martes, 1 de septiembre de 2026

Más allá del mar: La voz combativa e irónica de Alfonsina Storni

Otra gran escritora y poeta nacida en el mes de las flores fue la malograda Alfonsina Storni, que nació el 29 de mayo de 1892. Contra lo que suponen algunos de sus muchos fans, vino a la luz en Sala Capriasca (Suiza); aunque tenía nacionalidad argentina, su nacimiento allí solo se debió a que sus padres se encontraban en el país alpino por motivos de trabajo.

Retrato fotográfico antiguo en tono sepia de la escritora Alfonsina Storni, peinada al estilo de la Belle Époque y luciendo un gran collar de perlas de dos vueltas sobre el cuello.
 Alfonsina Storni retratada en sus años de juventud con la elegancia y el porte característicos de la Belle Époque.

Sus progenitores, dueños de una cervecería en San Juan, habían regresado a Suiza en 1891, pero en 1896 volvieron a Argentina junto con la pequeña Alfonsina. Fue en San Juan donde asistió al jardín de infantes y desarrolló la primera parte de su niñez. A principios del siglo XX la familia se mudó a Rosario, donde su madre fundó una escuela domiciliaria y su padre instaló un café cerca de la estación de ferrocarril Rosario Central. Alfonsina se desempeñó como camarera en el negocio familiar, pero este trabajo no la satisfacía en absoluto; se independizó y consiguió empleo como actriz.
Se la conoce sobre todo por sus versos, pero su prosa feminista refleja su lucha por la igualdad de género y su originalidad revolucionó la literatura latinoamericana. Su obra poética se divide en dos etapas: una inicial más romántica, erótica y sensual, con matices de recelo hacia el hombre; y otra posterior más abstracta y reflexiva. En sus últimos textos, marcados por su dolencia de cáncer de mama, plasmó con dolor y miedo el final inminente de su vida.
Portada del libro Poemas de amor de Alfonsina Storni editado por Hiperión, con un diseño característico sobre fondo rosa pastel decorado con pequeños corazones rojos.
Portada del libro Poemas de amor, de Alfonsina Storni, en la emblemática edición de color rosa con corazones de Ediciones Hiperión.


