Mostrando entradas con la etiqueta Gustavo Adolfo Bécquer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gustavo Adolfo Bécquer. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de agosto de 2026

El susurro de las Leyendas: Tras los pasos del Bécquer más solitario por las calles de Toledo

En un post anterior, escribí que el mes de febrero había sido un mes propicio para el nacimiento de grandes escritores, entre ellos Charles Dickens, Julio Verne… y también Gustavo Adolfo Bécquer. Su nombre verdadero fue Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, y nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836; el apellido Bécquer lo tomó de su padre, que a su vez lo había tomado de un antepasado.
"Dibujo artístico a mano alzada que muestra el perfil lateral del poeta Gustavo Adolfo Bécquer, con su característico pelo rizado, bigote y perilla, capturando su semblante serio y melancólico."
"El rostro de la melancolía romántica: un retazo del perfil de Bécquer nos guiará por nuestro viaje por las leyendas de Toledo."

Fue un poeta y narrador excepcional, perteneciente al movimiento llamado “del Romanticismo”. Sus más conocidos trabajos son sus Rimas y Leyendas, muchas de ellas escritas en la ciudad de Toledo, donde paseando por sus calles puedes aún, si pones un poco de tu parte, sentir el batir de espadas en duelo, el canto dulce de las novicias tras las rejas de algún convento, e incluso el eco de sus pisadas por las callejuelas de esta grandiosa ciudad.

“Hay en Toledo una calle estrecha, torcida y oscura, que guarda tan fielmente la huella de cien generaciones que en ella han habitado, que habla con tanta elocuencia a los ojos del artista, y revela tantos secretos puntos de afinidad entre las ideas y las costumbres de cada siglo con la forma y el carácter especial impreso en sus obras más insignificantes que yo cerraría sus entradas con barreras…”
— Tres fechas, Gustavo Adolfo Bécquer.
"Placa de mosaico de azulejos cerámicos instalada en una pared de Toledo, con una ilustración artística y la rotulación de la leyenda 'Tres fechas' de Gustavo Adolfo Bécquer."
"El azulejo de 'Tres fechas': el punto de partida donde las callejuelas de Toledo empiezan a contarnos sus secretos románticos."

Pero ¿Qué es lo que impulsó a este sevillano a acercarse a la vieja ciudad de Toledo, hasta el punto de quedarse totalmente prendado de ella? Pues el patrocinio por parte de su hermano Valeriano de una ambiciosa obra: recorrer todos y cada uno de los templos del país, uno por uno, y describirlos, así como relatar una a una todas las maravillas que los mismos encerraban, lo que era una tarea ardua y costosa. Cuando visita Toledo, queda tan prendado de su belleza que decide dedicar su primer (que luego fue su único) volumen de esta obra a la magna toledana: Historia de los Templos de España (centrado en los templos de Toledo). El dinero no dio para más y el proyecto se acabó en 1858.

