lunes, 26 de octubre de 2026

Entre Abejas y Lienzos: la magia oculta del Patchwork

Estrenando los días mas cortos sin luz ,hoy vamos a dar una vuelta por el mundo del arte pictórico, de los clubes de abejas y del patchwork que tanto nos gusta.

Aquí en España, de toda la vida, las mujeres, sobre todo en verano, se sentaban a la hora de la siesta en la calle a bordar, repasar ropa, etc. Chismorreaban y escuchaban las radionovelas. Tengo recuerdos de infancia enredando en las latas de Cola-Cao que hacían la función de costureros, revolviendo entre los hilos, botones, cintas, encajes, el huevo de madera de zurcir los calcetines, las enormes agujas de coser los colchones… Mientras, el murmullo de las mujeres hablando de fulanita, que estaba otra vez “en cinta”, o del marido de menganita, al que habían “pillado” con la hija de zutano y se había liado la de San Quintín. A todo esto, si alguna intuía que estábamos escuchando, decía aquello de: “Callaos, que hay ropa tendida”. El eco de las radionovelas resonaba entre los patios y las callejas: Lucecita, Simplemente María, Ama Rosa… Hay que ver qué memoria tengo para algunas cosas y luego no me acuerdo ni de lo que desayuné esta mañana.

 Tardes de siesta, confidencias y radionovelas: la entrañable estampa de las labores a la fresca en la España de los años 70.

En fin, que me disperso. Aquí no había clubes de abejas como en Estados Unidos, ni recuerdo que nadie se juntase para hacer la colcha de novia de nadie; cada novia se solía hacer su propio ajuar. Un club de abejas (o quilting bee) no es ni más ni menos que más de una mujer haciendo una misma labor, principalmente una colcha, y si es de patchwork, mejor. En la mayoría de los casos, una sola persona o varias realizaban previamente el top, y luego dedicaban una jornada o dos a acolchar entre todas. Si se juntaban muchas, pues se terminaba enseguida; si lo hacían dos o incluso una sola, pues obviamente tardaban más. Muchísimos artistas han plasmado en sus obras esta maravillosa práctica, llegando hasta nuestros días extraordinarias muestras de este arte familiar.

Enoch Wood Perry con el cuadro The Two Sewers (A Quilting Party), de 1875, aquí hago un receso: no se os ocurra traducir The Two Sewers porque, literalmente, son “dos alcantarillas”, que algunas veces con el inglés me entra una risa que para qué. Bien, en este magnífico y maravilloso cuadro podemos apreciar a dos mujeres, una más joven y otra mayor, acolchando un top. Si le enseñamos la imagen a alguien jovencillo, rápidamente nos dirá que la chica de la imagen está hablando con un auricular o ajustándose unos audífonos; por el contrario, lo que la joven está haciendo es cortar el hilo con los dientes, por lo cual tiene el brazo alzado con el carrete de hilo en la mano mientras seguramente está sujetando el otro extremo con la otra mano. Es muy curioso esto de mirar cuadros en perspectiva. El personaje de más edad está concentrada en su trabajo, tal y como lo vendría haciendo a lo largo de gran parte de su vida. Esta pintura también es un poco “mágica”: ¿Qué sostiene el gran marco con la colcha? Parece que esté como levitando, ¿verdad?

¿Un teléfono móvil en 1876? La divertida ilusión óptica de Enoch Wood Perry Jr. en A Quilting Party, donde el carrete de hilo se confunde con la tecnología moderna.

 Cambiamos de cuadro pero no de autor: Enoch Wood Perry Jr. Girl Quilting, de 1885. Aquí los entendidos en la materia dicen que la parte superior de la colcha es históricamente precisa. Es decir, en la posguerra de Secesión americana ese dibujo se conocía, al igual que el marco que la sostiene. Pero ¿por qué la barra y el pasador están en diagonal, cuando lo más fácil y práctico es que descanse sobre la otra barra en línea recta? Otro enigma que descifrar.

Girl Quilting (1885): El misterio del bastidor en diagonal: una joven acolchando concentrada sobre un marco de madera que desafía la lógica de la gravedad en la obra de Enoch Wood Perry Jr.

Tercer cuadro, mismo autor. Se titula Patchwork Quilt (también conocido formalmente como Girl Quilting o Young Woman Quilting). Esta obra fue creada originalmente como pintura al óleo en el siglo XIX y posteriormente reproducida como un popular grabado. Representa a una mujer mayor acolchando; el cuadro lo dice todo por sí mismo. Sorprendentemente, la barra también está colocada en ángulo.

El enigma que se repite: el popular grabado de Enoch Wood Perry Jr. donde una mujer mayor acolcha con la barra colocada, otra vez, en un misterioso ángulo. 1885

Cambiamos de cuadro y de autor: Morgan Weistling es un autor contemporáneo (1964). Sus obras están llenas de nostalgia por la América rural del siglo XIX, pero como muchos artistas, se toma sus “licencias”. Por ejemplo, el dibujo de la colcha no se corresponde con la época que se pretende representar; es una de las cosas de las que los historiadores se dan cuenta. Yo lo sé porque lo he leído, no penséis ahora que soy una erudita en la historia de los quilts; me gustaría, pero no, soy una lectora de cosas raritas. Es una escena preciosa donde el único hombre que aparece está ajeno a toda la situación; supongo que los demás, si los hubiese, estarían haciendo algún granero o algo práctico hasta la hora de comer, o jugando a la herradura, vete tú a saber. El niño que juega por debajo de la colcha da un poco de repelús, la verdad. Otra colcha que parece que esté flotando porque solo aparece una vara apoyada en una silla un tanto desvencijada a la izquierda de la imagen.