Se suicidó el 25 de octubre de 1938 a los 46 años. Versiones un tanto románticas indican que se internó lentamente en el mar, aunque la versión oficial dice que se arrojó desde una escollera del Club Argentino de Mujeres. Sea como fuere, el Mar del Plata le arrebató la existencia, dejando un legado de poemas y palabras que demuestran la inmensa calidad del ser humano que llegó a ser.
Hay unas palabras que ella misma escribió sobre su infancia que dicen:
"Estoy en San Juan, tengo cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea. Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo un libro que tengo en la mano y espío con el rabillo del ojo el efecto que causo en el transeúnte. Unos primos me avergüenzan gritándome que tengo el libro al revés y corro a llorar detrás de la puerta.”
Quizás —no sé por qué se me antoja— muchos de nosotros hicimos lo mismo a lo largo de nuestra infancia para pasar por interesantes ante nuestros primos o hermanos, cogiendo los libros del revés. Personalmente me ha pasado; quizás por eso me siento muy identificada con esta autora en particular.
Portada del libro Ocre de Alfonsina Storni editado por Torremozas, con un diseño limpio e inconfundible sobre un llamativo fondo de color verde pistacho.
Portada de Ocre, el poemario clave de Alfonsina Storni que marca su madurez literaria, en la cuidada edición verde pistacho de la Editorial Torremozas.
Dicen los que la conocieron en su niñez que era una chica curiosa, que hacía muchas preguntas, tenía una imaginación desbordante y era un poco mentirosilla. Sus progenitores tuvieron serias dificultades para enseñarle a decir la verdad. Se inventaba todo tipo de cosas: incendios, robos, crímenes... Quizás solo estaba forjándose como escritora y esa era su manera de empezar. Sea como fuere, no podemos juzgarla, pues todos hemos mentido de pequeños y nos hemos inventado todo tipo de historias (algunos lo siguen haciendo de mayores y, encima, son los que dirigen nuestras vidas, pero eso es otra historia).
Vivió una infancia dura, con un padre alcohólico y un dinero que no llegaba a cubrir las necesidades básicas. A los doce años escribió su primer verso:
"A los doce años escribo mi primer verso. Es de noche; mi familia ausente. Hablo en él de cementerios, de mi muerte. Lo doblo cuidadosamente y lo dejo debajo del velador, para que mi madre lo lea antes de acostarse. El resultado es esencialmente doloroso; a la mañana siguiente, tras una contestación mía levantisca, unos coscorrones frenéticos pretenden enseñarme que la vida es dulce. Desde entonces, los bolsillos de mis delantales, los corpiños de mis enaguas, están llenos de papeluchos borroneados que se me van muriendo como migas de pan…”
Sé que ya he dicho que me siento identificada con la autora, pero es que recuerdo, incauta de mí, mi primer cuento. Se lo dejé a mi madre con la felicidad de que fuese mi primera lectora; ella lo leyó, lo rasgó en cien pedazos y me dijo que lo que tenía que hacer era dejarme de historias y hacer algo de provecho (coscorrones incluidos). Así que, tal vez, seamos un par de almas gemelas, aunque quiero pensar que esto le ha pasado a más gente.
Fotografía del monumento a Alfonsina Storni en Mar del Plata. Consiste en un gran bloque rectangular de piedra tallado en bajorrelieve que muestra la figura simbólica de una mujer con el cabello y las vestiduras agitados por el viento de cara al mar, mientras que en el ángulo inferior izquierdo aparece esculpido el perfil real de la poeta junto a los versos de su obra.
El sobrecogedor monumento esculpido por Luis Perlotti en la playa La Perla de Mar del Plata, erigido en honor a Alfonsina Storni cerca del lugar de su trágica desaparición.
Mientras tanto Alfonsina, que estaba un poco harta de las tareas domésticas, de las costuras y de ayudar en todos los menesteres del hogar —cosa que no le reportaba ni dinero ni alimento para su alma—, dictaba clases de recitado y de buenos modales en la escuela de su madre. Una alumna suya, Amalia Medina, la definió como una persona muy fina en su porte, en su bailar y en su mímica. Aunque se la caracteriza como una persona delicada y cariñosa, hay testimonios de algunos días en los que la melancolía la dejaba encerrada en sí misma y cantaba canciones tristes y dolientes (pero eso nos pasa a muchas y a muchos también).
Tras muchas vicisitudes, y a pesar de algunos tropiezos en la vida y en su carrera como escritora —ya que eran épocas de crisis en las que la poesía no alcanzaba para vivir—, poco a poco se fue haciendo un hueco entre los escritores de renombre y nos dejó un legado maravilloso para todo tipo de sentimientos.
La Caricia Perdida

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Fotografía  que muestra a una mujer joven vista de espaldas, sentada en la arena de la playa y contemplando en silencio el horizonte del mar en calma.
Una silueta frente a la inmensidad del océano, el reflejo visual de la nostalgia y el vacío que evoca el poema La Caricia Perdida.



“Yo no estoy y estoy siempre en mis versos, viajero, pero puedes hallarme si por el libro avanzas dejando en los umbrales tus fieles y balanzas: requieren mis jardines piedad de jardinero.”





Poesía rescatada: Francisco Pérez de Vega y el arte de la sátira combativa

Volviendo a otra reseña sobre la etiqueta de "Poesía rescatada", hoy voy a hablaros un poco sobre Francisco Pérez de Vega. Fue un escritor, periodista y poeta de pluma afilada que, al igual que nuestro anterior protagonista, usó los periódicos obreros y las revistas de corte socialista como su trinchera cultural (quién lo diría, amigos, dado que hoy nos gobiernan unos "socialistas" que tienen las neuronas justas para mantenerse de pie).
F. Pérez de Vega, como le gustaba firmar, no solo colaboraba con poemas serios; era un auténtico maestro de la sátira política en verso. Escribió muchísimo para revistas culturales de orientación republicana. Para poneros en contexto, en esos años, mucho antes del conflicto bélico de 1936, estas personas escribían por y para el movimiento obrero primigenio; lo que es lo mismo, las primeras huelgas y las luchas contra el caciquismo de la Restauración alfonsina.