Si realizas una ruta por Toledo, tradicionalmente comenzarán por la calle llamada de “la lechuga” o “Calle de los Bécquer” donde en el nº 9 de dicha calle, señalarán el inmueble donde supuestamente habitaron los hermanos, aunque los historiadores no se ponen de acuerdo en este dato. (Como en otros muchos).
Si se leen las leyendas y narraciones del autor sevillano, una de esas leyendas, El Cristo de la Calavera, está inspirada en la calle del mismo nombre donde una imagen del Crucificado se encontraba alumbrada noche y día por la luz de un triste candil. Podéis imaginar la escena en la oscuridad, donde el único resquicio de luz fuese esa trémula llama. Aún hoy día, si vas pasadas las doce, puedes escuchar el tañer de las campanas del Convento de San Clemente, donde dicen que una novicia de manos blancas fue la enamorada del autor, y la que le inspiró muchas de sus obras.
"Mosaico de azulejos cerámicos tradicionales en una fachada de piedra de Toledo, que ilustra una escena de la leyenda 'El Cristo de la Calavera' de Bécquer junto a su título."
 "El mosaico de 'El Cristo de la Calavera', la esquina toledana donde el duelo y el misterio se cruzaron por el amor de una mujer."
Bécquer fue un hombre solitario y tuvo diversos fracasos amorosos, incluso su mujer le fue infiel. Fruto de estos desengaños en el amor nace la temática de sus leyendas, tratando todas las variantes de la actitud que una mujer puede tener para con un hombre y llegando, casi siempre, a la conclusión de que esta es, ha sido y será la perdición del género humano (caramba con Bécquer, con lo romántico que nos parece).
Así por ejemplo, en El beso (mi favorita) trata el tema del amor platónico con una mujer imposible, simbolizada en una estatua sepulcral. En La corza de oro y La Virgen del Sagrario vemos cómo la belleza o lo sagrado se mezclan con la locura; y en La ajorca de oro, la patrona de Toledo es objeto de la codicia y la tentación diabólica para una mujer. En El Cristo de la Calavera se interpreta cómo dos hombres, íntimos amigos, se enamoran de una misma mujer lo que les lleva al enfrentamiento y con un sorprendente final.
"Placa cerámica de azulejos tradicionales en un muro antiguo de Toledo, que representa de forma artística la leyenda 'El beso' de Gustavo Adolfo Bécquer."
  • "El mosaico de 'El beso': mi leyenda favorita de Bécquer, donde el amor platónico y las estatuas sepulcrales cobran vida en el Toledo nocturno."
  • Si seguimos con el libro de Bécquer en la mano, nos servirá de guía para seguir nuestra ruta; llegaremos a la Plaza de Santo Domingo el Real. Aquí concretamente, en un rincón bajo la espadaña del Convento, se recostaba el autor contra la pared y dejaba pasar las horas y los días, esperando que la serenidad del lugar fuera rota por alguno de los paseantes que, de tarde en tarde, se acercaban por el lugar. Nos lo cuenta de la siguiente manera:
    "Absorto en las ideas que de improviso me habían asaltado al contemplar aquéllos silenciosos restos de otras edades, más poéticas que el siglo material en que vivimos y nos ahogamos en pura prosa, dejé caer de mis manos el lápiz y abandoné el dibujo, recostándome en la pared que tenía a mis espaldas y entregándome por completo a los sueños de la imaginación."
    — Tres flechas, Gustavo Adolfo Bécquer.
    Bécquer sigue recorriendo las calles, melancólico. Quizás forme parte de esta melancolía la muerte de su madre (aunque esta ocurrió cuando él era un niño en Sevilla) o las constantes epidemias de cólera y enfermedades de la época. Sea como fuere, se cuenta que un día, paseando por la plaza, escuchó el sonido triste de un órgano acompañado del canto no menos melancólico de un coro de monjas; miró al interior de la iglesia y allí se decidió a entrar: se celebraba la ceremonia de toma de hábito de una novicia.
    Quedó tan prendado —la música, el repicar de las campanas, la mirada dulce de la novicia—, cuentan que nada más terminar la ceremonia salió presuroso del templo y, sentado en los escalones del atrio, sacó lápiz y papel y compuso la que sería su rima número LXXIV:
    “Me aproximé a los hierros que defienden la entrada / y de las dobles rejas en el fondo la vi confusa y blanca. / Me sentí de un ardiente deseo llena el alma; / como atrae un abismo, aquel misterio hacia sí me arrastraba (…) ¡el umbral de esta puerta / solo Dios lo traspasa!”
    Para Bécquer, Sevilla y Toledo son las ciudades más sublimes de la humanidad, que contienen en su ser la esencia misma de todo lo que las generaciones pasadas nos han legado. Gustavo Adolfo Bécquer vio por última vez Toledo en diciembre de 1870. Pocos días después, el 22 de diciembre, murió en Madrid víctima de la tuberculosis, dejándonos el eterno legado de su prosa y de su poesía.

    jueves, 20 de agosto de 2026

    Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer

     Nota de edición: Edito esta reseña que publiqué el 30 de octubre de 2011, rescatando parte de la entrada original y ampliando la información en agosto de 2026.


    A menudo y sobre todo llegando la noche de Samhain o Halloween , la gente compra libros góticos de escritores americanos en su mayoría, Poe, Irving, que son en cierto modo cómo los padres de lo oscuro y lo siniestro en Estados Unidos, pero aquí en España, esa que se pone y copia todo lo que viene de fuera, no se acuerda que tenemos unas historias góticas, que te quitan el aliento, que si alguna vez a Hollywood les da por emprender su dirección al séptimo arte, ríete tu del Cuervo de Poe y  del jinete sin cabeza de Irving.
    Gustavo Adolfo Bécquer, ese poeta romántico y lánguido, también escribió una serie de " leyendas" de estilo gótico, que ponen los pelos de punta al más valiente.

