y misterios desde su primera obra, Cubridle el rostro en 1963, hasta esta última que os traigo hoy, publicada en 2011 y que, a la postre, se convertiría en su inesperado testamento literario.
Póster oficial de la serie de televisión sobre un fondo neblinoso y gótico. En el centro del primer plano aparecen Fitzwilliam Darcy y Elizabeth Darcy de pie y colocados espalda con espalda con semblante serio. Detrás de ellos, en un segundo plano más sombrío, se sitúa George Wickham a la izquierda de Darcy y Lydia Wickham a la derecha de Elizabeth, observando fijamente hacia el espectador. En la parte superior se lee el título en letras blancas texturizadas.
Cartel promocional oficial de la miniserie de la BBC, encabezado por su título original en inglés, Death Comes to Pemberley, mostrando a los cuatro personajes principales atrapados en la atmósfera de misterio de la historia.

Sangre en el jardín de Darcy y Elizabeth
Esta aventura para los amantes de la obra de Austen puede resultar un tanto insólita, pero la autora en su genialidad ha sabido plasmar a la perfección el lenguaje de Austen. La trama retoma Orgullo y Prejuicio unos años después de que Elizabeth y Darcy se casaran. Estamos en Pemberley, la magnífica mansión de los Darcy, en el año 1803. Nuestros protagonistas, como todos esperábamos, se casaron y han tenido dos hijos. Nos encontramos en la mañana de la víspera del Baile de Lady Anne, llamado así en honor a la madre del anfitrión. Todo son felices preparativos y felicidad absoluta.
Pero la noche antes de la fiesta, un carruaje apresurado se presenta frente a la puerta de la gran mansión. En él viaja Lydia Wickham, la díscola hermana menor de Elizabeth que se fugó cuando contaba con dieciséis años con el apuesto y arrogante George Wickham. Lydia sufre un ataque de histeria, llora y grita sin parar que han asesinado a su marido en el bosque de Pemberley. Nuestros protagonistas sienten que un peligro fatal amenaza su pacífica existencia. De repente afloran todos los secretos y vuelven las dudas. Es una maestría de la autora mostrar cómo un asesinato perturba de tal manera las vidas del entorno de la víctima.
Fotografía de una escena de la serie rodada en exteriores donde el actor Matthew Rhys, caracterizado como el señor Darcy con ropa de época del siglo XIX, aparece de pie frente a un paisaje natural. Su expresión es severa y meditabunda, reflejando el carácter reservado, correcto y preocupado del personaje literario.
El actor Matthew Rhys encarnando a un Fitzwilliam Darcy que mantiene en el exterior su habitual semblante serio, comedido y de modales impecables, mientras intenta lidiar con la crisis que amenaza la paz de Pemberley.
Yo personalmente echo de menos la ironía que me enamoró del personaje de Lizzy. Nuestra señora Darcy es ahora una mujer llena de obligaciones y comedida en sus decisiones. Supongo que todas maduramos con la edad, los hijos y las responsabilidades, pero sí es cierto que la sabia descripción de la cotidianidad de una burguesía agraria nos da ese punto de partida idóneo ante la pasión de un misterio y el suspense, salpimentado con algunas agudas observaciones.
Aunque tengo que confesar que supe de qué iba toda la trama en la página 58, e incluso intuí al asesino en la misma. Supongo que son muchos años de leer a Agatha Christie y todo lo que conlleve misterios y asesinatos. Pero para los que necesiten leer todo el libro para saber qué pasó, el resultado final es una mezcla muy interesante. P. D. James, por si alguien anda despistado y no recuerda Orgullo y Prejuicio, resume en un fantástico prólogo las peripecias y vicisitudes de la familia Bennet, sus cinco hijas casaderas, los pequeños ingresos, los desvelos de la madre para casarlas, el orgulloso, reservado y rico Darcy, y los prejuicios de Elizabeth.
Fotografía de una escena exterior de la miniserie de la BBC en un sendero natural rodeado de vegetación. Georgiana Darcy y el joven abogado caminan juntos con vestimenta elegante de la época victoriana, mostrando una actitud cómplice y enamorada. El joven sujeta con una mano la brida de un caballo que camina junto a ellos.
Georgiana Darcy y el abogado de la familia, el señor Alveston, compartiendo un idílico y cómplice paseo a pie por los exteriores de Pemberley mientras avanzan llevando al caballo de la brida.
