sábado, 5 de septiembre de 2026

Detrás de los 56 rizos de oro: la verdadera historia de Shirley Temple


Shirley Temple, la pequeña actriz de los rizos de oro, siempre será recordada como la gran estrella infantil del cine de los años 30. Su fallecimiento a los 85 años nos dejó el recuerdo de una vida intensa donde la fama prematura, dos matrimonios, tres hijos y más de cuarenta películas marcaron su balance personal, antes de dedicarse con éxito a la diplomacia de los Estados Unidos.
Fotografía a color de época de la actriz infantil Shirley Temple celebrando su cumpleaños en mil novecientos treinta y ocho, capturada por el fotógrafo Harry Warnecke; la pequeña aparece sonriente detrás de un gran pastel decorado con velas encendidas, levantando las manos con un gesto alegre mientras luce sus característicos rizos y un vestido de encaje con cuello grande.
Esta famosa fotografía de la actriz infantil Shirley Temple con su pastel de cumpleaños fue tomada por el fotógrafo estadounidense Harry Warnecke (junto a su colaborador Lee Elkins) en el año 1938

La mítica actriz comenzó su carrera con apenas tres años. Su madre, Gertrude Krieger, la moldeó como si fuese una muñequita, al más puro estilo de la entonces novia de América, Mary Pickford. Para ello, le realizaba cada noche la misma cantidad de bucles en el pelo, un total de 56, aplicando una mezcla especial a su cabello para conseguir así ese rubio de ensueño. Gertrude, una costurera y bailarina retirada, decidió inculcar a la menor de sus tres hijos la pasión por la danza y la interpretación. Le prohibía a Shirley, con tan solo cuatro años, sumergirse en una piscina; solo podía chapotear luciendo dos gorros de baño. Además, la tenía que sobreproteger de los cazadores de souvenirs, quienes querían a toda costa un bucle de la pequeña como recuerdo. 
Con todo ello, no es casualidad que en gran parte de su vida adulta luciese el cabello corto. Aunque siempre dijo que esto nunca fue traumático para ella, yo ahí tengo mis dudas. En 1988 se hizo público el primer volumen de su autobiografía, Child Star. Allí reveló, entre muchas otras cosas, cómo sufrió una gran decepción en su niñez cuando, a los cinco años, su madre la llevó a un centro comercial a conocer a Papá Noel y este le pidió un autógrafo. Fue otra niña que dejó de creer demasiado pronto en Santa Claus.

Fotografía en blanco y negro de la actriz infantil Shirley Temple en mil novecientos treinta y cinco, capturada por el fotógrafo Frank Powolny; en este retrato de primer plano, la pequeña sonríe con dulzura a la cámara mostrando sus icónicos cincuenta y seis rizos y viste un clásico vestido oscuro con un lazo claro en el pecho.
Fotografía en blanco y negro de la actriz infantil Shirley Temple en mil novecientos treinta y cinco, capturada por el fotógrafo Frank Powolny;

En aquella época, la pequeña ya era famosa por actuar en películas como Pobre niña rica (1936), La pequeña princesa (1939), Heidi (1937), que es una de mis favoritas, o La mascota del regimiento (1937). Ganaba más dinero que cualquier otro actor o actriz de Hollywood y, con nueve años, la rodeaba el lujo más absoluto; tenía poder. Es increíble que una niña mimada por padres y abuelos ayudase con su imagen a curar las heridas de un mundo que vivía una terrible recesión económica. Incluso el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, sucumbió a sus encantos y le agradeció haber dado a América un motivo para sonreír frente a la Gran Depresión.
La pequeña Temple, hija de un empleado bancario, antes de entrar en la escuela primaria ya había recibido un Óscar Juvenil en agradecimiento a su extraordinario aporte al entretenimiento cinematográfico en 1934. Trabajó para la Fox desde 1933 hasta 1940, siendo la estrella que más ganancias les proporcionó, y se convirtió en la actriz más taquillera durante cuatro años consecutivos. Aunque Gertrude se estaba ganando mala fama debido a los rumores de que explotaba a la pequeña y por su forma de negociar los contratos —por ejemplo, dejó a la niña fuera de la famosa serie de cortos La Pandilla porque exigía para ella un tratamiento y salario de estrella que seguro se merecía—, Shirley daba siempre ejemplo de profesionalidad, llegando a ganarse los elogios del público que la adoraba y de los compañeros que trabajaron con ella.
Fotografía en blanco y negro de la actriz infantil Shirley Temple en mil novecientos treinta y cinco, capturada por el fotógrafo Otto Dyar; en este retrato de estudio, la pequeña aparece con una expresión pensativa, apoyando suavemente su carita sobre su bracito doblado mientras mira de reojo hacia un lado, luciendo sus característicos bucles y un vestido con detalles bordados.
El autor detrás de este célebre retrato de estudio es el reconocido fotógrafo de Hollywood Otto Dyar_1935