Los textos de F. Pérez de Vega solían criticar con una ironía brutal el inmovilismo de la burguesía, la hipocresía social y las injusticias que sufrían las clases populares en el Madrid de la época.
Este tipo de poesía tenía un tono más urbano, directo, mordaz y combativo. Era el que se solía leer en los centros obreros para despertar conciencias a través de la sonrisa amarga o la indignación (tal como hoy tenemos los memes, canales como Los Meconios o los muñecos de Barrio Sauna que, aunque los tilden de fascistas y otras cosas peores, solo hablan de la realidad actual en forma irónica).
F. Pérez de Vega publicó al menos tres libros:
  • Himnos del pueblo (poesía), en 1913. Se trata de un poemario que recopila versos e himnos revolucionarios de su autoría, orientados a la concienciación social y la fraternidad obrera.
  • La primorosa, en 1924. Se trata de una pieza breve en formato de paso dramático, editada en las primeras décadas del siglo XX.
  • Investigaciones científicas, en 1959.
En este momento están todos descatalogados. Quitando lo que está bajo la custodia de la Fundación Pablo Iglesias y cosas muy sueltas que puedes encontrar en portales de segunda mano, este escritor es hoy casi completamente un desconocido.


Al Pueblo

Ya, Pueblo humilde, tu clamor escucho

con que al combate desigual me llamas;

y es la lucha temida

de donde acaso surgirá la vida.

Aun en los aires resonar parece

él eco de furiosos estampidos

cuando la sangre en arroyuelos crece;

aun de miedo la madre se estremece;

aun escucho el gemir de los heridos

y junto al muro derrumbado, abierto,

aún contemplo al anciano arrodillado

la frente baja, su mirar incierto.

Allí del esforzado

caudillo miro la cerviz que en sangre

revolcándose está. Y no más lejos,

abrazados dos viejos

lanzan sus gritos de dolor postreros.

Y aquél que entre sus manos

Aprisiona el acero enrojecido

Y yace en tierra por la bala herido

En sus ojos la muerte ha retratado

Tú, Pueblo humilde, al escuchar el trueno

De aquesa tempestad de las pasiones

Que cual tromba rugiente se desata

¿Por qué no avanzas á apoyar tu seno

e la boca cruel de los cañones

Y así le dices?”!Desgraciado mata.”!


Huelgas 1932

¿Pues no ves de tus hijos

la sangre misma descender impune

desde el amargo trono á la cabaña

cuando el clamor de la maldad los une?

Y, acaso, de tus ojos

se a podido borrar la viejecita

que en desconsuelo sus mejillas baña?...

Tiende su mano descarnada y fría

Y cerca del lecho de matices rojos

Contempla de aquel hijo desgraciado

el cuerpo al suspirar en su agonía…

Mira pueblo engañado,

Que quien teme al reptil que le aprisiona

y se arrastra en el lodo…decir puedo

que merece quizás una corona

que así grabada esté. ”Vergüenza y miedo”.

Pero no. Que ya miro

cómo alzando tu fe de la inmundicia

de esos mercados á entrar en pelea

llevando por insignia la Justicia.

Y en mi ardiente deseo

¡Oh, Pueblo!, ya te veo

cual un Cristo moderno, en su coraje

vengar el torpe ultraje

del templo al arrojar los mercaderes.

Ellos son que en el lodo te postraron;

míralos bien, maldice sus placeres,

y al par que altivo, de coraje lleno,

rompe la copa que en tus labios pone,

donde te brinda su cruel veneno.

Pobre en mi apoyo, pero en él confía,

yo, en triste canto arrullaré tu pena

mientras que noche y día

te esfuerzas por romper esa cadena

que te roba el valor y la energía.


2ª Huelga 1910 

Los tempranos albores

de un nuevo sol, que brillará glorioso,

calmarán, tu pesar y tus dolores

y ondeará el estandarte victorioso

de los esclavos pechos luchadores.

¿Y quién osado detendrá tu brío?

Loco ha de ser quien en los diques crea

hallar su salvación cuando el torrente

tiene todo el poder de la marea

que avanza hasta las rocas imponente.

Ya el Pueblo es el canto

Que victoria pregona;

rasgose de los ídolos el manto,

rompiose la corona

y al par que el nuevo sol brilla en Oriente

alza ahora al Pueblo su ultrajada frente.