Viejos conocidos y guiños magistrales
James da vida a algunos personajes nuevos y a otros como Georgiana, la hermana de Darcy, su primo el coronel Fitzwilliam o los propios Lydia y Wickham, que cobran un mayor protagonismo. Es sorprendente el destacado papel de un personaje casi olvidado de la novela de Austen: Eleanor Younge, antigua institutriz de Georgiana. P. D. James sabe darle con maestría otra vuelta de tuerca y la convierte en parte principal del misterio y de la trama final.
Como en todas las novelas de Austen, aquí no faltan los chismorreos ni la envidia. Se intuyen además ecos lejanos de la rebelión irlandesa contra el dominio británico de 1798 y de la guerra naval contra Francia. James asume la parte más feminista de Austen sobre la educación de las mujeres, dejándolo claro en boca del abogado Alveston, pretendiente de Georgiana, cuando afirma que estamos en el siglo XIX y a la mujer no puede negársele la voz en asuntos que la incumben.
P. D. James hace asimismo unos guiños geniales sobre otros personajes de la obra de Austen, como el Capitán Frederick Wentworth y su esposa Anne de Persuasión, o el señor y la señora Elliot de la misma novela. Gran relevancia para la trama final cobra también el papel de Harriet Martin, de soltera Smith, amiga íntima de la señora de George Knightley, la encantadora protagonista de Emma. Personalmente añoro algún clérigo tonto al estilo de Mr. Collins o Mr. Elton, y también a una señora indiscreta como Mrs. Jennings. En todo lo demás, la novela tiene su atractivo con crimen, adulterio, engaños y todo lo que nos define como seres humanos.
Un inspirador fragmento del capítulo final de Mansfield Park impulsó a P. D. James a concebir este respetuoso y dilatado homenaje literario.
“ Que se espacien otras plumas en la descripción de infamias y desventuras, la mía abandona en cuanto puede esos odiosos temas, impaciente por devolver a todos aquellos que no estén en gran falta un discreto bienestar, y por terminar con todo lo demás”. 
Todo un homenaje “espaciado”
Escena de la miniserie de la BBC en un jardín inglés señorial. Elizabeth Darcy, ataviada con un vestido de época y un sombrero, sostiene una cesta mientras recolecta rosas de un arbusto. A su lado, el coronel Fitzwilliam, vestido con ropa formal decimonónica, camina junto a ella con expresión seria mientras mantienen una conversación confidencial.
Elizabeth Darcy recoge rosas en los jardines de Pemberley mientras el coronel Fitzwilliam la acompaña, aprovechando la intimidad del paseo para desvelarle sus verdaderas intenciones respecto a Georgiana.
Para quienes os quedéis con ganas de más tras cerrar el libro, la obra cuenta con una magnífica adaptación televisiva que os recomiendo ver. Se trata de Death Comes to Pemberley (La muerte llega a Pemberley), una miniserie británica de suspense y drama de la cadena BBC estrenada en diciembre de 2013. Esta producción, dirigida por Daniel Percival y con guion de Juliette Towhidi, consta de tres episodios con una duración aproximada de sesenta minutos cada uno. La serie recrea a la perfección la atmósfera gótica y la elegancia que P. D. James plasmó en sus páginas, contando con una ambientación espectacular y una banda sonora impecable que os meterá de lleno en el misterio. El reparto principal está encabezado por Matthew Rhys en el papel del orgulloso Fitzwilliam Darcy, Anna Maxwell Martin como la inteligente Elizabeth Darcy, Matthew Goode interpretando al siempre problemático George Wickham y Jenna Coleman dando vida a la impulsiva Lydia Wickham.
Plano de detalle cinematográfico de la película Orgullo y Prejuicio. Se muestra un plano cerrado de las manos de Elizabeth Bennet y el señor Darcy en el momento exacto en el que él la sujeta con firmeza y delicadeza por los dedos para ayudarla a subir al carruaje, destacando el contraste de sus pieles contra el fondo de la vestimenta de época del siglo diecinueve.
El inolvidable y sutil instante de la película Orgullo y Prejuicio (2005) en el que el señor Darcy toma por primera vez la mano de Elizabeth para ayudarla a subir al carruaje, un gesto cargado de una tensión eléctrica contenida.