Las canciones de sus películas pasaban a ser grandes éxitos de inmediato. Sacaron a la venta muñecas a su imagen y semejanza que seguramente ahora valdrán unos cientos de miles de dólares para los coleccionistas de juguetes vintage. Una línea de ropa llevaba su nombre y su estilo; todas las madres de América y parte del mundo querían tener una hija como Shirley Temple, mientras la pequeña tan solo quería ser una niña normal.
Temple ya era una mujer adulta cuando yo nací, pero en mi infancia vi infinidad de reposiciones de sus películas. Siempre con esa sonrisa, sus rizos perfectos, su vestido impoluto y sus ágiles pies, llamaba la atención de todo el mundo. Cantaba, bailaba y reconciliaba en la pantalla a unos y otros: negros y blancos, indios y vaqueros, ricos y pobres. Pero, como les ha pasado a muchos niños prodigio, inevitablemente Shirley creció. El cine intentó conservarla en papeles de adolescente, como ocurrió con otros artistas como Mickey Rooney o Elizabeth Taylor, pero no funcionó. Nunca sabremos cómo hubiera sido su carrera como actriz adulta.
Fotografía en blanco y negro de una escena de la película Rebecca, la de la granja del sol, de mil novecientos treinta y ocho, producida por los estudios Twentieth Century Fox; la actriz infantil Shirley Temple aparece al frente cantando alegremente ante un micrófono clásico de radio, con los brazos alzados como si estuviera dirigiendo una banda, mostrando una gran sonrisa con sus característicos hoyuelos, el cabello recogido en dos coletas laterales y vistiendo un vestido oscuro estampado con pequeñas flores blancas.
 escena de la película Rebecca, la de la granja del sol,1838
Su primer matrimonio fue con el actor John Agar a los 17 años de edad, lo que la alejó de los estudios para dedicarse a sus tareas como esposa. A los 22 años hubo algún intento de reinsertarse como mujer joven en el cine, pero no tuvo éxito, y en 1948 decidió divorciarse. Se volvió a casar dos años después, esta vez con el empresario Charles A. Black, quien fue su pareja el resto de su vida. En su nuevo papel como ama de casa y madre, la actriz se consagró a nuevas tareas y actividades sociales que le abrieron paso en la política. En 1969 fue proclamada por el presidente Richard Nixon delegada de las Naciones Unidas. En 1974 estuvo al frente de la embajada estadounidense en Ghana, donde se mantuvo dos años, y luego se convertiría en la primera mujer proclamada jefa de protocolo de los Estados Unidos. Entre 1989 y 1992 fue embajadora en Checoslovaquia, siendo nombrada la primera funcionaria honoraria del servicio extranjero en la historia del país.
Fundó una federación internacional para combatir la esclerosis múltiple y apareció en la edición número 70 de los premios Óscar de la Academia de Hollywood. La niña modelo que conquistó el mundo siempre dijo tener una vida feliz y no lamentar nada de su carrera, tanto en la gran pantalla como en el escenario político. Fue quizás una de las niñas más famosas del mundo y, sin duda alguna, una de las más envidiadas y copiadas, pero todo aquello la transformó en un ser humano trabajador, fuerte y con una gran generosidad. Un ejemplo a seguir para todos y, en especial, para los pequeños artistas.