F. Pérez de Vega, Revista “Vida Socialista” 1 de mayo de 1910.


Poesía rescatada: José Morón Vázquez y los cantos de la mina y el campo

No cabe duda de que los nombres de los poetas más conocidos de la Generación del 27 han relegado a un segundo plano a un gran número de autores con obras excelentes en teatro, novela o poesía, tanto en el interior como en el exilio. Estoy segura de que hay figuras de enorme trascendencia que están por recuperar; creadores que publicaban en periódicos, revistas y distinta prensa de la época.
Desde hace tiempo me vienen llamando la atención estos cultivadores de distintos géneros que, por una causa o por otra, se han visto postergados y olvidados, y que tan solo subsisten en los archivos mohosos de las hemerotecas, donde reposan a la espera de que alguien los rescate. El pasado marzo ya escribí un post sobre este tema, al que he puesto la etiqueta de “Poesía rescatada”.
Hoy os voy a hablar un poco de José Morón Vázquez, un poeta, músico y activo colaborador de la prensa obrera. Vivió y desarrolló gran parte de su actividad cultural e intelectual en Nerva (Huelva), una localidad con una fortísima identidad ligada a la cuenca minera de Nerva-Riotinto y a los movimientos sociales de la época.
José Morón Vázquez aparece registrado en los estudios históricos de la prensa obrera española de las primeras décadas del siglo XX. Colaboró en cabeceras comprometidas con la causa de los trabajadores y la difusión de la cultura, escribiendo junto a otras firmas destacadas del espectro progresista de la época (como Ubaldo Romero Quiñones o la célebre Carmen de Burgos, "Colombine").
Su escritura no era fría ni puramente teórica: combinaba el mensaje ideológico con la creación poética. Su poema más célebre se titula "Poesía de la mina", reproducido en cabeceras de la prensa obrera y recuperado por diarios históricos como El Obrero. Fue una persona muy activa culturalmente hablando; organizaba concursos poéticos y tertulias en Nerva, y en la trastienda de la librería local reunía a las voces más avanzadas del progreso andaluz. Impregnó tanto su hogar de este espíritu que su propio hijo, José María Morón, se convirtió años más tarde en un famosísimo y galardonado autor de la "poesía minera" con su célebre libro Minero de tierra adentro.
Fotografía que muestra tres libros históricos del escritor José María Morón alineados. A la izquierda se encuentra su célebre obra Minero de tierra adentro, galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1933. En el centro se ubica el poemario Minero de estrellas. A la derecha se muestra el volumen Romance de las minas de Riotinto publicado en 1958.
Ediciones históricas de José María Morón, hijo del poeta, que consolidó el legado familiar de la literatura social y minera de Riotinto.
Hoy os traigo un largo pero precioso e intenso poema titulado "Campesinas", porque las personas dedicadas al campo también tenían un hueco fundamental en la pluma de este autor.


Campesinas

En pos del arado,
Á la esteva ferrada sujeto
de los llanos terrosos y ásperos
las abiertas besanas siguiendo,
resignada cual bestia de carga,
camina el labriego
ajustando el andar de las yuntas
dulces cantos de amor soñolientos.
Tras las altas montañas que cercan
los viejucos hogares del pueblo,
aun en él, ven las turbas doradas
de los privilegios,
un trasunto de aquella rudeza
ancestral de sus padres y abuelos;
gajo vil de ignorancia y miseria;
despreciable siervo
que recibe del amo el trabajo
como don benéfico
sin más emociones,
sin otros anhelos
que entregar abundante cosecha
al rico avariento.
que le arroja á los pies un pedazo
del mendrugo que sobra á su perro.
¡Más no, se sen engañan!,
que yo, hijo del pueblo,
bardo fiel que rumiando sus ansias
voy con ellos sus penas sintiendo,
rimando en  mi lira
la canción de los pobres hambrientos,
yo que he aprendido
de su alma escondidos secretos,
y en sus horas de breve reposo
le he visto leyendo,
á furto del amo,
ácratas folletos,
donde forjan las nuevas ideas
los sabios modernos,
sé que vagas ideas de justicia
hoy despiertan su obscuro cerebro
y que ansioso esperando la hora
del desquite tascando va el freno;
ya no besa las manos cual antes,
sufriendo en silencio
el trallazo brutal con que marca
sus espaldas el amo negrero;
él ya sabe que son granos de oro
la semilla que arroja al terreno;
él ya sabe que el hijo del campo
es igual al burgués en derechos.