Licencias artísticas y nostalgia rural: la preciosa pero enigmática escena de Morgan Weistling, con toda la familia revolucionada alrededor del bastidor.

Edgar Melville Ward (1839-1915), Quilting Party, 1892. En esta escena el artista realmente ha estado atento al modelo real: el dibujo se corresponde con la época, el caballete está apoyado sobre cuatro patas y la luz que ilumina la estancia es la propia para poder acatar esta labor.

 Rigor histórico con luz propia: Edgar Melville Ward sí que estuvo atento a la realidad con este caballete de cuatro patas firmes y una iluminación perfecta para no dejarse los ojos con la aguja.

Henry Mosler (1841-1915), Quilting Bee, 1890. Esta obra representa un evento del siglo XVIII. Hay alguna complejidad en la pintura; por ejemplo, a la izquierda, ¿es la silla la que sujeta el marco o es este el que realmente sujeta la silla? Por otra parte, a la derecha, la señora de cierta edad sentada en un sillón de brazos, donde parece que están sujetas las varas del marco, ¿podrá moverse? Es una postura bastante incómoda para estar un buen rato cose que te cose. Además, la luz tampoco parece que acompañe. Con todo y con eso, es un cuadro precioso.

El misterio de la física de Henry Mosler: un cuadro precioso donde las varas del bastidor y las sillas juegan al despiste con la gravedad y la comodidad de las costureras.

Este grabado en madera histórico se titula The Quilting Bee. Es una famosa ilustración estadounidense del siglo XIX en cabeceras de la época como Harper's Bazar o Harper's Weekly. Quilting 1864 Sanitary Fair, esta ilustración está catalogada como anónima. Representa una “feria sanitaria” o, lo que es lo mismo, unas damas que se juntan para elaborar un Quilt de caridad, bien para una rifa o para una persona necesitada. No tengo nada que decir, la escena en conjunto me parece una pasada. Aunque la señora del centro da el mismo repelús que el niño debajo de la colcha que vimos antes.

Solidaridad grabada a fuego: las maravillosas damas de 1864 uniendo sus manos en una feria sanitaria para tejer esperanza y caridad en tiempos difíciles.

La siguiente obra es de Pauline Jackson, una pintora contemporánea que representa una “Fiesta Quilting” alrededor de 1955 en una gran sala con chimenea. Aquí los hombres sí tienen su protagonismo, incluso hay uno enhebrando una aguja, otro joven al piano para amenizar la velada, niños revoloteando por todas partes y una colcha preciosa que no sabemos quién de las presentes será la afortunada en utilizarla. El marco reposa sobre soportes resistentes y las sillas están bien colocadas para que la labor se realice sin problemas.

La costura como fiesta colectiva: la maravillosa escena de Pauline Jackson donde la música, la familia y los hombres enhebrando agujas se unen alrededor del bastidor.

The Quilting Bee, de Anna Mary Robertson (1940), más conocida como Grandma Moses. Bueno, esta pintora, para mi gusto, aunque naíf, es un tanto infantil. Los espacios reales no los representa; la sala está demasiado llena, el marco de acolchado y la mesa del comedor parecen sostenerse de igual forma, y la mezcla de comida con la labor no me parece la adecuada, pero supongo que ahí radica el encanto de esta pintora.

 El caos entrañable del arte naíf: Grandma Moses junta la comida con los hilos en una mesa donde no cabe un alfiler, pero donde sobra encanto.

Por supuesto, cada artista se toma, como he dicho antes, su licencia artística, tanto pintores como escritores, escultores, etc. Tenemos el ejemplo de Faith Ringgold, pintora, escritora y activista americana. En este cuadro ha invitado, ni más ni menos, que a Vincent van Gogh y claro, tantas abejas obreras con tantos girasoles... al final la colcha parece una alfombra mágica, pero ahí se establece el vínculo: artista, cuadro y observador.

Cuando el Patchwork se vuelve magia: la maravillosa fantasía de Faith Ringgold llevando a Vincent van Gogh junto a las abejas obreras entre girasoles.

Bueno, y para terminar, un Double Wedding Ring de la mano, ni más ni menos, del refresco Coca-Cola. El artista que creó esta famosa ilustración publicitaria de 1950 fue el reconocido ilustrador estadounidense Andrew Loomis. Aquí la mejor postura del artista es centrarse en el edredón e ignorar la mecánica: no sabemos cómo está sujeto, pero sí sabemos lo precioso que es y que tiene “la chispa de la vida”…

La chispa de la vida entre puntadas: la icónica publicidad de Coca-Cola de 1950 ilustrada por Andrew Loomis con el clásico edredón Double Wedding Ring.


