miércoles, 26 de agosto de 2026

Capitulo II _Más allá del Día del Libro: Una galería personal de lecturas eternas y óleos con alma

 Pues, como os iba diciendo, esta afición de leer la tengo desde los cuatro años. Mi madre me ayudó con la cartilla porque yo no paraba de repetir palabras como una loca. Tomaba una novelita de las que ella leía —de Corín Tellado— o de las que leía mi padre —de Marcial Lafuente Estefanía— y repetía las palabras que yo me sabía, siguiendo las líneas con los dedos. El día que me compraron mi primera cartilla aprendí las vocales, la M con la A, "ma", la P con la A, "pa", y enseguida empecé con mapa, papá, mamá, pipa, etc. Total, que a la semana ya me compraron la segunda cartilla, y luego ya empezaron con los cuentos.

Con cinco años leía no solo de corrido, sino que le quitaba a mi padre las novelitas y, en la siesta que me obligaban a dormir, yo me las escondía y leía... A mi madre se las quité una vez, pero eran de mujeres agonías que solo pensaban en darse besos, y a mí me gustaban más los cowboys, los ranchos, el juez maloso... Yo les llamaba "los malasombra", por aquello del programa de la tele. Y así, cuando con seis años me llevaron a la escuela de las monjas, ya leía, escribía y sabía sumar y restar.
Luego no es que tuviese unas notas estupendas; me aburría en clase y me ponía a leer —me gustaba— o a escribir. Pero en aquellos tiempos, para una niña que había hecho la comunión, lo más práctico era que tenías que ayudar en las tareas domésticas. Y no era como ahora, con lavaplatos, lavadoras, agua caliente y microondas; eran tiempos bastante más difíciles. Mi madre empezó a regañarme cuando me pillaba leyendo: o me quitaba el cuento o la novela, o incluso la hacía cachos y la echaba a la estufa. A mí aquello se me quedó tan grabado que, cuando veo un libro roto o tirado por la calle, lo tengo que rescatar como si rescatase a un gatito herido.
Bien, y después de este desahogo literario, sigo regalando esos fragmentos acompañados de unas preciosas pinturas dignas del más suntuoso de los museos... Continuaremos.
Pintura impresionista de Claude Monet titulada En el prado, que muestra a una mujer con un vestido claro y sombrero leyendo un libro, recostada tranquilamente en un gran campo verde salpicado de flores blancas y rojas.
Claude Monet " En el prado" 1876 
El Capitán Ala Triste_1996
Curiosamente, he leído casi toda la obra de Arturo Pérez-Reverte. El primer libro suyo que cayó en mis manos fue El húsar y me fascinó por completo; luego llegó La piel del tambor, que es maravilloso, y detrás vinieron todos los demás que tengo en casa. Sin embargo, el Capitán Alatriste no me acaba de convencer. Me compré el primero cuando lo publicaron y, aunque reconozco que está muy bien escrito, no me terminó de hacer ese "tilín" que yo necesito, así que es el único de la saga que tengo. Obviamente, en algún momento necesitaré darle una segunda lectura.
«A ese tiempo infame lo llaman siglo de Oro. Más lo cierto es que, quién lo vivimos oro vimos poco, y plata la justa. Sacrificio estériles gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza, de eso sí que tuvimos a espuertas. Lo que pasa es que luego uno va y mira un cuadro de Diego Velázquez, oye unos versos de Lope o Calderón, lee un soneto de don Francisco de Quevedo, y se dice, que tal vez mereció la pena.»
 Arturo Pérez Reverte.
Pintura al óleo de estilo academicista de Delphin Enjolras titulada Mujer leyendo junto a la ventana. Muestra a una joven elegante sentada de perfil en un sillón interior, totalmente concentrada leyendo un libro que sostiene entre sus manos, iluminada por la luz suave que entra a través de los cristales.
Delfín Enjolras _ Mujer Leyendo junto a la ventana _ 1905