Fotografía en blanco y negro de la actriz infantil Shirley Temple posando con el icónico vestido corto de volantes claros y lunares oscuros de su famoso número musical Baby Take a Bow; la pequeña aparece sonriente con un pie adelantado y los brazos abiertos en un tierno gesto de saludo y despedida hacia el público.
Shirley Temple posando con el icónico vestido corto de volantes claros y lunares oscuros de su famoso número musical Baby Take a Bow;-1934

Cincuenta Sombras de…Gregorio (Cuestión de matices y de pelo)

A estas alturas, todas y algunos sabemos el éxito que ha tenido y sigue teniendo la trilogía Fifty Shades of Grey, o sea, Cincuenta Sombras de Grey. Dicen los que la han llegado a terminar, que son muchos, que se ha vendido la friolera de 31 millones de ejemplares. Vamos, que la tal E.L. James le ha hecho la competencia a J.K. Rowling en rapidez de ventas, dicho sea de paso. Desde luego, hay que ver con las británicas.
Retrato fotográfico del actor Jamie Dornan interpretando al personaje de Christian Grey en una escena de la película Cincuenta Sombras de Grey, vistiendo un traje elegante de color oscuro con camisa blanca y mirando de frente , hablando por teléfono y con expresión seria y misteriosa.
Jamie Dornan interpretando al personaje de Christian Grey
Esta novela, según dicen, y digo esto porque he sido incapaz de seguir leyendo ante tanto "guau", está narrada en gran medida en Seattle, ciudad romántica donde las haya, y si no acordaros de Tom Hanks y Meg Ryan en Algo para recordar. El argumento nos describe la relación entre una recién graduada de la universidad, Anastasia Steele, que bien podría ser familia de Remington Steele, y un joven magnate de negocios, Christian Grey, que seguro es pariente de Dorian, aquel que tenía un cuadro precioso en el desván. El caso es que esta historia destaca por sus escenas explícitamente eróticas con elementos de las prácticas sexuales que involucran bondage, disciplina, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo. Lo que viene a ser un completo, vamos.

Comprenderéis que una tauro y dragón cabezona como yo sola, esto de la disciplina, la dominación y tal como que no va conmigo, pero en fin, allá cada cual con sus deseos y actos. Y lo siento si hiero sensibilidades, pero siempre me ha parecido una memez que una mujer ande suspirando por un hombre, aunque se trate de alguien tan atraca-tivo como el tal Mr. Grey.
Pero mira por donde, con motivo de mi cumpleaños, entre unos cuantos libros y otras cosas que me regalaron, me llamó la atención uno finito, de esos que se leen en un cuarto de hora si me apuras. Cincuenta Sombras de Gregorio se titula, de una autora hasta ahora seguramente desconocida, Rossella Calabró. Menos mal que esta no es británica, porque también se está forrando con el invento de las sombras.
Fotografía del libro Cincuenta sombras de Gregorio de la autora Rossella Calabró, en cuya portada destaca el detalle de una corbata rosa de tela sencilla, con una banda en la esquina que indica que se trata de la cuarta edición.
Cincuenta sombras de Gregorio de la autora Rossella Calabró

Esta historia es la antítesis del Grey anterior. Gregorio no es apuesto, ni rico, ni misterioso, no tiene un lado oscuro como Luke Skywalker, no toca el piano ni regala coches. Vamos, que es un Grey de andar por casa, lo que viene a ser un Gregorio.
Gregorio es el hombre que duerme a tu lado, el que ronca en la cama, se pasea por casa con una camiseta vieja y unos calcetines llenos de tomates. Es ese ser con el que compartimos la vida y que, en cambio, es un negado total para detectar nuestras preocupaciones o para satisfacer nuestros deseos más íntimos. Gregorio es nuestro compañero, marido o amante, el alegre hombre corriente plagado de defectos con el que nos encontramos día a día. Imperfecto hasta decir basta, pero tiene algo que nunca tendrá Grey: nos hace reír.
La narración es sencilla y directa. El libro, como he dicho antes, se lee en un ratito y tiene partes que te hacen sonreír, e incluso otras tan hilarantes y surrealistas que te tienes que carcajear. Es un libro divertido que supongo no tiene mayor pretensión que la de entretener. Para concretar, un escrito que compara una de las trilogías más vendidas y conocidas de la literatura actual de forma burlesca y un tanto disparatada, pero que nos hace pasar un rato muy ameno durante su lectura.
Grey es un hombre irresistible. Ojos: grises como el cielo antes de una tormenta hormonal. Manos: grandes y fuertes. Pelo: abundante. ¿Y Gregorio? Ojos: dos. Manos: también. Pelos: cuatro.
El macho humano medio, aquí denominado Gregorio, difiere considerablemente del espécimen de ensueño definido en la literatura como Mr. Grey. Es una cuestión de matices, es verdad: ambos pertenecen a la especie Homo sapiens. Pero cincuenta matices o, mejor dicho, cincuenta sombras no son una insignificancia.
Mr. Grey involucra a su amada en situaciones extremas, saturadas de peligro y de golpes de efecto que ponen los pelos de punta. Gregorio también: a las reuniones de la comunidad de vecinos va siempre Lola.