 




viernes, 23 de octubre de 2026

"Pinceles, hilos y rebelión: El arte de Mary Cassatt más allá de Degas"

Hola...hoy os voy a contar una de esas historias que a mí al menos me parecen interesantes, mujeres que tuvieron que abrirse camino en un mundo casi en exclusiva para hombres; algunas lamentablemente se quedaron por el camino, otras lograron tener éxito en vida, y a muchas ese éxito les vino después de haber fallecido, incluso pasados 200 años...


Muchacha en el jardín (también conocido como Mujer cosiendo en un jardín), c. 1880-1882. Mary Cassatt retrata la concentración femenina y las labores cotidianas a través de una paleta luminosa y pinceladas llenas de vida. Cortesía del Musée d'Orsay

Por ese afán de buscar siempre cosas sobre costura, bordado, patchwork, etc., di con unas imágenes de cuadros maravillosos. ¡Cuál no sería mi asombro al leer en un artículo que dichos cuadros habían estado por años dándole la autoría al también gran pintor Edgar Degas! Pero no eran obra suya, sino de Mary Stevenson Cassatt. Me pareció tan (voy a decir extravagante, por no decir lo que pienso de verdad) que enseguida me puse a indagar la vida de esta mujer y su extraordinaria obra.

Mary nació en Pensilvania el 22 de mayo de 1844, pero pasó gran parte de su vida adulta en Francia, donde se educó como pintora y grabadora, y donde forjó amistad con Edgar Degas. Junto con él se incorporó al movimiento impresionista. Este movimiento artístico, inicialmente definido para la pintura, se formó a partir del comentario despectivo de un crítico de arte, Louis Leroy, ante el cuadro “Impresión, sol naciente” de Claude Monet (y es que hay gente que al meter la pata, crea movimientos “impresionantes”). A este grupo se unieron Camille Pissarro, Edgar Degas, Pierre-Auguste Renoir, Paul Cézanne, Alfred Sisley y Berthe Morisot... vamos, de lo mejorcito.

Lydia ganchillando en el jardín de Marly, 1880. En esta obra, Mary Cassatt retrata a su hermana Lydia absorta en su labor de ganchillo, logrando capturar magistralmente el efecto de la luz brillante del sol sobre su sombrero blanco. Cortesía del Metropolitan Museum of Art_ The Met

Bien, volviendo con Mary, ella pintaba principalmente imágenes de la vida social del momento y también de la vida privada, de la que se ve de “puertas hacia adentro”, con especial énfasis en los lazos entre madres e hijos.

Mary ha sido descrita como una de las tres grandes damas del impresionismo, junto a Marie Bracquemond y Berthe Morisot, de las cuales ya hablaré en otro momento, que también las tengo en mente.

Como ya he dicho antes, nació en Allegheny City, Pensilvania (ahora Pittsburgh), en el seno de una familia de clase media alta. Su padre fue un exitoso agente de bolsa de ascendencia francesa. Por lo tanto, la pequeña Mary creció en un ambiente acomodado en el que se consideraban los viajes como parte integral de la educación; pasó cinco años en Europa y visitó importantes capitales como Londres, París y Berlín. Durante esas estancias aprendió alemán y francés, y tuvo sus primeras lecciones sobre arte y música.

La joven novia (The Young Bride), 1875. En este retrato de estilo realista previo a su etapa plenamente impresionista, Mary Cassatt inmortaliza a una joven concentrada en su labor de punto, desafiando las representaciones femeninas puramente decorativas de la época. Colección privada

Aunque su familia se oponía a que se convirtiese en una artista profesional, comenzó a estudiar pintura en la Pennsylvania Academy of the Fine Arts a los 15 años. Parte de la preocupación de sus progenitores surgía de la constante exposición a ideas feministas poco comunes en aquella época y al comportamiento bohemio de algunos de sus compañeros varones.

A pesar de que el 20% de los estudiantes eran mujeres (ahora nos parece poco, pero para la época eran bastantes), la mayoría aprendía como una habilidad social, como tocar el piano o declamar poemas; pero Mary quería convertirlo en su carrera.

Continuó sus estudios desde 1861 hasta 1865. Durante la Guerra Civil Americana, impaciente con la lentitud en el aprendizaje y con la actitud condescendiente de los hombres de la institución, decidió estudiar por su cuenta.


                                            
Françoise vestida de verde, cosiendo (Françoise in Green, Sewing), c. 1908-1909. Hacia el final de su carrera, Cassatt inmortalizó la inocencia infantil retratando a niñas absortas en tareas cotidianas de costura. Cortesía del Saint Louis Art Museum.

Antes de finalizar sus estudios abandonó la academia y, tras unas “peleitas” con su padre, se trasladó a París en 1866 con su madre y amigos de la familia en calidad de “acompañantes”.

Allí se encontró con que las mujeres aún no podían asistir a la École des Beaux-Arts (Escuela de Bellas Artes), entonces solicitó recibir clases particulares con maestros del centro. Completaba su formación artística con copias diarias en el Louvre, donde obtuvo el permiso requerido, pues era necesario controlar a los “copistas”, por lo general mujeres con salarios bajos que día a día llenaban el museo para pintar réplicas y venderlas (alguno tendrá cuadros que se crea que son originales, por la época y tal).