    Gustavo Adolfo Bécquer, La Leyenda de las Ánimas, publicada el 7 de noviembre de 1861 en el periódico El Contemporáneo.
    Ambientada en la Edad Media, siglos  XIII o XIV, Soria.

    “La noche de los difuntos me despertó a no sé que hora el doble de las campanas.  Su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria. (…) Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo, cuando sentía crujidos cristales de mi balcón, estremecidos por el frío de la noche. Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas ”

    Así comienza esta historia que nos narra leyenda, amor y tragedia.

    La Leyenda, es el monte de las ánimas donde descansan los cuerpos de numerosos guerreros caídos en campaña y enterrados en una capilla en el mismo monte, las noche de difuntos, dice la leyenda que los guerreros cruzan el Velo y pueden llegar a matar a la gente que se cruce en su camino.

    El Amor, Dos primos Alonso y Beatriz están de cacería y acercándose la noche, al volver Alonso le cuenta a Beatriz la Leyenda, tras lo cual le hace el regalo de una joya pues está enamorado de ella, Beatriz que es aún algo joven y solo le gusta jugar con los sentimientos de su primo, le dice que ella también tiene un regalo para él, una cinta azul pero que a perdido en la cacería junto a la capilla en el monte, con esto le reta a que haga oídos sordos a la macabra historia y vaya a buscar la cinta, lo que él al verse acorralado ante la sonrisa de su prima, acepta el desafío y parte hacía el monte.
    La Tragedia, esa noche Beatriz es incapaz de dormir, los ruidos, las voces, gruñidos y alaridos desgarradores, no le dejan pegar ojo, por la mañana sus criadas le avisan de la desgracia, a su primo Alonso le han matado los lobos en el monte, y ella descubre horrorizada, el pañuelo azul en su mesilla, rasgado y con restos sangrientos.

    Del papel a la televisión sin pasar por el celuloide:
    Es una pena como he dicho que ningún director de cine, se haya decido por estas leyendas, no obstante está si que ha sido llevada a Tv.

    1970_ Dentro de la Serie Mitos y Leyendas de TVE con el director aurgitano Miguel Picazo, con Charo López como la caprichosa Beatriz, y Ramiro Oliveros , como el desdichado Alonso.
    Esta serie la he visto varias veces entre mi niñez, mi adolescencias y ya de adulta, con las numerosas reposiciones que tenía ( o sigue teniendo que no lo sé) TVE , Charo López está soberbia en el papel, esos grandes ojos desorbitados cuando descubre el pañuelo azul ensangrentado son un tremendo homenaje al a autor de la leyenda pues ese terror, es lo que en definitiva es el que los humanos sentimos al ver que nuestras acciones tienen fatales consecuencias, y en eso Bécquer era un experto en la psicología humana.

    1999_ Dentro de la Serie Los Libros de TVE fue emitido a través de la  2 de TVE, un capitulo documental dramatizado que combinaba el análisis de la obra de Gustavo Adolfo Bécquer con representaciones de la leyenda gótica.

    1972_ en este año se realizó un largometraje, que casi era cómo el monte de las Ánimas, digo casi porque el mismo director confesó que creó su famosa mitología de Los Caballeros Templarios Zombis/ Esqueletos combinando la estética de la película La noche de muertos vivientes de 1968 con el trasfondo histórico y la leyenda de los templarios que regresan de la tumba en El Monte de las Ánimas de Bécquer.
    El director de este especie de pastiche que fue uno de los llamados " Directores del Fantaterror" fue el Gallego Amando de Ossorio y la película se tituló " La noche del terror Ciego.

    "...las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan... y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos"

    Gustavo Adolfo Bécquer , El Beso publicada  27 de julio de 1863  en el periódico La América
    Ambientada en 1808 Toledo.

