Estrenando los días mas cortos sin luz ,hoy vamos a dar una vuelta por el mundo del arte pictórico, de los clubes de abejas y del patchwork que tanto nos gusta.
Aquí en España, de toda la vida, las mujeres, sobre todo en verano, se sentaban a la hora de la siesta en la calle a bordar, repasar ropa, etc. Chismorreaban y escuchaban las radionovelas. Tengo recuerdos de infancia enredando en las latas de Cola-Cao que hacían la función de costureros, revolviendo entre los hilos, botones, cintas, encajes, el huevo de madera de zurcir los calcetines, las enormes agujas de coser los colchones… Mientras, el murmullo de las mujeres hablando de fulanita, que estaba otra vez “en cinta”, o del marido de menganita, al que habían “pillado” con la hija de zutano y se había liado la de San Quintín. A todo esto, si alguna intuía que estábamos escuchando, decía aquello de: “Callaos, que hay ropa tendida”. El eco de las radionovelas resonaba entre los patios y las callejas: Lucecita, Simplemente María, Ama Rosa… Hay que ver qué memoria tengo para algunas cosas y luego no me acuerdo ni de lo que desayuné esta mañana.
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| Tardes de siesta, confidencias y radionovelas: la entrañable estampa de las labores a la fresca en la España de los años 70. |
En fin, que me disperso. Aquí no había clubes de abejas como en Estados Unidos, ni recuerdo que nadie se juntase para hacer la colcha de novia de nadie; cada novia se solía hacer su propio ajuar. Un club de abejas (o quilting bee) no es ni más ni menos que más de una mujer haciendo una misma labor, principalmente una colcha, y si es de patchwork, mejor. En la mayoría de los casos, una sola persona o varias realizaban previamente el top, y luego dedicaban una jornada o dos a acolchar entre todas. Si se juntaban muchas, pues se terminaba enseguida; si lo hacían dos o incluso una sola, pues obviamente tardaban más. Muchísimos artistas han plasmado en sus obras esta maravillosa práctica, llegando hasta nuestros días extraordinarias muestras de este arte familiar.
Enoch Wood Perry con el cuadro The Two Sewers (A Quilting Party), de 1875, aquí hago un receso: no se os ocurra traducir The Two Sewers porque, literalmente, son “dos alcantarillas”, que algunas veces con el inglés me entra una risa que para qué. Bien, en este magnífico y maravilloso cuadro podemos apreciar a dos mujeres, una más joven y otra mayor, acolchando un top. Si le enseñamos la imagen a alguien jovencillo, rápidamente nos dirá que la chica de la imagen está hablando con un auricular o ajustándose unos audífonos; por el contrario, lo que la joven está haciendo es cortar el hilo con los dientes, por lo cual tiene el brazo alzado con el carrete de hilo en la mano mientras seguramente está sujetando el otro extremo con la otra mano. Es muy curioso esto de mirar cuadros en perspectiva. El personaje de más edad está concentrada en su trabajo, tal y como lo vendría haciendo a lo largo de gran parte de su vida. Esta pintura también es un poco “mágica”: ¿Qué sostiene el gran marco con la colcha? Parece que esté como levitando, ¿verdad?

¿Un teléfono móvil en 1876? La divertida ilusión óptica de Enoch Wood Perry Jr. en A Quilting Party, donde el carrete de hilo se confunde con la tecnología moderna.
Cambiamos de cuadro pero no de autor: Enoch Wood Perry Jr. Girl Quilting, de 1885. Aquí los entendidos en la materia dicen que la parte superior de la colcha es históricamente precisa. Es decir, en la posguerra de Secesión americana ese dibujo se conocía, al igual que el marco que la sostiene. Pero ¿por qué la barra y el pasador están en diagonal, cuando lo más fácil y práctico es que descanse sobre la otra barra en línea recta? Otro enigma que descifrar.
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| Girl Quilting (1885): El misterio del bastidor en diagonal: una joven acolchando concentrada sobre un marco de madera que desafía la lógica de la gravedad en la obra de Enoch Wood Perry Jr. |
Tercer cuadro, mismo autor. Se titula Patchwork Quilt (también conocido formalmente como Girl Quilting o Young Woman Quilting). Esta obra fue creada originalmente como pintura al óleo en el siglo XIX y posteriormente reproducida como un popular grabado. Representa a una mujer mayor acolchando; el cuadro lo dice todo por sí mismo. Sorprendentemente, la barra también está colocada en ángulo.