El museo también servía como lugar de encuentro social para parisinos y estudiantes extranjeros que, como Mary, no tenían permitido asistir a los cafés donde la vanguardia socializaba.

Madre joven cosiendo (Young Mother Sewing), 1900. En esta tierna escena doméstica, Mary Cassatt contrapone la quieta concentración de la madre que cose con la impaciencia natural de la niña que se apoya en su regazo. Cortesía del Metropolitan Museum of Art._ The Met

Hacia el final de 1866 se unió a una clase de pintura impartida por Charles Joshua Chaplin, artista de género. En 1868, estudió con Thomas Couture, cuyos temas eran, en su mayoría, románticos y urbanos. En los viajes al campo solían dibujar la vida cotidiana al aire libre, sobre todo a campesinos ocupados en sus actividades diarias. Ese mismo año, por primera vez, una de sus pinturas, A Mandoline Player, fue aceptada por el jurado de selección para el Salón de París.

La escena del arte francés se encontraba en un proceso de cambio. Artistas radicales como Manet trataban de romper con la tradición académica aceptada, y los impresionistas estaban en sus años de formación. Mary Cassatt, por el contrario, continuó trabajando de la manera tradicional, presentando obras al Salón durante más de diez años, pero aumentando su frustración.

Mujer cosiendo (Woman Sewing), c. 1913-1914. Una de las últimas y más maduras representaciones de la costura doméstica de Mary Cassatt, capturando la quietud y la concentración con una paleta cromática profunda. Colección privada.

Mary volvió a Altoona, Estados Unidos, a finales del verano de 1870, mientras la Guerra Franco-Prusiana comenzaba. Su padre continuaba resistiéndose a aceptar la vocación que había elegido y pagó por sus necesidades básicas, pero no sus materiales de arte. Logró colocar dos de sus pinturas en una galería en Nueva York, encontrando muchos admiradores, pero ningún comprador.

Desesperanzada, viajó a Chicago para probar suerte; sin embargo, perdió algunas de sus pinturas en el gran incendio de Chicago de 1871. Poco después, su trabajo atrajo la atención del arzobispo de Pittsburgh, quien le pidió dos copias de Correggio en Parma, Italia, proporcionándole dinero suficiente para viajar y cubrir gastos.

Pocos meses después de su regreso a Europa, en otoño de 1871, la situación de Cassatt cambió: su pintura Two Women Throwing Flowers During Carnival fue recibida y comprada en el Salón de 1872. En Parma atrajo la atención del público y fue apoyada y alentada por la comunidad artística.

Joven cosiendo en el jardín (Young Woman Sewing in the Garden), 1886. Pintada en el año de la última gran exposición impresionista, Cassatt integra aquí a la perfección el delicado trabajo de la aguja con la naturaleza texturizada del fondo. Cortesía del Art Institute of Chicago

Después de terminar su encargo en Italia, Mary viajó a Madrid y Sevilla, donde pintó algunas obras basadas en diferentes temáticas españolas, entre ellas, Spanish Dancer Wearing a Lace Mantilla, que ahora se puede admirar en el Smithsonian.

Bailarina española con mantilla de encaje (exhibida originalmente bajo el título de Ida), 1873. Pintada durante su inspiradora estancia en Sevilla, esta obra refleja la fascinación de Cassatt por el detalle y la textura del encaje tradicional. Cortesía del Smithsonian American Art Museum.

En 1874 tomó la decisión de establecer definitivamente su residencia en Francia. Siguió criticando la política del Salón y el estilo tradicional que en él prevalecía; ella advertía que las obras pintadas por mujeres eran tratadas, a menudo, con desprecio, a menos que la artista tuviera un “amigo” o “protector” en el jurado, y se negaba a coquetear con los miembros para ganarse su favor. Su cinismo creció cuando uno de los dos cuadros que presentó en 1875 fue rechazado por el jurado que, sin embargo, lo aceptó al año siguiente después de simplemente oscurecer el fondo.

En 1877, las dos pinturas que presentó al Salón fueron rechazadas y, por primera vez en siete años, no tenía obras expuestas en él. En este punto bajo de su carrera, Edgar Degas la invitó a mostrar sus obras a los impresionistas.

Estos fueron llamados también “los radicales”, no proponían un manifiesto formal y variaban considerablemente en el tema y la técnica. Preferían la pintura al aire libre y la aplicación de colores puros no mezclados en la paleta a base de pinceladas sueltas, lo que permitiría al ojo combinar los resultados de una manera “impresionista” o, como me parece a mí, “extraordinaria”. Llegaron a decir que eran tan radicales que estaban afectados por alguna enfermedad de los ojos hasta entonces desconocida. Cuando Cassatt se unió a ellos, ya contaban con un miembro femenino, Berthe Morisot, quien se convertiría en amiga y colega de Mary.

Degas tuvo una influencia considerable en Cassatt. Mary llegó a ser extremadamente competente en el uso de colores al pastel, realizando, con el tiempo, muchas de sus obras más importantes con este medio. Degas también la introdujo en el grabado, del que era un maestro reconocido. Durante un tiempo trabajaron juntos y su dibujo lineal ganó fuerza bajo su tutela. Degas la retrató en una serie de grabados durante sus visitas al Louvre.