Por eso mirando
los campos ubérrimos,
los inmensos tablares de espigas
oscilando á los besos del viento,
los bosques de pinos,
los verdes viñedos,
los floridos bardales de zarzas
tras los cuales albean los huertos,
las yuntas de bueyes,
babeando y tranquilos paciendo,
la legión de gallinas seguidas
de un tropel de gentiles polluelos,
y los recentales
escalando las lomas y cerros;


y pensando en los hartos de grasa,
los que habitan palacios soberbios,
los que beben en copas de oro
y reposan en pérsicos lechos,
comparando su mísera choza,
pocilga de puercos,
la inmunda bazofia
que le espera por todo alimento,
su hogar pobre y frío
y sus hijos hambrientos y en cueros,
he visto sus ojos
llamear con fulgores siniestros
y nublarse su frente rugosa
por oculto y tenaz pensamiento,
que traduce al andar mentalmente
con aire profético;
_ ¡ Si esto fuera mío!
_ ¿Por qué no a de serlo?
_ ¿No es un robo inicuo,
un despojo hecho
contrario a las leyes
de las gentes, contrario al derecho?_
y el humilde paria,
el esclavo de todos los tiempos,
el que lleva á través de los siglos
para escarnio y baldón del progreso
en sus hombros, cual mártir cristiano
del trabajo, el pesado madero,
el nunca rebelde
en el último esfuerzo supremo
de su angustia indecible, le he visto
de servil transformado en liberto,
alzarsse iracundo,
vengador, soberano, tremendo
y mientras las lágrimas
van surcando su rostro moreno
en demanda de un sol de justicia
con el puño crispado hacia el cielo
señalar á la tierra exclamando:
_ ¡Dios!, ¿De quién es esto?.

José Morón Vázquez- Revista “ Vida Socialista” 1 de mayo de 1910-






El misterio del 13: Daphne du Maurier y el arte de hacer temblar lo cotidiano

En casa siempre me dicen que tengo obsesión con el número 13. Y es que yo nací un día 13; lejos de ser para mí un número de "mala suerte", siempre ha sido mi preferido. Junto con el 7 (el de la suerte), son los números que, si los encuentro en el título de un libro, me obligan a comprarlo de inmediato.
Portada del libro Trece a la mesa de Agatha Christie. Se muestra un diseño clásico de novela policíaca con el nombre de la autora y el título destacados en la cubierta.
Pie de foto: Trece a la mesa, de Agatha Christie. Un clásico de Hércules Poirot donde una vieja superstición se cobra una víctima real. mi primer libro con 13.