Retrato en blanco y negro de la escritora y guionista italiana Rossella Calabrò, autora del libro Cincuenta sombras de Gregorio, quien aparece sonriendo con la mirada hacia la cámara
Rossella Calabrò, autora del libro Cincuenta sombras de Gregorio,


viernes, 4 de septiembre de 2026

Constance Mayer: La pintora que la historia convirtió en fantasma

 Hola, un día más aquí estoy para contaros otra de esas historias fantásticas, desconocidas por muchos y que pasan desapercibidas por la vida, hasta que una de repente se «tropieza» con ellas y se pregunta: ¿por qué esta historia no es más conocida? Mi respuesta siempre es la misma: «en un mundo de hombres, las mujeres tenemos que hacer mucho ruido para que se nos tome en cuenta»… Constance Mayer fue una de esas mujeres.

Dibujo de retrato en tonos sepia y tiza de la pintora neoclásica Constance Mayer en 1804, realizado por Pierre-Paul Prud'hon. Se muestra el rostro sonriente y el busto de una mujer joven con el cabello recogido, transmitiendo serenidad y felicidad.
La viva imagen de la felicidad antes de la tormenta: Retrato de Constance Mayer en 1804, dibujado por el propio Prud'hon. Es imposible no conmoverse ante la inmensa belleza y paz que irradiaba en los mejores años de su vida.

Constance nació en 1775 en Francia. Fue una pintora de retratos, temas alegóricos, miniaturas y obras de género; tuvo una carrera brillante, aunque muy amarga, y también un amor verdadero pero que acabó en tragedia… pero su historia no la escribió ningún Shakespeare.
La pequeña Constance era hija de un exitoso funcionario del gobierno francés. Ella pintaba escenas de género y retratos desde una edad temprana. A los 20 años empezó a adoptar un estilo de pinceladas más suaves y a realizar escenas sentimentales, pues había tenido unos buenos instructores: Joseph-Benoît Suvée y Jean-Baptiste Greuze.
Después de la Revolución Francesa, la sociedad se instaló en un estilo de vida más tranquilo en el que las pinturas en miniatura y los retratos se hicieron muy populares. Constance pintó retratos de mujeres y niños, escenas familiares, autorretratos y miniaturas de su padre, logrando así cierto grado de éxito.
Pintura al óleo titulada Muse (Musa), realizada por la pintora francesa Constance Mayer hacia el año 1800. Se observa a una mujer joven de perfil con cabello castaño y una corona de laurel. Viste una túnica blanca semitransparente cruzada por una delgada banda dorada y lleva un manto verde oliva sobre los hombros sujeto con un broche circular dorado.
El talento propio antes de la sombra: Muse (hacia 1800), una joya neoclásica de Constance Mayer previa a su tormentoso encuentro con Prud'hon. En la delicadeza de esa túnica blanca y el vibrante manto verde se hace evidente que Constance no necesitaba que nadie le prestase ideas. 
 
Sensible al punto de vista de las mujeres artistas, Constance presentó su trabajo como estudiante de sus maestros antes nombrados para que fuesen más aceptables para el público. También trabajó en el estudio de Jacques-Louis David en 1801, y adoptó un estilo directo y simple bajo su tutela, pero aún representaba escenas sentimentales.
A partir de 1802, conoció a Pierre-Paul Prud'hon y comenzaron una tortuosa relación. En muchos sentidos, funcionaban más como compañeros que como amantes; ambos habían expuesto en el Salón y, a diferencia de Prud'hon, ella había recibido una mejor educación en arte.
Prud'hon fue elegido para pintar un retrato a la emperatriz Josefina, esposa del emperador Napoleón. Entonces, la esposa del pintor, en un ataque de celos, afirmó que este estaba teniendo una aventura con la emperatriz. La esposa de Prud'hon fue detenida en un asilo (un psiquiátrico donde pasó el resto de su vida, y milagro que no le cortasen la cabeza por decir tamaña temeridad). Entonces Prud'hon recibió la custodia de sus cinco hijos.
Dibujo neoclásico al carboncillo y tiza blanca sobre papel tintado de Pierre-Paul Prud'hon, creado hacia 1805. Es un boceto preliminar para el retrato de la emperatriz francesa Josefina Bonaparte, mostrando los trazos suaves de su rostro y su cabello rizado recogido.
 Dibujo preliminar al carboncillo y tiza blanca de la emperatriz Josefina, realizado por Prud'hon en 1805. Este es el refinado trabajo de nuestro «maestro noviete» que desató los destructivos celos de su esposa y que, de paso, le aseguró alojamiento gratis en la Sorbona... con Constance como su eterna asistente en la sombra.