Ella atesoraba su amistad, pero aprendió a no esperar demasiado de su naturaleza voluble y temperamental después de frustrarse un proyecto en el que estaban colaborando en ese momento: una revista dedicada al grabado, que fue abruptamente abandonada por Degas.

El estilo de Cassatt evolucionó y se fue alejando del impresionismo en busca de un enfoque más sencillo. Comenzó a exponer sus obras en galerías de Nueva York. Después de 1886, Mary dejó de identificarse con cualquier movimiento de arte y experimentó con una gran variedad de técnicas.

En 1893 pintó el mural “Mujer Moderna” en un extremo de la Galería de Honor del Edificio de la Mujer en la Exposición Mundial Colombina de Chicago. Lamentablemente, el mural se perdió con la demolición del edificio.

Bueno, como veréis, fue una mujer de mundo, polifacética y con un gran talento. Abrirse paso a través de un universo donde se ninguneaba cualquier acto que una mujer hiciese fuera de su estatus como dama, madre o hermana era considerado una aberración… Estas mujeres, junto con otras muchas, lucharon día a día: unas con pinceles y lienzos, otras con papel y pluma, y la mayoría con sus actos de cada día… Fueron y son una gran lección para futuras generaciones, dejándonos además unas joyas artísticas difíciles de superar.

Como muestra de su propia historia, para finalizar os dejo esta maravillosa fotografía de Mary Cassatt. En ella se la puede ver sentada al aire libre, reposando en una butaca de mimbre mientras se resguarda bajo un paraguas para el sol. Una instantánea íntima de la gran artista que, casualidades de la vida, contiene su firma manuscrita y la fecha de 1913 en el reverso. Mary falleció 13 años después de esa anotación. 


                  
Retrato fotográfico de Mary Cassatt descansando al aire con una sombrilla,firmado por la artista en 1913. Cortesía de The Frick Collection / Wikimedia Commons.




miércoles, 21 de octubre de 2026

"Naturalezas vivas: El éxito fotorrealista de Pauline y Dan Campanelli a través de las colchas de retazos"

Hoy, y siguiendo con el nuevo proyecto de escribir y reseñar artistas que en sus pinturas, dibujos o ilustraciones plasman la belleza de una labor, ya sea cosiendo retazos como el patchwork, o tejiendo hilo o lana, bordando o cualquiera de sus muchas variantes a lo largo de la historia con hilo y aguja.

Hoy quiero hablaros de unos artistas que estaban totalmente compenetrados en sus facetas como pintores, escritores, maestros, restauradores y un sinfín de proyectos que hicieron juntos. Se especializaron en "Naturalezas Muertas Fotorrealistas", y por eso rara vez se puede ver a una pareja de artistas mantenerse tan plenamente fieles a su visión original y, al mismo tiempo, alcanzar el extraordinario éxito popular de Pauline y Dan Campanelli. La mayor parte de sus obras —los paisajes a la acuarela de Dan y los bodegones al óleo de Pauline— son reproducidas por New York Graphic Publishing Group, la editorial más antigua y de mayor envergadura dedicada a las reproducciones de bellas artes.

Quilt For Sale, Preciosa casa de piedra con porche típico, en la cuerda dos Quilt, los cuales nos ofrecen unas extraordinarias Lon Star-Dan Campanelli

Cuando en 1969 se casaron, los dos se ganaron la vida dando clases de arte y vendiendo pinturas. En 1976, compraron una casa de campo de piedra en Nueva Jersey que estaba abandonada y no tenía ni electricidad. Como no pudieron conseguir financiación y apenas tenían ahorros, restauraron el edificio ellos mismos con herramientas manuales, clavando, pintando, serrando... Su trabajo y su hogar aparecieron en Colonial Homes en la edición de marzo / abril de 1981 y en Country Living Magazine en abril de 1985. Ese mismo año, la cadena New Jersey Network produjo un programa de PBS sobre su arte y su vida para la TV.

«Shoo Fly». Pauline Campanelli demuestra su maestría con el óleo en este bodegón fotorrealista. Una botella barriguda de cerámica y una cesta de mimbre con ovillos de retazos descansan sobre un espectacular quilt colorido, rescatando la belleza de los materiales de costura cotidianos.

Quizás sea porque los Campanelli —en todas las facetas de su vida cotidiana— se identifican plenamente con la estética estadounidense tradicional plasmada en sus cuadros, que logran transmitir y reafirmar con tanta maestría la belleza sencilla y luminosa de los temas que retratan. Durante casi un cuarto de siglo, desde su pequeña casa de piedra cerca de Finesville —a pocos kilómetros al sur de Phillipsburg y próximo al río Musconetcong—, Dan y Pauline crearon una obra que ha llegado a ser admirada tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Quilt For Sale II… Esta otra versión de Colchas en venta, repite el Quilt rojo de la estrella, pero el compañero es distinto, también la ubicación es diferente, pues se trata de una casita de piedra. Dan Campanelli

«Lone Star & Antiques». Esta célebre obra al óleo de Pauline Campanelli reúne todos sus grandes amores: el fotorrealismo, las antigüedades domésticas, y coronando el fondo, un imponente Quilt Lone Star.

