lunes, 18 de octubre de 2010

Sin regalos la Navidad no será lo mismo...

Nota de archivo: Rescato hoy esta entrada escrita hace años en el blog para rendir homenaje a los clásicos que me formaron como lectora y como mujer. Releer hoy estas líneas me recuerda que los buenos libros, como las grandes amigas del Rastro, nunca pierden su esencia.
Mujercitas película de 1949

«—Navidad no será Navidad sin ningún regalo —se lamentó Jo, apoyada en el alféizar».
Así comienza uno de los libros que influyó en mi juventud y al que sigo apreciando y releyendo siempre que tengo ocasión.
Como he escrito antes, la educación nacional-católica que muchos de nosotros recibimos influía bastante en nuestras lecturas y en nuestros gustos por la literatura. No obstante, con la edad me fui desmarcando de esas imposiciones, cobrando el gusto por mis propias elecciones. Aunque en aquella época, y siendo mujer, solo estaban bien vistas las llamadas «lecturas para niñas»: Mujercitas, Heidi, Sissí Emperatriz, etcétera. La Editorial Bruguera y sus Clásicos Juveniles me envolvieron en una gran aventura que, sin lugar a dudas, fue el primer peldaño para aprender a apreciar obras de gran valía.
Siempre tuve la plena convicción de que esas novelas «para niñas» no eran tales, y de que existía un gran trascendentalismo dentro de ellas. La lucha de cuatro hermanas con aptitudes y sueños totalmente diferentes que se recrea en Mujercitas nada tiene que ver con el «romanticismo» en el que está siempre catalogada. Es la historia de una familia venida a menos por sus convicciones en plena Guerra de Secesión, donde, aunque siempre se narran las peripecias del Sur, en el Norte tampoco es que estuviesen de rositas. Luchaban día a día por tener un bollo caliente o una patata para el desayuno, zurciendo la ropa o tratando de sobrellevar la pobreza, pero siguiendo los usos y costumbres de la época: bailes, óperas y puestas de largo. Debido a su apellido y anterior posición social eran invitadas habitualmente, sin considerar ni por un momento el no asistir a tales eventos a pesar de llevar ropa pasada de moda, guantes manchados o faldas chamuscadas.
El valor de personajes como Jo [1] ha sido muchas veces en mi vida lo que me ha dado fuerzas para seguir adelante, rechazando lo que pudiese parecer a los ojos de los demás una vida más regalada y pudiente, y siguiendo la filosofía de Louisa May Alcott: «pleno vivir y elevado pensar», que siempre llevaron todas sus protagonistas.
Ni que decir tiene que Mujercitas ocupa un sitio especial en mi humilde biblioteca, aunque mi favorita siempre será Polly Milton, la protagonista de Una muchacha anticuada. Por razones de la vida, un día le perdí la pista a ese libro, pero lo recuperé hace dos años en el Rastro de Madrid. Ese reencuentro fue parecido al de dos buenas amigas que llevaban más de veinte años sin verse; a pesar del tiempo pasado, ninguna de las dos había perdido la esencia de la juventud.
Recomiendo encarecidamente estas lecturas. Si hace tiempo que no os acercáis a ellas, serán reencuentros con viejas amigas y sitios maravillosos; si es la primera vez, despojaos de prejuicios absurdos y románticos, y meteos en la vida y en el pensamiento de esas mujeres luchadoras que salieron adelante en un mundo solo de hombres. Aunque, como mandan los cánones, al final siempre la protagonista encuentra el amor. ¿Qué sería de la existencia si no?


2 comentarios:

  1. hOLA... has entrado en mi blog y te gusta el SAL de LA FAMILIA.. si quieres participar, dejame tu correo electronico y te lo mandare...

    Un beset


    RosA

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  2. Qué buena tu observacion sobre la obra mujercitas....
    no he tenido ocasión de leerla , pero sí he visto infinidad de veces las películas , todas las versiones...
    Un saludo.

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Un verdadero amigo es alguien capaz de tocar tu corazón desde el otro lado del mundo.

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