Tiempo después, el artista se «separó» de su esposa y el emperador le dio un apartamento en la Sorbona. Napoleón, que también le había comprado varias obras a Constance, le dio otro apartamento allí. De esta manera, ella desempeñó un papel como asistente de Prud'hon, crió a los cinco hijos de este y se convirtió en «su alumna» favorita.
Desde 1804, las obras de Constance y Prud'hon tuvieron un gran reconocimiento, siendo los artistas elegidos por Napoleón; frecuentaban la corte imperial y recibían numerosos encargos.
Pintura neoclásica al óleo titulada El sueño de Venus y Cupido (Vénus et l'Amour endormis), pintada por Constance Mayer en 1806. Se observa a la diosa Venus y al dios Cupido durmiendo desnudos sobre sábanas en medio de un bosque umbrío, con un estilo de pinceladas suaves y claroscuro neoclásico
El sueño de Venus y Cupido (1806). La obra cumbre de Constance Mayer que la Wallace Collection prefiere atribuir a las ideas de Prud'hon. Por más dibujos preparatorios que compartieran, la soberbia ejecución de esta atmósfera onírica lleva el inconfundible sello y la sensibilidad de Constance, le pese a quien le pese.
En mayo de 1821, la esposa de Prud'hon murió. Desde su lecho de muerte, hizo prometer a su marido que jamás volvería a casarse y el artista, acaso obligado por una fidelidad mortuoria o por piedad hacia la tranquilidad de la moribunda en el más allá, accedió al juramento.
Este hecho provocó una crisis en la vida de Constance. Él, además, se negó a reconocer su ayuda después de los muchos años que ella le había dedicado como asistente, alumna, ama de llaves y amante… Entonces ella, cogiendo la navaja de afeitar del artista, se la pasó por la garganta (a ella, no al artista, lo que hubiese sido más acertado bajo mi punto de vista). Dicen que él se quedó un poco «tocado», muriendo dos años después, en 1823. Vivieron juntos, trabajaron juntos y están enterrados en la misma tumba del cementerio del Père-Lachaise.
Pintura neoclásica al óleo titulada El amor seduce a la inocencia, el placer la arrastra y el arrepentimiento la sigue, obra original de Constance Mayer de 1812. Se muestra una escena alegórica con tres figuras en un entorno natural oscuro que escenifican la seducción, el placer y el remordimiento.
El amor seduce a la inocencia, el placer la arrastra y el arrepentimiento la sigue (1812). Esta es la obra que provocó los ladridos del «crítico del Cromañón». Aunque las casas de arte se empeñen hoy en etiquetarla con condescendencia como del «círculo o seguidor de Prud'hon» (sí, claro, ¡y nosotras nos lo creemos!), esta potente alegoría dramática es, con todas las letras, de Constance Mayer.