Quilt For Sale III Dos hermosas colchas se balancean con la brisa en un tendedero de una casa de campo en esta impresión, en espera de una nueva y acogedora casa, una lone Star en tonos marrones destaca por su grandiosidad.
«Strawberry Time» (Tiempo de fresas). Pauline Campanelli combina la frescura de tres cestas de fresas con el fondo geométrico de un quilt rosado en patrón de triángulos Thousand Pyramids ,logrando un contraste rústico y encantador

   

Como bien decía la gran escritora Margaret Atwood: «Nuestras vidas son como los quilts: hechas de retazos, trozos, momentos de dolor y de alegría, todos unidos por el hilo del amor».

Yo he escogido personalmente seis de ellas, donde los Quilt de Patchwork son los protagonistas. Espero que las Disfruteis.


sábado, 17 de octubre de 2026

Arte con alma de E. Pcat

Revisando mis cuadernos de notas y rescatando proyectos que merecen volver a la luz con más fuerza que nunca, hoy decido dejar a un lado el ruido del mundo. Centrándonos en lo que verdaderamente nos cura el alma, viajamos a través del arte para conocer el maravilloso trabajo de una artista fascinante.

Os traigo los maravillosos diseños de E.Pcat. Su especialidad es ilustras escenas cotidianas de parejas, interacciones románticas llenas de calidez, retratos de personajes jóvenes y dinámicas de amistad. Utiliza una paleta de colores suaves y pasteles, prestando un cuidado extremo a la iluminación ambiental para evocar nostalgia, paz y emociones sutiles.

Flor de Granada -2014

Aunque se enfoca principalmente en obras originales, de romance y vida cotidiana, ocasionalmente dibuja personajes de videojuegos populares como Overwatch en formato tradicional o Chibi. Aunque por su estilo muchos confundan su estilo con el cómic coreano o manhwa hay que recalcar que E.Pcat es de origen chino.

Esta ilustradora tiene un encanto único; sus colores tenues y sus representaciones sobre la naturaleza y las habilidades comunes son nostálgicamente hermosos, ... yo, como siempre , he elegido mis favoritos.


Weekend-2017



Que os parece un fin de semana en la vida de cualquiera de nosotras, dedicándolo a lo que más amamos, coser, coser y coser... 

Daisy- 2017

Llegan tiempos de tejer bufandas, que ganas!!

Dahlov Ipcar: Del MoMA a las Esculturas Blandas de una Granja en Maine

Nacida en Windsor, Vermont, en 1917, Dahlov Ipcar creció en el Greenwich Village de Nueva York. Mostró su talento artístico a una edad muy temprana. Sus padres, William y Marguerite Zorach, ambos artistas famosos, no creían en la “instrucción de arte” tradicional. En consecuencia, Dahlov nunca se inscribió en escuelas o cursos de arte cuando era niña.

Sin embargo, los Zorach le proporcionaron un estímulo personal e inspiración constantes, lo que le permitió a la artista el desarrollo de un estilo propio y único. Sus padres la enviaron a algunas de las escuelas más progresistas de Manhattan, lo cual generó una atmósfera que nutrió su creatividad desde la cuna

Tigers and Horses-2000

La artista y su familia pasaron muchos veranos en la costa de Maine para escapar del calor y el bullicio de la ciudad de Nueva York. Estos viajes facilitaron un verdadero contacto con la naturaleza que dejaría una impresión duradera en Dahlov. De hecho, terminaría mudándose allí definitivamente a una granja, rodeada de esos paisajes atlánticos y esos faros maravillosos que a mí, personalmente, me tienen enamorada (y que tanto envidio desde este calor de mil demonios que sufrimos en La Sagra).

En 1939, Ipcar hizo historia al convertirse en la primera mujer en realizar una exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). La muestra, titulada Creative Growth: Childhood to Maturity (Crecimiento creativo: de la infancia a la madurez), exhibía obras que Ipcar había realizado entre los 3 y los 22 años. Fue la exposición inaugural de un espacio especial del MoMA denominado Young People’s Gallery (Galería para Jóvenes).!Imaginaros desde los tres años!

Ilustración del libro infantil The Calico Jungle 1965 escrito e ilustrado por Dahlov Ipcar que muestra a una madre cosiendo animales de tela en una colcha de patchwork junto a su hijo pequeño.

                                             

En el relativo aislamiento de su granja de Maine, descubrió un enfoque pictórico que denominó «cubismo no intelectual». Al pintar animales altamente estilizados —basándose en la memoria y la imaginación— sobre fondos de formas prismáticas, lograba un efecto que, a su juicio, era fiel a la realidad sin caer en un realismo servil.

Aunque Ipcar es conocida principalmente por sus pinturas al óleo, complejas y rebosantes de imaginación, también escribió e ilustró más de treinta libros infantiles, además de crear collages de tela, alfombras artesanales, tapices bordados y sus famosas esculturas blandas.

Dahlov no creaba simples peluches; ella diseñaba verdaderas obras de arte folk tridimensionales. Cortaba retales de telas estampadas de algodón (como el mítico calicó) y lanas de colores, los cosía a mano dándoles formas geométricas muy estudiadas (caballos, gatos, gacelas...) y utilizaba botones antiguos para los ojos o costuras vistas que decoraban con mimo el cuerpo del animal. Una prueba absoluta de que nuestras telas y costuras merecen estar, por derecho propio, en las salas de los mejores museos del mundo.