Muchos de vosotros —quizás me equivoque— si os digo que la escritora a la que dedico este post de hoy nació el 13 del 5 de 1907 (coincidimos en el día y el mes de nuestro nacimiento) y que se llama Daphne du Maurier, os diga bastante poco. Quizás pensáis que la conocéis de sobra y soy yo la que se equivoca. Pero, en cambio, si os hablo de Rebecca, la gran obra que inmortalizó el maestro Hitchcock, ya sabéis perfectamente a quién me refiero.
En efecto, Daphne du Maurier fue una escritora británica, nieta del dibujante y también escritor George du Maurier, famosa por novelas como Rebecca (publicada en 1938), Jamaica Inn (La posada de Jamaica) o The Birds (Los Pájaros), todas ellas llevadas a la gran pantalla por el Mago del Suspense. También destaca My Cousin Rachel (Mi prima Raquel), adaptada al cine en 1952 de la mano del director Henry Koster.
El apóstol número 13, de Michel Benoît. Un trepidante thriller histórico donde el padre Andrei desentraña una peligrosa conspiración oculta en el Vaticano. a partir de este ya no pude parar.
Daphne gozó siempre de un ambiente refinado. Sus padres, el productor y actor Gerald du Maurier y la actriz Muriel Beaumont, le dieron una educación exquisita. Sus buenas relaciones le permitieron publicar sus primeros escritos en la revista de su tío (no hay nada como tener padrinos para todas las cosas de la vida). Se casó con el lugarteniente Frederick Arthur Montague Browning (imaginaos el pedazo de tarjeta de visita, ¡uffff!), quien llegó a ser héroe de guerra y recibió el tratamiento de Sir; la misma Daphne alcanzó la distinción de Dama de su Majestad. Residió en el castillo de Menabilly, una fabulosa mansión situada en la costa de Cornualles que le sirvió de inspiración y escenario para algunas de sus obras, y donde dio a luz a sus tres hijos. Fue una escritora precoz: a la edad de veinte años ya había escrito su primera novela.
Pero Daphne no solo escribió estas cuatro novelas tan famosas que saltaron a la gran pantalla. Ella escribió multitud de relatos en los que retrata a mujeres traumatizadas o perversas, cuya insatisfacción no calma ni la misma muerte. Es el caso de relatos como "El manzano", "El joven fotógrafo" o "Bésame otra vez, forastero", historias todas ellas llenas de crueldad, cauta timidez y ambientes cargados de energías negativas que se adelantan a lo que luego trazaron escritores como Patricia Highsmith o el mismísimo Stephen King.
Para los amantes del escalofrío y de las distancias cortas, os recomiendo encarecidamente El Muñeco, una obra que hoy podemos disfrutar en castellano gracias a la maravillosa decisión de la editorial Fábulas de Albión de publicar los cuentos inéditos de la autora.
Portada del libro El Muñeco de Daphne du Maurier. Muestra una fotografía antigua en blanco y negro de una niña de aspecto tétrico y mirada fija que sostiene un muñeco mecánico en su mano.
Edición de El Muñeco publicada por Fábulas de Albión, cuya inquietante portada refleja a la perfección la atmósfera oscura y gótica de los relatos juveniles de la autora.
El muñeco es una historia de juventud a la que en su día no se le dio la oportunidad de ver la luz. El manuscrito fue descubierto en 2010 por Ann Willmore, una librera de Fowey —el pueblo de Cornualles donde la escritora vivió y verdaderamente "nació" como autora— y una seguidora acérrima de toda su obra. La propia Daphne había mencionado en su autobiografía que en 1928 había escrito un relato perturbador llamado El muñeco. Durante décadas, académicos y biógrafos lo buscaron sin éxito. Ann lo encontró finalmente escondido en un compendio de relatos rechazados de 1937 titulado The Editor Regrets ("El editor lo lamenta").
En este volumen se aprecia la naciente vocación por la escritura de Du Maurier. El efecto del tiempo que pasó desde que se escribieron los cuentos hasta la madurez de la autora les proporciona una cierta inocencia; pero eso no impide que lleven ya la raíz de lo que sería el original estilo de todas sus obras posteriores: un análisis psicológico de los personajes, una narración dilatada y detallista, y unos complejos y oscuros ambientes donde todas las emociones se antojan enterradas y nada ni nadie consigue calmar los deseos más confusos y secretos.
Portada del libro El cuento número trece de Diane Setterfield. El diseño muestra elementos visuales melancólicos y góticos que evocan la atmósfera lúgubre de una antigua mansión inglesa y el misterio de un manuscrito oculto.
 El cuento número trece, de Diane Setterfield. El fascinante misterio gótico donde los secretos familiares de las gemelas Emmeline y Adeline salen por fin a la luz.
En este libro de cuentos cortos disfrutamos de la gran habilidad de Daphne para hacernos llegar el horror a través de lo que, en principio, nos parece insignificante y frecuente. Creo que pocas personas que hayan leído Los pájaros (o que, en su defecto, hayan visto la película de Hitchcock) hayan podido volver a mirar de la misma manera a una bandada de gaviotas o escuchar el ulular de las palomas cerca de ellas.
Asegura la escritora Pilar Adón en el prólogo para esta edición que, “con una manifiesta habilidad para retorcer los argumentos y llevarlos hasta las más altas cotas de lo grotesco, Du Maurier mezcla en sus historias los ambientes más aristocráticos y selectos con lo más bajo y lo más sórdido; el comportamiento más puritano enfrentado al más sensual; las almas castas combatiendo a las pecaminosas (…) Y es que ningún personaje de Daphne Du Maurier se libra de las sombras (…) y en todas sus tramas, adopten éstas la forma que adopten, sean exitosas novelas u oscuros relatos, las cosas nunca son lo que parecen”.
De esta forma, parece que volvemos a la atmósfera de Otra vuelta de tuerca de Henry James. De los trece cuentos de los que consta esta edición, el que lleva el título es quizás el más singular, sexualmente provocador y a la vez ambiguo, en medio de un triángulo amoroso que nos confunde más por lo que intuimos que por lo que realmente nos narran. El personaje principal, "Rebecca", bella y seductora, es quizás el preámbulo de la enigmática mujer que, diez años después, daría fama mundial a su creadora.
Amantes del misterio y de las atmósferas más enrarecidas: os aseguro que no os va a decepcionar…
"A veces sucede así en la vida: cuando son los caballos los que han trabajado, es el cochero el que recibe la propina."
— Daphne du Maurier

Once Upon a Time…"Atrapados en Storybrooke: Una premisa brillante que se desgastó con el tiempo"

                          Había una vez… cuantas veces en nuestra vida hemos leído esas palabras al comenzar un cuento. Los cuentos han...