Como a menudo ha pasado, y aunque nos parezca mentira aún pasa, con las mujeres artistas que se asociaron con otros artistas masculinos más conocidos, se afirma que ella no produjo todo el trabajo que se le atribuye. Debido a su larga y estrecha relación con Prud'hon, todavía no se sabe exactamente qué obras pintó uno o el otro.
Todavía a día de hoy se alienta la sospecha y se difunde la infamia. La obra The Sleep of Venus and Cupid (El sueño de Venus y Cupido), pintada por Constance Mayer en 1806—que es además una de las más conocidas—, pertenece a la Wallace Collection inglesa. Ellos anotan desde su web que «la idea inicial del cuadro» es de Prud'hon, y que este dejó la ejecución a su alumna y querida, la cual se limitó a imitar deliberadamente el estilo de su amante. Vamos, unos graciosos estos entendidos en pintura; esto nos da la seguridad de que los prejuicios no han cambiado absolutamente nada en doscientos años.
En 1812, cuando Constance Mayer presentó en público su cuadro L'amour séduit l'innocence, le plaisir l'entraîne, le repentir suit (El amor seduce a la inocencia, el placer la arrastra, el arrepentimiento la sigue), un crítico escribió: «una mujer debe limitar sus actos a pintar unas flores o a dibujar sobre el lienzo los rasgos de sus queridos padres. Ir más lejos es mostrar una naturaleza rebelde, es violar las leyes de la decencia». ¡Toma ya la frasecita del señor crítico del Cromañón!
Como os he dicho antes, los pormenores de esta singular pareja de artistas merecen al menos una ópera de calado dramático (qué frase más absurda, porque todas las óperas son dramáticas, pero queda bien).
Tras la muerte de Prud'hon, sus hijos (ingratos) borraron las huellas de Constance Mayer, que no tenía herederos (había dedicado su juventud a cuidar a esta panda de egoístas). Lo hicieron literalmente: suprimieron la firma de la mujer de los cuadros y los colocaron en el mercado atribuyéndoselos a su padre. La similitud de estilos—la pareja trabajó siempre en hermandad y en ocasiones el uno terminaba el cuadro que había comenzado el otro—y la segregación femenina hicieron el resto. Constance Mayer se convirtió en un fantasma.
Por eso su historia merece ser leída y recordada, sus cuadros admirados y, sobre todo, merece la consideración de todas las mujeres que luchamos día a día, de una manera o de otra, para que nuestros logros sean incluidos en la historia.
Composición visual que muestra dos retratos al carboncillo y tiza. A la izquierda, el autorretrato del pintor francés Pierre-Paul Prud'hon con expresión intensa y el cabello revuelto. A la derecha, el retrato de la pintora Constance Mayer en 1804, sonriente y con el cabello recogido.
A la izquierda, Prud'hon posando con su habitual cara de «chulito»; a la derecha, Constance Mayer, irradiando la felicidad de los primeros años. Trabajaron codo con codo en el mismo estudio, pero la historia decidió recordar el ego de uno y borrar la firma de la otra.

Doce refugios de papel: versos que celebran nuestra pasión por los libros

Hay una magia muy especial en el hecho de leer, pero cuando son los propios poetas los que escriben sobre el amor a los libros, la experiencia se vuelve única. Para los que venimos a casa cargados de tesoros cada vez que pisamos un rastrillo, un libro nunca es solo papel y tinta: es un viaje, un consuelo y un amigo silencioso.
No hace falta que sea una fecha especial en el calendario para rendirles homenaje. Hoy quiero compartir con vosotros una recopilación muy personal: doce poemas y fragmentos preciosos donde la gran literatura canta a nuestra mayor pasión. Son versos tan hermosos y necesarios que merecen ser leídos y disfrutados en cualquier momento. ¡Preparad un café y disfrutad de este viaje!


Fotografía de David Galindo que muestra una estantería blanca de pared. Los libros y revistas de los estantes están colocados ingeniosamente de forma inclinada hacia los lados, creando mediante líneas geométricas la silueta visual de un árbol de Navidad.
 El arte de organizar lecturas: estantería geométrica en forma de árbol de Navidad, por David Galindo.


Jesús Pascual, comienza una bella poesía con palabras, que a todos los lectores nos suenan.

 “A ti, hermoso libro… de mis noches compañero…


A ti, hermoso libro
de mis noches compañero,
y de muchos un amigo,
a ti, que abres deseos
para un mundo escondido
que entre tus páginas, como un sueño,
nace con el ritmo
de quien nuevos senderos
abre con su ilusión y cariño.
A ti, que siembras en los niños
semillas de esperanza
para abrir nuevos caminos
que todas las fronteras traspasan
y llevan a buen destino
todo lo que tus páginas cantan.
A ti, libro sencillo
que abres tu ventana
a los ojos de quien siente muy vivo
todo lo que tus hojas plasman:
tesoros escondidos,
amores y desamores eternos,
estrellas y planetas perdidos,
personajes y sueños
que nos tienen en vilo.
No lo dudes, hazte compañero
de tu amigo el libro.