Persian Rug II-2004

Mirad qué juego visual tan impresionante. Estos dos gatos enlazados en tonos ocre, blanco y negro se funden con los complejos motivos geométricos de una alfombra persa de fondo. Un claro ejemplo de su estilo pictórico que, con tantas líneas y simetrías, nos recuerda de inmediato a los minuciosos gráficos de un tapiz de aguja o un intrincado bordado. ¡Una absoluta genialidad!

Escena Final de The Calico Jungle

La hora del descanso en una estampa que desborda ternura. Un niño duerme plácidamente arropado por una preciosa colcha de estrellas y cuadrados,(basada en una colcha que la misma autora hizo) custodiado en la alfombra por un perro grandullón  y con un gato negro vigilando a sus pies. ¿Y os habéis fijado en el barco velero del estante? Un precioso guiño marinero al estilo de vida en Maine.

Goleta con reflejo 1922- Willian Zorach 1887-1966

El talento venía de cuna. Para entender el universo de Dahlov, hay que mirar la obra de su padre, William Zorach. En esta soberbia acuarela marina, fijaos en el prodigio técnico: la quilla de la barca nos mira de frente y sus velas transparentes dejan entrever las casitas de la costa al fondo. Una joya que nos evoca de inmediato esos veranos familiares en el mar de Maine que tanto marcaron la infancia de nuestra artista.

Retrato de Marguerite Zorach  en el Granja Robinhood-1990

El broche de oro de la reseña de hoy un bellísimo y emotivo homenaje familiar. Dahlov Ipcar pintó al óleo en 1990 este Retrato de Marguerite Zorach en la granja Robinhood, recreando de memoria a su madre concentrada en sus inseparables costuras. 22 años después de que esta falleciese Al fondo, se aprecia uno de los monumentales tapices bordados a mano reales que Marguerite creó en 1944, donde retrató a la propia Dahlov con sus hijos. Una maravilla donde las pinceladas inmortalizan el amor por el arte textil.


viernes, 16 de octubre de 2026

Doris Morgan: El Arte Campestre que se Convirtió en Puntadas

Pues aquí estamos de nuevo (parezco Dios, hablando en tercera persona). En fin, que diréis: ¿y a esta personita qué le ha dado por publicar veinte posts todos los días, que no damos abasto a leerlos todos? Pues, como ya llevo explicando, tras una larga temporada de sequía bloguera no he podido recuperar mi preciado blog El Coser y el Contar. Por tanto, estoy "mudando", editando y también ampliando (anda que no "ando") a este espacio que también tenia y si he podido seguir publicando. 

Sé que desde entonces nos faltan muchas amigas, que otras se han cansado y hacen otras cosas, y que, en resumidas cuentas, esta que escribe es una "loca" a la que le da por escribir cada cosa que al final solo le interesa a ella (a mí). En resumidas cuentas, este post de recuperación y rescate va dedicado a Doris Whitten Morgan. Y no solo por su trayectoria con el pincel y las acuarelas, sino porque en los años 80 y 90 los cuadros de Doris Morgan eran tan increíblemente acogedores, hogareños y detallados que muchísimas marcas licenciaron sus diseños para convertirlos en kits y patrones de punto de cruz. Así que su arte estuvo metido en los costureros de miles de mujeres de todo el mundo; seguro que hasta tú, que me estás leyendo en estos momentos, hiciste alguno.

                                                                  
Precioso árbol en otoño. Sus pinceladas en acuarela capturan esa melancolía del cambio de estación, cuando las hojas caen y el cuerpo empieza a pedirnos manta, sofá y una buena labor entre las manos.

Doris nació en Atlanta, Georgia, en 1933, y nos dejó en 2021. Cuando yo puse el post en el blog anterior, aún estaba entre nosotros. He leído por lo poco que he encontrado en la red —sobre todo en español, que no hay nada— que hasta los 27 años no alcanzó, digamos, no la fama, sino el reconocimiento de su arte. Una persona que no se rindió; la verdad, un ejemplo a seguir. También ponía en su obituario (es que no encontraba nada y me he topado con él) que le gustaba mucho el tango. Ya ves, a mí también me gusta, pero me muevo menos que Arnold Schwarzenegger en Mentiras Arriesgadas. Lo que también tenemos en común son los Yorkshire; me encantan, y Theodora, Momo, Cleopatra y Minerva pueden dar fe de ello.

En fin, que me pierdo. Esta mujer extraordinaria realizó muchísimos cuadros maravillosos; 

Y aquí tenéis mi debilidad: ¡un faro con su pequeña casita al pie de la torre! Una estampa preciosa y solitaria donde el viento ruge con fuerza. Detrás de esos muros de piedra, uno se imagina perfectamente un rincón con la chimenea encendida, una mecedora y alguien tejiendo al calor del hogar para ganarle la batalla al invierno.

Una habitación de auténtico cuento. Fijaos en la delicadeza de esa cama con dosel, de donde cae una preciosa cascada de encajes que acaricia la ventana. Pero lo que realmente me tiene enamorada es el mimo con el que Doris pintó los bordados de rosas en la colcha y las almohadas, a juego con ese soberbio ramo de rosas rojas. 