La mujer que incendió una nación con tinta y papel Harriet Beecher Stowe

Hay libros que entretienen, otros que enseñan, y un selecto grupo que cambia el rumbo de la Historia. Harriet Beecher Stowe firmó uno de estos últimos. Nacida el 14 de junio de 1811, esta autora y abolicionista dio vida a una de las novelas más influyentes de la literatura mundial: Uncle Tom’s Cabin (La cabaña del tío Tom).
Retrato fotográfico antiguo en sepia de la escritora Harriet Beecher Stowe en su edad madura. Aparece sentada, luciendo un vestido victoriano oscuro de mangas anchas con detalles de encaje y el cabello recogido con rizos a los lados.
Harriet Beecher Stowe en sus años de madurez, vistiendo un traje formal de la época victoriana y luciendo el peinado característico de las escritoras del siglo XIX.
El nacimiento de un fenómeno prohibido
Lo fascinante es que Stowe jamás pisó los estados del sur. No le hizo falta. Con una maestría abrumadora, retrató la brutalidad cotidiana de la esclavitud. La obra nació por entregas entre 1851 y 1852 en el periódico abolicionista The National Era. Ante las acusaciones de falsedad, la autora respondió con puño de hierro publicando A Key to Uncle Tom’s Cabin, un demoledor trabajo documental que probaba, con hechos reales, cada una de las denuncias de su novela.
Su activismo no era casualidad. Criada en el seno de una familia profundamente religiosa y abolicionista en Connecticut, Stowe se empapó de la cruda realidad del racismo cuando se mudaron a Cincinnati. Allí, junto a la frontera de un estado esclavista, acumuló los testimonios que terminarían dando forma al primer gran héroe afroamericano de la literatura estadounidense.
Ilustración a todo color de la portada del cómic número 18 de la colección Joyas Literarias Juveniles de Bruguera. En la escena central, dibujada por Antonio Bernal, aparece el esclavo Tom en primer plano con expresión compasiva, junto al título de la obra en letras grandes y el precio original de la época impreso en una esquina.
Portada del número 18 de la mítica colección Joyas Literarias Juveniles de Editorial Bruguera, correspondiente a la adaptación de La cabaña del tío Tom, un ejemplar histórico que costaba 15 pesetas en los años setenta y que todavía conservo en mi colección personal.
La cita que definió una era
Existe una anécdota brutal. Cuando una joven Stowe se reunió con Abraham Lincoln en 1862, en plena Guerra de Secesión, el presidente la saludó con una frase lapidaria: “So you’re the little woman who wrote the book that started this great war! («¡Así que tú eres la pequeña mujer que escribió el libro que inició esta gran guerra!»). Apócrifa o no, la cita ilustra una verdad innegable: este libro fue el bestseller que destruyó la neutralidad de una sociedad cómplice y aceleró el fin de la esclavitud en el país.
Más allá del sentimentalismo
Literariamente, la novela se mueve entre el realismo y el melodrama decimonónico, fuertemente influenciada por las narrativas de los propios esclavos. Stowe pone el foco en la crueldad más descarnada, pero también en la maternidad como trinchera emocional. Logra capturar de forma brillante el habla de los afroamericanos de la época, un matiz trágico que, por desgracia, se devalúa en las traducciones.
El eje de todo es Tom: un esclavo excepcionalmente bondadoso y de fe inquebrantable. Su tragedia radica en ser tratado como mercancía, pasando por manos de dueños piadosos pero cómplices —como el señor St. Clare— hasta caer en las garras de Legree, la personificación de la miseria humana, la violencia y el sadismo.
Pero Tom no está solo. La novela se cruza con las historias de mujeres humilladas, deshumanizadas y despojadas de sus hijos como si fuesen cabezas de ganado. Es ahí donde retumba la demoledora frase de la pequeña Topsy: “Y aunque fuera buena, ¿dejaría de ser negra? Si pudiera quitarme la piel y volverme blanca, lo intentaría”.
Ilustración histórica de una edición norteamericana de La cabaña del tío Tom. La niña afroamericana Topsy aparece arrodillada en el suelo recitando su lección, mientras su ama blanca la mira de frente y la recrimina apuntándola con el dedo índice en señal de reproche.
Grabado clásico de una edición estadounidense que ilustra la tensa relación entre la pequeña Topsy y su ama durante la lección.
¿Por qué leerla hoy?
La cabaña del tío Tom no es un simple clásico empolvado. Es un artefacto histórico imprescindible para entender cómo la literatura puede moldear la opinión pública mundial y derribar industrias enteras. Se puede leer como una historia sencilla y de fácil acceso, repleta de diálogos ágiles, pero es imposible terminarla sin que te deje una grieta en la conciencia. Pienses como pienses, Stowe te arrastra a su terreno.