“El caballero de la armadura Oxidada.” 1987
No podía faltar en este recorrido el libro que más veces he regalado y prestado en mi vida: El caballero de la armadura oxidada de Robert Fisher, publicado originalmente en 1987. Aunque bueno, en realidad lo de "prestado" es un decir, porque la verdad es que nunca vuelven; al final se los quedan y yo tengo que volver a comprarlo una y otra vez en un ciclo sin fin. Aun así, esta pequeña pero inmensa joya literaria merece la pena, porque nos enseña con una sencillez asombrosa el peligro de escondernos detrás de nuestras propias corazas y la importancia de despojarnos de ellas para descubrir quiénes somos en realidad.
 "Cuando aprendáis a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos decepciones."
Pintura de estilo clásico de Edward John Poynter titulada En el jardín. Muestra a una mujer joven vestida con una túnica blanca de estilo grecorromano, sentada de perfil en un banco de mármol dentro de un jardín exuberante, completamente absorta leyendo un libro que tiene abierto sobre el regazo.
Edwar Jhon Poynter - En un jardín- 1891
La casa de los espíritus
De Isabel Allende, esta es mi novela favorita: , publicada originalmente en 1982. Esta impresionante saga familiar, que consagró a la autora a nivel mundial, me atrapa por la forma tan magistral en que entrelaza el amor, la política, el misticismo y el destino de tres generaciones de mujeres inolvidables; una obra cumbre del realismo mágico que demuestra que los recuerdos y los lazos de sangre siempre encuentran la manera de romper el silencio.
“En casi todas las familias hay algún tonto o un loco, hijita. A veces no se ven, porque los esconden, como si fuera una vergüenza. Los encierran en los cuartos más apartados, para que no los vean las visitas. Pero en realidad no hay de que avergonzarse, ellos también son obra de Dios.”

Pintura costumbrista de Edward Killingworth Johnson titulada Tomando café y leyendo en el jardín. Muestra a una mujer joven sentada al aire libre junto a una mesa pequeña con un juego de café; está completamente absorta leyendo un libro que sujeta con ambas manos, rodeada de la vegetación y las flores de un jardín inglés.
Edwar Killingworth _ Tomando café y leyendo en el jardín 1870/1880

La Celestina- 1499

Como toledana, no puede faltar en este rincón una obra que corre por mis venas y que forma parte de la historia misma de mis calles: La Celestina, o como a mí me gusta llamarla reivindicando su nombre completo, La Tragicomedia de Calisto y Melibea, de Fernando de Rojas. Hablar de este libro es pasear por ese Toledo medieval y misterioso, un laberinto donde el amor, la codicia y las pasiones más oscuras se mezclaban entre las sombras. He elegido un fragmento que me fascina de sus páginas para dejarlo aquí grabado, porque hay palabras que, aunque pasen los siglos, siguen doliendo y brillando con la misma fuerza.

"Es un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una dulce y fiera herida, una blanda muerte." 
Pintura realista de Edwin Harris realizada en 1885 y titulada Una lectura tranquila. Muestra a una mujer joven sentada en unbanco verde de madera al aire libre en un jardín, completamente absorta leyendo un libro, mientras a su lado descansa un perro grande que la acompaña en su momento de paz.
Edwin Hardis_ Una lectura Tranquila_1885 
Como agua para chocolate, Laura Esquivel_1989
Esta novela es especial, tiene un “no sé qué” que me fascina. Es tan descriptiva que parece que estás en la cocina con Nacha y Tita, y hasta hueles y saboreas los deliciosos platillos: las Torrejas de Nata, o los Chiles en Nogada, o esas codornices en pétalos de rosa que volvieron a todos ardientes de deseo, y esa colcha tejida de estambre que era como un campo de grande... Es una novela deliciosa, y no porque te la comas...
Mi abuela tenía una teoría muy interesante; decía que todos nacemo  co  una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos... necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca.”
Pintura de estilo Biedermeier de Erasmus Engert, pintada hacia 1830 y titulada Jardín vienés. Muestra a una mujer con un vestido de época sentada tranquilamente a la sombra en un patio o jardín rodeado de muros, plantas en macetas y árboles, completamente concentrada leyendo un libro.
Erasmus Engert_ Jardín Vienés_1830
     Don Quijote de la Mancha- Miguel de Cervantes Saavedra.1605
¿Cómo iba a faltar el Caballero de la Triste Figura en este recorrido por mis libros favoritos? Ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quería acordarse el autor... Y no sé por qué le daría calabazas alguna manceba, que dicen en los mentideros que era muy propio de tal señor, el mismísimo shaibedraa; ¡el Manco de Lepanto, pardiez!
“Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla."