    Cuando el ejército francés se apoderó de Toledo el 13 de diciembre de 1808 durante la Guerra de la Independencia unos 20.000 hombres al mando del mariscal Víctor, duque de Bellune, cometieron saqueos y actos de violencia contra edificios religiosos durante los primeros días. y dentro de ese marco histórico, la "Leyenda del Beso" nos cuenta cómo un Capitán de aquellos que llegaron a Toledo fue alojado en una Iglesia, pues todo estaba ya ocupado, el Alcázar, la Casa de Consejos, incluso conventos de religiosas , transformaron en cuadras todo lo consagrado al culto, iglesias y capillas, este joven capitán de dragones, cuando entró en la iglesia que le ofrecieron para pasar la noche, "completamente desmantelada, inmediatamente se fijó en las sombras que se destacaban confusamente entre la oscuridad, semejantes á blancos é inmóviles fantasmas, las estatuas de piedra que , unas tendidas, otras de hinojos sobre el mármol de sus tumbas, parecían ser los únicos habitantes del ruinoso edificio."

    El caso es que el Capitán de Dragones, se pasa la noche en vela, observando la escultura de una bella mujer, que por momentos le parece que se convierte en una persona real, obsesionado con esa idea, se la cuenta a unos compañeros al día siguiente, y estos en chanza y alborozo, se ofrecen a pasar la siguiente noche en la consabida iglesia, declarando que "Con los bagajes he traído hasta un par de docenas de botellas de Champagne, verdadero Champagne" y allí se presentaron, bebieron, vociferaron, y el Capitán siguió obsesionado con la bella mujer de la estatua, descubre por la inscripción que pertenece a un Noble de Castilla, que está junto a ella y su amada de piedra se llamaba Elvira de Castañeda.
    La noche prosigue, el alcohol se acaba y el Capitán ebrio y celoso, increpa al Señor de Castilla y le tira una copa de Champagne a la cara, al tanto se vuelve a besar a la estatua de Elvira, en ese momento los oficiales, mudos de asombro no se atreven ni siquiera a dar socorro a su amigo . " En el momento en que su camarada intentó acercar sus labios ardientes á los de doña Elvira, habían visto al inmóvil guerrero levantarla mano y derribarle con una espantosa bofetada de su guantelete de piedra."

    Pensáis que se tenía merecido este final ? pues yo creo que si, para empezar la soberbia de los franceses al invadir un país y despreciar su cultura, expoliando y quemando todo lo que les vino en gana, por otro lado su falta de respeto al profanar un lugar sagrado y usarlo de taberna y por último su obsesión egoísta y machista al querer poseer algo que no le pertenece ni tiene permiso para ello, la belleza de Doña Elvira, , rompiendo toda lógica y moral, sobre todo para la época, a quien se le ocurre ir besando estatuas.

    Lamentablemente para las personas que no les gusta leer, no hay versiones ni en celuloide ni en TV de esta magnifica historia, unos relatos en Radio y unos cortos en Cine... es una pena, se haría una película increíble con esta idea.


    Gustavo Adolfo Bécquer. El Cristo de la Calavera. publicada en julio de 1872 en el periódico El Contemporáneo. 
     Ambientada en Toledo, Edad Media entre los siglos XIII y XIV

    Esta leyenda, lo cierto es que el miedo lo tienes cuando te la cuentan en el mismo callejón del Cristo de la Calavera que existe actualmente en Toledo, por lo demás tiene algo que parece sobrenatural, pero yo creo que es psicológico algo de las mentes de los dos protagonistas, en su interior no estaban de acuerdo con lo que estaban a punto de hacer.

