No obstante, lo recomiendo, por que es un libro, que nos trae una historia, de una familia, ”normal”, de transfondo, un par de muertes, el oscuro secreto de amores prohibidos, y la terrible enfermedad que arrasa con nuestros recuerdos y nuestra vida y con una pincelada nos recuerda el pasado Nazi de uno de sus abuelos.
Comienza la trama en el velatorio de Bherta, abuela de Iris, la protagonista, acompañada de sus dos tías Inga y Harriet y su madre Christa, en el testamento la casa familiar, pasa a sus manos, y aquí comienzan los recuerdos, alegres y dolorosos, una historia como tantas otras, en eso tal vez esté la clave de su éxito, con cada paso que da por la antigua casa o sus jardines, le vienen a la mente los sucesos que allí acaecieron, en el presente un posible romance, con un amigo de infancia, en su mente . una sola cosa, “ mañana volveré al trabajo y renunciaré a la herencia”.
Así poco a poco conoceremos a Anna, hermana de Bherta, que murió en su juventud y el triangulo amoroso, en el que estuvieron inmersas, también conoceremos al supuesto verdadero padre de Inga, una de sus tías, que tiene un extraño don, con la electricidad como protagonista.
Nuestra amiga remontará a su infancia en muchas ocasiones, todas ellas protagonizadas por su amiga, Mira y su malograda prima Rosmarie y la relación que nació entre ambas.
Estos recuerdos a pesar de ser un poco “claro-oscuros” son mágicos, como mágicos son los jardines, y sus frutos, El grosellero que da grosellas blancas, desde la muerte de Anna, o el manzano que madura las manzanas en Junio por que Iris y Max, pasan la noche bajo sus ramas.
Dos cosas me llama poderosamente la atención de esta novela, una que la protagonista Alemana, recite a Espronceda, he pensado que a sido licencia de Ana Kosutic, la traductora, la otra, que al leerla, se recrean los sabores de esas manzanas, incluidas las pepitas, (que yo siempre me como y no se por qué).
Katharina Hagena, ha recreado un ambiente familiar, unas vivencias de la vida cotidiana, delicadamente, de esas novelas, que aunque no te “sorprendan” como ha sido mi caso, al menos, sabes que gustarán a todo el mundo.