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| El enigma que se repite: el popular grabado de Enoch Wood Perry Jr. donde una mujer mayor acolcha con la barra colocada, otra vez, en un misterioso ángulo. 1885 |
Cambiamos de cuadro y de autor: Morgan Weistling es un autor contemporáneo (1964). Sus obras están llenas de nostalgia por la América rural del siglo XIX, pero como muchos artistas, se toma sus “licencias”. Por ejemplo, el dibujo de la colcha no se corresponde con la época que se pretende representar; es una de las cosas de las que los historiadores se dan cuenta. Yo lo sé porque lo he leído, no penséis ahora que soy una erudita en la historia de los quilts; me gustaría, pero no, soy una lectora de cosas raritas. Es una escena preciosa donde el único hombre que aparece está ajeno a toda la situación; supongo que los demás, si los hubiese, estarían haciendo algún granero o algo práctico hasta la hora de comer, o jugando a la herradura, vete tú a saber. El niño que juega por debajo de la colcha da un poco de repelús, la verdad. Otra colcha que parece que esté flotando porque solo aparece una vara apoyada en una silla un tanto desvencijada a la izquierda de la imagen.
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| Licencias artísticas y nostalgia rural: la preciosa pero enigmática escena de Morgan Weistling, con toda la familia revolucionada alrededor del bastidor. |
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| Rigor histórico con luz propia: Edgar Melville Ward sí que estuvo atento a la realidad con este caballete de cuatro patas firmes y una iluminación perfecta para no dejarse los ojos con la aguja. |
Henry Mosler (1841-1915), Quilting Bee, 1890. Esta obra representa un evento del siglo XVIII. Hay alguna complejidad en la pintura; por ejemplo, a la izquierda, ¿es la silla la que sujeta el marco o es este el que realmente sujeta la silla? Por otra parte, a la derecha, la señora de cierta edad sentada en un sillón de brazos, donde parece que están sujetas las varas del marco, ¿podrá moverse? Es una postura bastante incómoda para estar un buen rato cose que te cose. Además, la luz tampoco parece que acompañe. Con todo y con eso, es un cuadro precioso.
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| El misterio de la física de Henry Mosler: un cuadro precioso donde las varas del bastidor y las sillas juegan al despiste con la gravedad y la comodidad de las costureras. |
Este grabado en madera histórico se titula The Quilting Bee. Es una famosa ilustración estadounidense del siglo XIX en cabeceras de la época como Harper's Bazar o Harper's Weekly. Quilting 1864 Sanitary Fair, esta ilustración está catalogada como anónima. Representa una “feria sanitaria” o, lo que es lo mismo, unas damas que se juntan para elaborar un Quilt de caridad, bien para una rifa o para una persona necesitada. No tengo nada que decir, la escena en conjunto me parece una pasada. Aunque la señora del centro da el mismo repelús que el niño debajo de la colcha que vimos antes.
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| Solidaridad grabada a fuego: las maravillosas damas de 1864 uniendo sus manos en una feria sanitaria para tejer esperanza y caridad en tiempos difíciles. |
La siguiente obra es de Pauline Jackson, una pintora contemporánea que representa una “Fiesta Quilting” alrededor de 1955 en una gran sala con chimenea. Aquí los hombres sí tienen su protagonismo, incluso hay uno enhebrando una aguja, otro joven al piano para amenizar la velada, niños revoloteando por todas partes y una colcha preciosa que no sabemos quién de las presentes será la afortunada en utilizarla. El marco reposa sobre soportes resistentes y las sillas están bien colocadas para que la labor se realice sin problemas.
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| La costura como fiesta colectiva: la maravillosa escena de Pauline Jackson donde la música, la familia y los hombres enhebrando agujas se unen alrededor del bastidor. |
The Quilting Bee, de Anna Mary Robertson (1940), más conocida como Grandma Moses. Bueno, esta pintora, para mi gusto, aunque naíf, es un tanto infantil. Los espacios reales no los representa; la sala está demasiado llena, el marco de acolchado y la mesa del comedor parecen sostenerse de igual forma, y la mezcla de comida con la labor no me parece la adecuada, pero supongo que ahí radica el encanto de esta pintora.
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| El caos entrañable del arte naíf: Grandma Moses junta la comida con los hilos en una mesa donde no cabe un alfiler, pero donde sobra encanto. |
Por supuesto, cada artista se toma, como he dicho antes, su licencia artística, tanto pintores como escritores, escultores, etc. Tenemos el ejemplo de Faith Ringgold, pintora, escritora y activista americana. En este cuadro ha invitado, ni más ni menos, que a Vincent van Gogh y claro, tantas abejas obreras con tantos girasoles... al final la colcha parece una alfombra mágica, pero ahí se establece el vínculo: artista, cuadro y observador.
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| Cuando el Patchwork se vuelve magia: la maravillosa fantasía de Faith Ringgold llevando a Vincent van Gogh junto a las abejas obreras entre girasoles. |
Bueno, y para terminar, un Double Wedding Ring de la mano, ni más ni menos, del refresco Coca-Cola. El artista que creó esta famosa ilustración publicitaria de 1950 fue el reconocido ilustrador estadounidense Andrew Loomis. Aquí la mejor postura del artista es centrarse en el edredón e ignorar la mecánica: no sabemos cómo está sujeto, pero sí sabemos lo precioso que es y que tiene “la chispa de la vida”…
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| La chispa de la vida entre puntadas: la icónica publicidad de Coca-Cola de 1950 ilustrada por Andrew Loomis con el clásico edredón Double Wedding Ring. |



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