Una mecedora, y un dulce descuido esta colorida colcha de patchwork se ha quedado olvidada por un momento, cosa que al lindo gato dorado de la casa le ha venido de perlas para acurrucarse a descansar.

Para terminar, mirad qué contraste tan espectacular. En esta grandiosa mecedora descansa una colcha en blanco y negro, trabajada con minuciosos cuadritos Nine Patch que envuelven un gran cuadro central. Y el toque maestro de color lo pone un  magnífico geranio rojo que parece cobrar vida propia.


Y hasta aquí nuestro romántico paseo por los reconfortantes interiores de Doris Morgan. Desde luego, entre las colchas de las camas de cuento, el minino dorado adueñándose de la mecedora y ese espectacular geranio rojo, a mí se me ha olvidado por un ratito el calor de mil demonios que hace fuera.

Es curioso cómo el destino une los hilos: quién me iba a decir a mí en 2011 que esta pintora de Atlanta y yo compartiríamos el amor por el patchwork y, sobre todo, la locura por los Yorkshires. Seguro que Theodora, Momo, Cleopatra y Minerva están de acuerdo en que Doris era un alma gemela de nuestro rincón.


Cara Kansala: Paisajes que bailan y Quilts al viento en el frío de Terranova

Estamos a 16 de octubre y sigo mudando El Coser y el Contar Eso sí, con un calor de mil demonios. Hablando de eso, uno de los lugares del planeta donde siempre hace un frío "que pela" es en Terranova, un lugar precioso que me gustaría visitar algún día. La artista de la que os voy a hablar en este post precisamente nació en el norte de Ontario, pero en la actualidad vive en Terranova (vamos, que está requeteacostumbrada a las bajas temperaturas); se trata de Cara Kansala.
 
El espectacular y vibrante mural de Cara Kansala en The Newfoundland Chocolate Company (Duckworth Street). Un rincón lleno de color donde dan ganas de quedarse a tejer... ¡y a comer chocolate!

Cara es una artista visual a tiempo completo, tal y como se define ella misma, y es conocida por sus pintorescas representaciones de conocidos lugares de interés de Terranova. Su hilo conductor son graciosas ovejas con suéter (pobres, con el frío que hace) y tendederos al viento.

Al examinar las ilustraciones y pinturas de Kansala, nos encontramos con detalles que nos resultan deliciosamente familiares a quienes amamos las agujas (y no me refiero a los acupuntores). Esas ovejitas y cabras con sus suéteres de colores son uno de los sellos de identidad de la autora. Su aclamado libro infantil The Ewe Who Knew Who Knit You (La oveja que sabía quién te tejió) es un viaje ilustrado a través del punto, el amor por la lana y las prendas hechas con mimo.

Otro elemento peculiar de la artista son los tendederos. En sus paisajes costeros de Terranova, los tendederos de ropa no son un accesorio; son los protagonistas. Sábanas, colchas de patchwork y prendas de abrigo flotan al viento uniendo las casas danzantes, como si hilos invisibles mantuviesen al pueblo unido frente al frío norteño.

Brisa marina, redes sobre las rocas y un pequeño barco danzando en el agua. En este paisaje de Cara Kansala no falta ningún detalle... ¡incluyendo un lindo gatito y un precioso quilt tendido al sol que nos roba el corazón a las amantes de las agujas!

Sus texturas parecen hechas de puntadas. El relieve y la aplicación del color en sus cielos nocturnos, sus lunas brillantes y los campos de flores recuerdan enormemente a los entramados del bordado o los tapices de lana.

La conexión de Cara con lo artesanal va más allá del lienzo. Durante años, a través de su proyecto Grumpy Goat Gallery, se dedicó a dar vida a piezas tridimensionales de madera talladas y pintadas a mano. Es ese mismo espíritu de "crear con las manos", de lijar, moldear y dar calor a la materia prima, el que se respira en cada una de sus ilustraciones actuales.

Cara Kansala nos demuestra que la pintura y el arte textil comparten el mismo corazón: la paciencia del artesano, el amor por el color y la necesidad de contar historias pincelada a pincelada o, como es el caso que nos ocupa, puntada a puntada.

El paisaje accidentado de Terranova cobra vida en esta fila de casas danzantes que parecen bailar al son del viento, contagiadas por el espíritu energético de su gente.

El viento arrecia y las barcas se mueven al compás de las olas en esta divertida escena. Mientras las gaviotas y los cuervos vuelan cerca de nuestro lindo gatito a rayas, en el tendedero cuelga una preciosa colcha Nine Patch junto a la ropa interior del abuelo... ¡que parece haber cobrado vida propia en el aire!

                            


Y así, con el mar en calma y el aroma a chimenea, nos despedimos hoy de los mágicos paisajes de Cara Kansala. A mí, desde luego, ver sus cuadros me ha dejado unas ganas locas de encerrarme con el aire acondicionado a combinar retales y coser corazones en mi próximo proyecto de patchwork.



Entre Abejas y Lienzos: la magia oculta del Patchwork

Estrenando los días mas cortos sin luz ,hoy vamos a dar una vuelta por el mundo del arte pictórico, de los clubes de abejas y del patchwork ...