No cabe duda de que los nombres de los poetas más conocidos de la Generación del 27 han relegado a un segundo plano a un gran número de autores con obras excelentes en teatro, novela o poesía, tanto en el interior como en el exilio. Estoy segura de que hay figuras de enorme trascendencia que están por recuperar; creadores que publicaban en periódicos, revistas y distinta prensa de la época.
Desde hace tiempo me vienen llamando la atención estos cultivadores de distintos géneros que, por una causa o por otra, se han visto postergados y olvidados, y que tan solo subsisten en los archivos mohosos de las hemerotecas, donde reposan a la espera de que alguien los rescate. El pasado marzo ya escribí un post sobre este tema, al que he puesto la etiqueta de “Poesía rescatada”.
Hoy os voy a hablar un poco de José Morón Vázquez, un poeta, músico y activo colaborador de la prensa obrera. Vivió y desarrolló gran parte de su actividad cultural e intelectual en Nerva (Huelva), una localidad con una fortísima identidad ligada a la cuenca minera de Nerva-Riotinto y a los movimientos sociales de la época.
José Morón Vázquez aparece registrado en los estudios históricos de la prensa obrera española de las primeras décadas del siglo XX. Colaboró en cabeceras comprometidas con la causa de los trabajadores y la difusión de la cultura, escribiendo junto a otras firmas destacadas del espectro progresista de la época (como Ubaldo Romero Quiñones o la célebre Carmen de Burgos, "Colombine").
Su escritura no era fría ni puramente teórica: combinaba el mensaje ideológico con la creación poética. Su poema más célebre se titula "Poesía de la mina", reproducido en cabeceras de la prensa obrera y recuperado por diarios históricos como El Obrero. Fue una persona muy activa culturalmente hablando; organizaba concursos poéticos y tertulias en Nerva, y en la trastienda de la librería local reunía a las voces más avanzadas del progreso andaluz. Impregnó tanto su hogar de este espíritu que su propio hijo, José María Morón, se convirtió años más tarde en un famosísimo y galardonado autor de la "poesía minera" con su célebre libro Minero de tierra adentro.
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| Ediciones históricas de José María Morón, hijo del poeta, que consolidó el legado familiar de la literatura social y minera de Riotinto. |
Hoy os traigo un largo pero precioso e intenso poema titulado "Campesinas", porque las personas dedicadas al campo también tenían un hueco fundamental en la pluma de este autor.
Campesinas
En pos del arado,
Á la esteva ferrada sujeto
de los llanos terrosos y ásperos
las abiertas besanas siguiendo,
resignada cual bestia de carga,
camina el labriego
ajustando el andar de las yuntas
dulces cantos de amor soñolientos.
Tras las altas montañas que cercan
los viejucos hogares del pueblo,
aun en él, ven las turbas doradas
de los privilegios,
un trasunto de aquella rudeza
ancestral de sus padres y abuelos;
gajo vil de ignorancia y miseria;
despreciable siervo
que recibe del amo el trabajo
como don benéfico
sin más emociones,
sin otros anhelos
que entregar abundante cosecha
al rico avariento.
que le arroja á los pies un pedazo
del mendrugo que sobra á su perro.
¡Más no, se sen engañan!,
que yo, hijo del pueblo,
bardo fiel que rumiando sus ansias
voy con ellos sus penas sintiendo,
rimando en mi lira
la canción de los pobres hambrientos,
yo que he aprendido
de su alma escondidos secretos,
y en sus horas de breve reposo
le he visto leyendo,
á furto del amo,
ácratas folletos,
donde forjan las nuevas ideas
los sabios modernos,
sé que vagas ideas de justicia
hoy despiertan su obscuro cerebro
y que ansioso esperando la hora
del desquite tascando va el freno;
ya no besa las manos cual antes,
sufriendo en silencio
el trallazo brutal con que marca
sus espaldas el amo negrero;
él ya sabe que son granos de oro
la semilla que arroja al terreno;
él ya sabe que el hijo del campo
es igual al burgués en derechos.
Por eso mirando
los campos ubérrimos,
los inmensos tablares de espigas
oscilando á los besos del viento,
los bosques de pinos,
los verdes viñedos,
los floridos bardales de zarzas
tras los cuales albean los huertos,
las yuntas de bueyes,
babeando y tranquilos paciendo,
la legión de gallinas seguidas
de un tropel de gentiles polluelos,
y los recentales
escalando las lomas y cerros;
y pensando en los hartos de grasa,
los que habitan palacios soberbios,
los que beben en copas de oro
y reposan en pérsicos lechos,
comparando su mísera choza,
pocilga de puercos,
la inmunda bazofia
que le espera por todo alimento,
su hogar pobre y frío
y sus hijos hambrientos y en cueros,
he visto sus ojos
llamear con fulgores siniestros
y nublarse su frente rugosa
por oculto y tenaz pensamiento,
que traduce al andar mentalmente
con aire profético;
_ ¡ Si esto fuera mío!
_ ¿Por qué no a de serlo?
_ ¿No es un robo inicuo,
un despojo hecho
contrario a las leyes
de las gentes, contrario al derecho?_
y el humilde paria,
el esclavo de todos los tiempos,
el que lleva á través de los siglos
para escarnio y baldón del progreso
en sus hombros, cual mártir cristiano
del trabajo, el pesado madero,
el nunca rebelde
en el último esfuerzo supremo
de su angustia indecible, le he visto
de servil transformado en liberto,
alzarsse iracundo,
vengador, soberano, tremendo
y mientras las lágrimas
van surcando su rostro moreno
en demanda de un sol de justicia
con el puño crispado hacia el cielo
señalar á la tierra exclamando:
_ ¡Dios!, ¿De quién es esto?.
José Morón Vázquez- Revista “
Vida Socialista” 1 de mayo de 1910-