Obra de arte digital y fotomanipulación surrealista de la artista Melissa Nucera. La composición entrelaza de forma fantástica elementos de la naturaleza con figuras humanas en una atmósfera mística y evocadora.
 La magia del surrealismo: arte digital y fotomanipulación de Melissa Nucera, donde la naturaleza y el ser humano se funden en pura poesía visual.


El gran escritor Miguel de Unamuno, nos trasmite algunas preguntas, que nos hacemos los lectores… 

“Leer, leer, leer, vivir la vida que otros soñaron…

Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, el alma olvidada
las cosas que pasaron.
Leer, leer, leer, ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

Pintura al óleo titulada "El Libro de los Títulos" del artista José Parra. La obra muestra su característico estilo visual, combinando minuciosas técnicas clásicas y barrocas con un imaginario fantástico, onírico y de ambiente surrealista.
El Libro de los Títulos, un óleo sobre tela de José Parra que funde el realismo clásico con un asombroso universo de ensueño. 


Maritza Valle Tejeda, nos habla de ese amigo fiel que siempre está junto a nosotros. 

“Amigo fiel que me acompañas cuando hay frío o calor…

Amigo fiel que me acompañas
cuando hay frio o calor,
amigo sabio que me enseñas
de la vida lo mejor.

Contigo descubro el mundo
entre paginas de amor,
de lo simple a lo profundo
de la alegría al dolor.

Amar a mi patria me enseñas,
también como hacer un avión,
me cuentas historias pequeñas
¡Es tuyo mi corazón!

Tu eres libro mi amigo
y yo de ti disfrutare,
quédate siempre conmigo
que yo también te amare

Ilustración titulada "Luna" (1997) del ilustrador alemán Quint Buchholz. La obra muestra su característico estilo de realismo mágico, donde un libro abierto cobra vida en una escena nocturna impregnada de calma y elementos poéticos.
Luna (1997), una de las ilustraciones más icónicas del artista alemán Quint Buchholz. El realismo mágico hecho papel.


Jorge Luís Borges, con “poemas de los dones”

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche.

Ilustración surrealista del artista turco Gürbüz Doğan Ekşioğlu. La imagen muestra una metáfora visual donde los libros abiertos se transforman en alas o aves, simbolizando cómo la lectura otorga libertad para volar y expandir la imaginación.
 Volar a través de las páginas: la célebre ilustración surrealista de Gürbüz Doğan Ekşioğlu que celebra la libertad que nos da la lectura.

Rubén Darío con “Libro extraño”.

Libros extraños que halagáis a la mente
en un lenguaje inaudito y tan raro,
y de que lo más puro y lo más caro
hacéis brotar la misteriosa fuente.

Pintura de estilo realismo mágico del ilustrador alemán Quint Buchholz titulada Das Buch im Buch o Libro abierto. La obra muestra un libro abierto sobre un fondo suave, formando parte de su célebre serie de pinturas dedicadas al mundo de la lectura y la literatura.
El libro en el libro, una bellísima obra de Quint Buchholz que nos recuerda que cada lectura es un mundo infinito escondido dentro de otro.


Juan Ramón Jiménez, pide un deseo, en

 “Quisiera que mi libro”


Quisiera que mi libro
fuese, como es el cielo por la noche,
todo verdad presente, sin historia.
Que, como él, se diera en cada instante,
todo, con todas sus estrellas; sin
que, niñez, juventud, vejez, quitaran
ni pusieran encanto a su hermosura inmensa.
¡Temblor, relumbre, música
presentes y totales!
¡Temblor, relumbre, música en la frente
-cielo del corazón- del libro puro!

Ilustración detallada de estilo clásico y surrealista por Jonathan Wolstenholme. Muestra una pila de libros antiguos donde dos ratones se esconden astutamente entre las páginas mientras un gato los acecha de cerca, tras haber derribado una taza de leche que empieza a derramarse.
Un poco de humor literario de la mano de Jonathan Wolstenholme: cuando los libros se convierten en el escondite perfecto.

Las Comedias', de Calderón de la Barca.

Discreto amigo es un libro:
¡qué a propósito habla
siempre en lo que quiero yo,
siempre en lo que yo no quiero…!