    La  leyenda nos cuenta que dos amigos tan íntimos como hermanos, Alonso de Castillejo y Lope de Sandoval,  van a una fiesta antes de irse con el rey a combatir  con los moros, en esa fiesta conocen a Doña Inés de Tordesillas una coqueta incorregible, que coquetea con todo el que se le cruza, y de quien los dos amigos, quedan prendados y enamorados.
    Como hombres de honor  deciden aparcar sus diferencias hasta que acabe la fiesta, y entonces batirse en duelo de espadas, buscando un lugar tranquilo donde nadie les moleste.
    A si, tras terminar la fiesta, los dos, comenzaron a callejear por las calles de Toledo buscando el lugar idóneo para coserse a espadazos. "Prosiguieron, pues, cruzando al azar plazas desiertas, pasadizos sombríos, callejones estrechos y tenebrosos, hasta que, por último, vieron brillar a lo lejos una luz, una luz pequeña y moribunda, en torno a la cual la niebla formaba un cerco de claridad fantástica y dudosa."
    Estaban en el callejón Del Cristo de la Calavera, a si que echaron sus capotes al suelo, se pusieron en posición de ataque, pero en cuanto las espadas se tocaron la luz desapareció, quedándose a oscuras absolutamente, las espadas se separan y la mortecina luz vuelve, se ponen otra vez, y se quedan a oscuras, así unas cuantas veces, de pronto una voz sobrehumana les habla, no sabemos que les dice, (pero yo creo que les canta las cuarenta por se tan tontainas e irresponsables.) 
    Entonces los dos amigos se abrazan, se piden perdón y como ambos dos están enamorados de Doña Inés, deciden que ella sea la que elija, y el otro, acatará el deseo, y se irá a guerrear con los moros, así lo deciden y así lo hacen, acercándose al palacio donde su amada vivía.
    Entre la mortecina luz de un farol, ven con estupor cómo una figura baja por una enredadera desde un balcón , donde otra figura que se aprecia femenina con una camisa de dormir, le despide con un beso... Los dos amigos comprueban  con estupor que la imagen femenina, no es otra que Doña Inés despidiéndose de su amante en la madrugada, aún oscura.
    Ambos amigos se miran y se ponen a reír con intensas carcajadas que resonaron por todo el contorno haciendo que Inés se asustase y cerrase la ventana de golpe.
    Al día siguiente con gran pompa y boato se despide el rey con sus caballeros y guerreros para luchar contra los moros, entre ellos nuestros dos amigos, Doña Inés está presente junto a la Reina, y las miradas de los tres se cruzan ella sabe, que ellos lo saben.

    El paso del papel al celuloide de momento es muy corto.
    2023_ El Cristo de la Calavera, el director Chus Lara adaptó en un cortometraje de terror fantástico y gótico este relato , en el cual plasma el duelo nocturno entre los caballeros Alonso de Carrillo y Lope de Sandoval por el amor de Doña Inés frente a la misteriosa luz del farol. Tuvo recorrido por festivales de género como el Screamfest. 

    Lo podéis ver en su canal de Yutube, dura 14 minutos. La verdad que para mi gusto, no le ha pillado el punto al relato.

    De entrada la producción traslada el clímax a un descampado a campo abierto. Bécquer, maestro de la claustrofobia urbana, situó deliberadamente el duelo de Alonso y Lope en el cobertizo de la calle del Cristo de Toledo: un callejón estrecho y asfixiante con solo dos aberturas. Al sacarlo a la naturaleza, se destruye la acústica del terror. Se pierde ese eco metálico y ensordecedor de las espadas rebotando contra los muros de piedra, que magnifica la tensión, y se anula el juego de sombras que la tétrica luz de un farol moribundo proyecta en una ratonera de piedra. 

    Por otra parte, la adaptación flaquea gravemente en la psicología de sus personajes al retratar a Doña Inés de Tordesillas como una damisela desesperada y sufriente por el duelo.  El narrador es la propia Inés  que da la sensación de que está tan enamorada de uno de los combatientes o de los dos, que se pasa la velada vagando por el castillo y emborrachándose, incluso le llega a poner un anillo a una mano polvorienta y ensangrentada. Quien recuerde el relato original sabe que Bécquer la dotó de una deliciosa y cínica frivolidad. Inés no sufría; se lo estaba pasando bien jugando con su amante del momento mientras los dos caballeros arriesgaban la vida por su orgullo. Al dulcificarla, el cortometraje cae en el cliché aburrido de la víctima desvalida, arrebatándole a la leyenda su brillante moraleja y su final satírico.
     Este contraste nos demuestra que el verdadero terror becqueriano no se captura con coreografías de espada efectistas o con la oscuridad física de la pantalla. El terror de Bécquer está en el alma, en la prosa poética que se lee con el pulso acelerado y, sobre todo, en la mirada. Da lástima que la televisión y el cine actuales no se atrevan con superproducciones a la altura de sus 28 leyendas oficiales, pero para entender lo que significa de verdad adaptar a este genio, hay que volver la vista atrás. 

    Esa inolvidable mirada de espanto en los ojos de Charo López al despertar y descubrir la banda azul ensangrentada. Eso era captar a Bécquer. Eso era entender que el miedo nace del silencio, de la profanación de lo sagrado y de la culpa.

    El arte que abriga el alma: La pintura con fe de Faby Artiste

    Hoy os traigo a una artista francesa: “Faby” . Nacida en 1975, posee una cualidad insólita en el panorama actual: es la pintora de su propia...