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jueves, 3 de septiembre de 2026

Caciques, pazos y el eco de la preguerra: la maestría de Los gozos y las sombras.

Todos los veranos me gusta releer algún libro de los que yo llamo "mis favoritos". Algunos los he leído más de veinte veces a lo largo de mi vida y siempre encuentro algo que, tal vez, se me escapó la primera vez que lo hice. Supongo que es la madurez; no es lo mismo leer el Quijote con quince años que con cuarenta, y lo digo por experiencia. El caso es que estas vacaciones metí en mi maleta una de esas obras predilectas: la trilogía de Los gozos y las sombras, escrita por Gonzalo Torrente Ballester y publicada entre mil novecientos cincuenta y siete y mil novecientos sesenta y dos. Se la considera una de las obras cumbre de la literatura española del siglo veinte y a mí, personalmente, me fascina. La trilogía se compone de tres volúmenes: El señor llega, editado en mil novecientos cincuenta y siete; Donde da la vuelta el aire, de mil novecientos sesenta, y La pascua triste, que cerró la saga en mil novecientos sesenta y dos.

Fotografía que muestra los tres tomos independientes de la trilogía Los gozos y las sombras de Gonzalo Torrente Ballester, correspondientes a la reedición del año dos mil doce de Alianza Editorial, colocados uno al lado del otro.
Los tres volúmenes de la reedición de Alianza Editorial de dos mil doce que me acompañaron este verano en la maleta. ¡Una delicia de lectura repartida en tres grandes entregas!
En esta historia, el autor nos narra la vida en Pueblanuevadel Conde durante los años anteriores a la Guerra Civil. En este pueblo imaginario de la costa gallega todo se remueve con el regreso de Carlos Deza, último descendiente de los Churruchaos, los antiguos señores de la villa. Carlos, después de un fracaso sentimental y por la apatía que le produce su trabajo como psiquiatra, se ve impulsado a regresar a su pueblo natal durante un período de tiempo indefinido. Desde el principio contará con el apoyo y la amistad de "la Vieja", que es como llaman a Doña Mariana, quien verá en Carlos a un aliado perfecto para luchar contra el cacique local, Cayetano Salgado.

Fotografía de una escena de la serie de televisión donde el actor Carlos Larrañaga, en el papel del cacique Cayetano, se acerca con actitud amenazante a la actriz Charo López, quien interpreta a Clara Aldán y gira la cara con expresión de rechazo y tensión.
 Carlos Larrañaga y Charo López en uno de los momentos más tensos de la serie. La opresión del caciquismo y la fuerza de Clara Aldán reflejadas en una sola mirada.
Aunque Carlos se muestra reacio al principio a inmiscuirse entre las tramas de Cayetano y Doña Mariana, se verá inmerso poco a poco en una lucha sin tregua por el poder. Por una parte se enfrentan los valores de la antigua nobleza hereditaria y, por la otra, la nueva burguesía plebeya, poseedora de los medios económicos de producción. Para enredar más las cosas, Carlos queda prendado de Rosario "La Galana", la amante de turno de Cayetano, quien juega con el deseo de los dos hombres para hacerse con un marido y una propiedad. Otros protagonistas esenciales son los primos de Carlos: Clara, Juan e Inés Aldán, unos personajes dispares pero de gran relevancia en la pequeña comunidad.

Fotografía de una escena de la serie ambientada en el comedor clásico de la casa de Doña Mariana, donde aparecen los actores Eusebio Poncela como Carlos Deza y Amparo Rivelles como Doña Mariana sentados, acompañados en la estancia por la actriz que interpreta al Ama y otra actriz en el papel de doncella con uniforme de servicio.
Una comida en el Pazo con Doña Mariana, Carlos y el servicio doméstico. En este comedor se cocinaban las intrigas más importantes de Pueblanueva del Conde.
Con la muerte de Doña Mariana, los acontecimientos darán un giro inesperado. El testamento de la doña deja a Carlos Deza en la tesitura de tener que administrar durante cinco años, y con absoluta libertad, todas sus riquezas y patrimonio. Al pasar esos años, Germaine, la sobrina de la fallecida, podrá hacerse cargo de ellos como heredera universal, pero no antes. Los bienes incluyen barcos pesqueros, para los cuales algunos sindicalistas guiados por Juan Aldán albergan sus propios proyectos, y una hipotética posibilidad de matrimonio entre Carlos y Germaine, aunque esta alianza no llegará a realizarse. Germaine, volcada en su pasión por la música y el cuidado de su padre, regresa a París con un sustancioso adelanto de su herencia, pues ni el pueblo ni la vida de este le interesan lo más mínimo, ni tampoco sus relaciones con Carlos, ya que no llegan a entenderse demasiado. La novela termina finalmente con el abandono del pueblo por parte de Carlos, acompañado por Clara Aldán.