Cuadro al óleo titulado El bibliotecario de Giuseppe Arcimboldo pintado hacia 1566. El retrato de estilo manierista y satírico recrea la silueta de un hombre compuesta enteramente por libros apilados, marcapáginas, notas de papel y cortinas.
El retrato más literario de la historia: El bibliotecario de Giuseppe Arcimboldo, puro surrealismo en pleno siglo dieciséis.


Jardín de invierno', de Pablo Neruda.

Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.
Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.
Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.
Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.
Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.
La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.
Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis gerruinaciones.

Obra surrealista del artista polaco Jerzy Głuszek. En una atmósfera onírica y poética de tonos suaves, se muestra un gran libro cerrado con un candado metálico que descansa en solitario sobre una roca en mitad de un mar en calma.
La sutileza onírica de Jerzy Głuszek: un secreto literario guardado bajo llave en mitad de la inmensidad del océano.


Una de mis escritoras españolas favoritas, Gloria Fuertes, con algo de humor anima a pequeños lectores…

” Don libro está helado”

Estaba el señor don Libro
Sentadito en su sillón,
con un ojo pasaba la hoja
con el otro ve televisión.
Estaba el señor don Libro
Aburrido en su sillón,
Esperando a que viniera... (a leerle)
Algún pequeño lector.
Don Libro era un tío sabio,
que sabía de luna y de sol,
que sabía de tierras y mares,
de historias y aves,
de peces de todo color.
Estaba el señor don Libro,
tiritando de frío en su sillón,
vino un niño, lo cogió en sus manos
y el libro entró en calor.

Viñeta humorística y satírica de Cristóbal Reinoso sobre la era digital. Muestra una pila de libros clásicos como La Biblia, Moby Dick, Don Quijote, Utopía, La guerra y la paz y Cien años de soledad, los cuales observan con recelo, desconfianza y curiosidad a una computadora portátil abierta frente a ellos.
 Sátira digital de Cristóbal Reinoso: los grandes clásicos de la literatura universal mirándose cara a cara con las nuevas tecnologías


Por fuertes y fronteras', de Luis Alberto de Cuenca.

Qué sería de mí sin vosotros,
tiranos y, a la vez, embajadores,
de la imaginación,
verdugos del deseo
y, al mismo tiempo, mensajeros suyos,
libros llenos de cosas deplorables
y de cosas sublimes,
a los que odiar
o por los que morir.

la obra de estilo surrealista y onírico del pintor polaco Jerzy Głuszek. Ambas alternativas describen una escena romántica y misteriosa donde una mujer se baña en un mar contenido dentro de las páginas de un libro abierto en la arena.
pintor polaco Jerzy Głuszek


Herman Hesse, nos recuerda la filosofía de la vida con los libros…


Todos los libros del mundo
no te dan felicidad
pero te conducen en secreto
hacia ti mismo.
Allí encuentras todo lo que necesitas,
el sol, las estrellas y la luna
pues la luz que tú buscas
habita en ti mismo.
La sabiduría que buscaste
en las librerías
reluce en cada página…
Y ahora es tuya.

Ilustración del artista taiwanés Jimmy Liao perteneciente a su álbum El sonido de los colores publicado en 2001. La imagen plasma el viaje poético de una joven invidente en una estación de metro, recreando un entorno lleno de colores vivos y fantasía que representa su mundo interior
El viaje poético de Jimmy Liao: una preciosa ilustración de su obra El sonido de los colores que nos enseña a mirar el mundo a través de la imaginación.


Y por último, Gabriela Mistral y su poema del libro enamorado…

He aquí niña mía,
Que me han hecho tu amigo,
He aquí que cada día
Conversaras conmigo.

Ponme una ropa oscura,
La ropa de labor;
Trátame con dulzura,
Cual si fuese una flor.

No me eches manchas
Sobre la nieve del semblante;
No pienses que recobre
Su lámina brillante.

Gozarás cuando veas
Que hermoso me conservo,
Sufrirás, si me afeas,
Del daño de tu siervo.

Verás, cuando oigas
Locas historias infantiles,
Que charladoras bocas
Son mis hojas útiles.

Mi saber es liviano,
Mi saber no es profundo,
Niña, me das la mano
Y yo te muestro el mundo.

Yo te presento un hada
Yo te Charlo del Sol;
De la rosa encantada,
Prima del arrebol.

Mis hojitas nevadas
Piden solo un favor:
De tus manos rosadas;
Un poquito de amor.

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