El volcán silencioso: Emily Dickinson y la inmensidad de lo invisible

Hace apenas unos días hice una entrada a propósito de la “Poesía rescatada”, aquella poesía que se encuentra en el olvido y aquellos autores que no se recuerdan. Pero hoy, por el contrario, dedico este espacio a una poesía que estuvo completamente oculta hasta la muerte de su autora. Voy a hablar de Emily Elizabeth Dickinson.
Fotografía antigua de época en blanco y negro de la poeta Emily Dickinson a los treinta años. Aparece sentada de frente, vistiendo un traje oscuro con cuello de encaje claro, con un codo apoyado sobre una superficie y sosteniendo un pequeño ramo de flores entre sus manos mientras mira fijamente a la cámara.
 Retrato histórico de Emily Dickinson hacia 1859, donde se aprecia la mirada serena y la firme actitud de una mujer madura y decidida.

En mi flor me he escondido...
En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho me llevases,
sin sospecharlo tú también allí estuviera...
Y sabrán lo demás sólo los ángeles.
En mi flor me he escondido
para que, al deslizarme de tu vaso,
tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado

Portada del libro El viento comenzó a mecer la hierba de Emily Dickinson editado por Nórdica Libros, con una ilustración artística que destaca por sus tonos suaves y trazos poéticos que evocan el movimiento de la naturaleza y la hierba mecidapor el viento.
Portada del libro El viento comenzó a mecer la hierba, la antología ilustrada de Emily Dickinson publicada por Nórdica Libros.


Nacida en Amherst (Massachusetts) el 10 de diciembre de 1830,fue una poetisa estadounidense cuya obra apasionada la ha colocado en el reducido grupo de poetas fundacionales de los Estados Unidos; hoy comparte gloria con Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman. Emily pasó gran parte de su vida recluida en su propia habitación, en la casa paterna en Amherst. Excepto por cinco de sus poemas —tres de ellos publicados sin su firma y otro sin su consentimiento—, su inmensa obra permaneció inédita y oculta hasta después de su fallecimiento.
Emily provenía de una destacada familia de Nueva Inglaterra. Sus antepasados habían llegado a Estados Unidos en la primera oleada migratoria puritana, y la estricta religión protestante que profesaban influyó mucho en la obra de la artista.
En mi jardín avanza un pájaro...
En mi jardín avanza un pájaro
sobre una rueda con rayos —
de música persistente
como un molino vagabundo —
jamás se demora
sobre la rosa madura —
prueba sin posarse
elogia al partir,
cuando probó todos los sabores —
su cabriolé mágico
va a remolinear en lontananzas —
entonces me acerco a mi perro,
y los dos nos preguntamos
si nuestra visión fue real —
o si habríamos soñado el jardín
y esas curiosidades —
Fue su hermana menor, Lavinia, quien descubrió las obras de Emily tras la muerte de esta, convirtiéndose en la primera investigadora y editora de su poesía. Emily nació en tiempos anteriores a la Guerra de Secesión, cuando fuertes corrientes ideológicas y políticas chocaban en la sociedad de clase media-alta estadounidense. En aquella época, incluso los hogares más acomodados carecían de algo tan esencial para nosotros en la actualidad como el agua caliente y los baños dentro de la casa. Las tareas hogareñas representaban una carga enorme para las mujeres de entonces; aunque, por su buena posición económica, la familia Dickinson disponía de una sirvienta irlandesa. Emily se preocupó sobre todo por obtener una buena educación, lo que suponía un caso raro en la sociedad rural de su época.
Portada del libro Cartas poéticas e íntimas de Emily Dickinson editado por Grijalbo. Muestra el diseño clásico y elegante de la colección El espejo de tinta, con tipografía sobria sobre una cubierta de tapa blanda con solapas característica de los años noventa.
Portada de la joya descatalogada Cartas poéticas e íntimas (1859-1886), publicada por Grijalbo en su recordada colección El espejo de tinta en 1996.
La severa religiosidad puritana se hacía presente en todas partes y, prácticamente, la única expresión artística aceptada era la música del coro de la iglesia. La iglesia protestante de 1830 consideraba las novelas como “literatura disipada”; los juegos de naipes y la danza no estaban permitidos; no había conciertos de música ni teatro. La Pascua y la Navidad no se celebraron hasta 1864, tras el establecimiento de la primera Iglesia Episcopal que introdujo estas costumbres, y no se toleraban otras reuniones de mujeres solas que el cotidiano té entre vecinas.
Para Emily, su hermana Lavinia fue su compañera y amiga hasta el fin de su vida. Las pocas confidencias íntimas que se conocen de la poeta provienen de ella. Lavinia fue una mujer brillante e inteligente que sentía una profunda adoración por su hermana y por su talento para los versos. Sin embargo, respetó hasta la muerte de Emily su decisión de mantener ocultas todas sus obras y protegió su vida privada hasta donde le fue dado hacerlo, creando y manteniendo el ambiente de calma, aislamiento y soledad que Emily necesitaba para dar forma a su gran producción. La fe de Lavinia en la importancia de la obra de su hermana la ha protegido para la posteridad, haciendo posible su primera publicación póstuma. Ella fue la responsable de hacer comprender al mundo que la poetisa más memorable de los Estados Unidos había vivido y muerto en el anonimato.
No era la Muerte, pues yo estaba de pie...
No era la Muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
Agitaban sus badajos a mediodía.
No había helada, pues en mi piel
Sentí sirocos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.
Y, sin embargo, se parecían a todas
Las figuras que yo había visto
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío.
Como si mi vida fuera recortada
Y calzada en un marco
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche
Cuando todo lo que late se detiene
Y el espacio mira a su alrededor
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.
Pero todo como el caos,
Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación.
Escultura de Bronce en homenaje a Emily Dickinson por la escultora, Jane DeDecker, Universidad de Converse, Carolina del Sur, Estados Unidos