Fotografía de una escena de la serie de televisión que muestra a los actores Charo López y Eusebio Poncela, interpretando a Clara Aldán y Carlos Deza, caminando juntos en un plano medio mientras pasean por un paisaje natural de campo en Galicia.
 Clara y Carlos compartiendo un respiro en mitad del campo. Una escena preciosa que nos recuerda por qué ellos dos están destinados a entenderse en esta historia.
La obra es un retrato fiel de la sociedad gallega de preguerra; presenta un análisis profundo de las características de dicha comunidad y de su transición hacia el capitalismo, en un escenario donde todo cambia para que todo siga igual. En mil novecientos ochenta y dos, Televisión Española estrenó la serie homónima, adaptada por Jesús Navascués y dirigida por Rafael Moreno Alba. Esta producción consta de trece capítulos y tuvo un éxito arrollador. A pesar de que habían pasado veinticinco años desde la publicación de la primera novela, el estreno la convirtió en un auténtico fenómeno editorial. La emisión de la serie marcó un hito en la historia de la televisión en España, siendo la primera que abrió el camino a la producción de otras grandes adaptaciones basadas en novelas clásicas de nuestra literatura. Lamentablemente, en la actualidad nos tenemos que conformar con visionar estas joyas del pasado, pues las producciones actuales no tienen la suficiente calidad a pesar de las nuevas tecnologías. Prueba de este triunfo histórico de las series basadas en la literatura clásica es la cadena británica BBC, donde cada adaptación de época se convierte en un éxito indiscutible de audiencia.
Fotografía de una escena de la serie de televisión en la que los personajes de Carlos Deza y Clara Aldán se encuentran de pie en el puerto pesquero de la villa, rodeados de ambiente marinero, mientras ella realiza la compra de pescado fresco.
Carlos y Clara encontrándose en el bullicio del puerto. Me encanta esta escena porque muestra la vida real del pueblo y la sencillez de Clara a pesar de su apellido.

El reparto para la televisión fue sencillamente magistral, con Eusebio Poncela encarnando a un inolvidable Carlos Deza, Amparo Rivelles en el papel de la imponente Doña Mariana Sarmiento, Charo López bordando el personaje de Clara Aldán y Carlos Larrañaga en la piel del magnífico y temible Cayetano Salgado. Completaron el elenco Rosalía Dans como "La Galana" y Santiago Ramos personificando al rebelde Juan Aldán. Uno de los personajes que en la obra se denominan secundarios es el de Paquito el Relojero, aunque personalmente considero que tiene una gran fuerza en toda la trama, interpretado brillantemente por Manuel Galiana. También recuerdo con especial cariño a Rafael Alonso en el papel de Don Baldomero el Boticario; tanto su personaje como el actor ponen en ocasiones, junto a Paquito, la vis cómica indispensable de esta gran obra. 
Fotografía de una escena de la serie de televisión que muestra al actor Manuel Galiana, en el papel de Paquito el Relojero, subido a las ramas de un árbol en una actitud cómica y expresiva.
El gran Paquito el Relojero haciendo de las suyas subido al árbol. Uno de esos personajes secundarios que se comen la pantalla y nos regalan los momentos más divertidos de la serie.

Os dejo con un fragmento del epílogo, en forma de carta o comadreo anónimo, con el que termina la novela:
"¡Peste de churruchaos, casta de locos! Por fin Pueblanueva del Conde se ha visto libre de ellos. Fueron muchos siglos de soportarlos —siete, según se dice—, sin esperanza. El mundo daba vueltas, las cosas iban cambiando, costumbres y gobiernos, y ellos seguían ahí, en sus Pazos, con sus narices y sus pecas, como si no hubiera más en la tierra que sus líos, y sus caprichos, y sus disparates, y Pueblanueva para aguantarlos. Un año y otro, un siglo y otro, el tiempo eterno. La muerte no prevalecía contra ellos. Cuando nacía uno de nosotros, se le podía profetizar: Tendrás sarampión, vivirás del sudor de tu frente, y un día u otro tropezarás con algún Churruchao, que están ahí, esperando, y el tropiezo te hará la puñeta para el resto de tu vida".
Espero que disfrutéis de esta obra maestra, ya sea en forma de novela o, en su defecto, disfrutando de su mítica serie de televisión. ¡Bon appétit literario!

Caciques, pazos y el eco de la preguerra: la maestría de Los gozos y las sombras.

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