Pintura realista de Felix Milios (Georgios Jakobides) de 1882 titulada Un atardecer, que muestra a una mujer joven sentada cómodamente en el exterior durante la caída de la tarde, totalmente concentrada leyendo un libro bajo la cálida y suave luz dorada del ocaso.
Félix Milios_ Un atardecer_1882
         La evolución de Calpurnia Tate, Jacqueline Kelly
Descubrí hace poco esta obra, pero me enganchó desde el principio. Quizás fue porque leer sus páginas fue como mirarme en un espejo retrovisor y viajar en el tiempo. Ver a esa niña tan despierta, con esa curiosidad insaciable por el mundo y ese empeño por refugiarse en los libros, me recordó tanto a mí misma de pequeña que me atrapó por completo el corazón. Es una historia maravillosa que te reconcilia con tu propia infancia y te recuerda por qué nos enamoramos de la lectura en primer lugar. Una auténtica joya que se ha convertido en una de mis favoritas.
"Algún día iba a tener todos los libros del mundo, estantes y estantes llenos. Viviría en una torre hecha de libros; me pasaría el día leyendo y comiendo melocotones. Y si algún caballero con armadura se atrevía a acercarse en su blanco corcel y a rogarme que le lanzara mi trenza, lo acribillaría con huesos de melocotón hasta que se marchara".

Pintura al óleo de Fernando Botero de 1998 titulada Mujer leyendo. Muestra a una mujer con las formas voluminosas y rotundas características del estilo del artista, recostada plácidamente sobre el césped verde al aire libre mientras lee concentrada un libro que sostiene entre sus manos
Fernando Botero_ Mujer Leyendo_1998

Conocí a Harry Potter en noviembre de 2001; fuimos en familia al cine y salimos enamoradas del personaje. Ese año, por Reyes, a casa trajeron los cuatro primeros libros que ya estaban publicados. Nos pusimos como locas hasta que los leímos, y nos quedamos mordiéndonos las uñas hasta que publicaron el siguiente, y el siguiente, y así hasta que la saga terminó... Aún hoy, que mis hijas son adultas, nos encanta el personaje (bueno, yo era la madre de una niña y dos preadolescentes entonces, y lo pasé como una enana). Así que, como no podía ser menos, entre mi lista de libros favoritos va un guiño a J.K. Rowling con Harry Potter. Esta frase es de El misterio del príncipe.

_'¡Pero si ustedes son magos, qué diablos! ¡Seguro que pueden solucionar cualquier situación!
_El problema, primer ministro, es que los del otro bando también saben hacer magia.

Por ahora estas reseñas ya se acaban, no quiero cansaros en demasía aunque he de confesar que para mi mirar estos cuadros es como mirarme en un espejo; cada mujer leyendo representa un fragmento de mi propia vida entre libros. Un diálogo perfecto entre el arte de pintar y el arte de narrar que siempre me acompaña. Hoy cierro por un momento esta galería, pero la biblioteca de mi mente sigue abierta y los libros amontonados esperando su turno son demasiados... así que seguimos en la siguiente entrega.



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Un verdadero amigo es alguien capaz de tocar tu corazón desde el otro lado del mundo.

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