La vida privada de la escritora ha permanecido siempre velada al público, pero solo hace falta echar una mirada a sus poemas para descubrir en ellos una conexión, un entusiasmo y una energía extraordinarios. La mayor parte de su obra se ocupa de su amor hacia un hombre cuyo nombre jamás es mencionado y con quien no podía casarse.
Su vida emocional ha sido y sigue siendo objeto de habladurías que se espera que, con el paso de los años, sean reveladas por los investigadores y estudiosos. Aunque, en palabras de la propia autora: “Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para molestar a nadie”. Las teorías (populares o académicas) pueden dividirse en dos grupos: el amor con un joven a quien el padre de la escritora le prohibió seguir viendo, o la relación con un pastor protestante casado que huyó a una ciudad distante a fin de no sucumbir a la tentación. Ambas hipótesis, aún sin poder comprobarse, tienen un pequeño trasfondo de verdad histórica.
En los últimos quince años de su vida, nadie en Amherst volvió a verla, excepto algún paseante ocasional que vislumbrara su figura vestida de blanco paseando por el jardín de los Dickinson en los atardeceres de verano. A veces se escondía en el vano de la escalera de la casa de su padre, entre las sombras, y sorprendía a los asistentes a una cena o reunión (no me extrañaría que las numerosas leyendas que hay en Estados Unidos sobre la "dama de blanco" tuviesen su origen en la actitud de Emily). Pasó los últimos años de su vida sin salir de su habitación, postrada por el mal de Bright, la misma nefritis que acabó con Mozart. A principios de 1886 escribió su última carta: “Me llaman”.
La sortija
En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.
Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.

Cartel Ilustrado Representativo The Emily Dickinson Museun, por Ksenia Topaz, Amitherts Massachusetts.

Emily Dickinson pasó de la inconsciencia a la muerte el 15 de mayo de 1886. Como dije antes, poco después de su fallecimiento, su hermana Lavinia descubrió ocultos en su habitación 40 volúmenes encuadernados a mano que contenían la parte sustancial de su obra: más de 800 poemas nunca publicados ni vistos por nadie. El resto de su producción la constituyen las poesías que insertaba en sus cartas, la mayoría de las cuales pertenecen a los descendientes de sus destinatarios y no se hallan a disposición del público.
"Si tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía".
— Emily Dickinson
                          

Once Upon a Time…"Atrapados en Storybrooke: Una premisa brillante que se desgastó con el tiempo"

                          Había una vez… cuantas veces en nuestra vida hemos leído esas palabras al comenzar un cuento. Los cuentos han...