Nota de Edición: Este blog lo abrí en 2011, año en el que escribí bastantes reseñas, cuentos e historias. Paulatinamente lo fui dejando hasta abandonarlo en 2018. Tras ocho años de silencio, lo vuelvo a retomar editando las antiguas reseñas, respetando mis críticas anteriores, e incorporando la perspectiva y madurez que me han dado estos años.
La llave de Sarah de Tatiana de Rosnay, publicada en el año 2007. Este libro me lo regaló mi hija Lucía por mi cumpleaños y estaba en la «pila» de pendientes de leer. La verdad es que fuimos a una de esas tiendas de rastrillo a las que me encanta ir a rebuscar porque siempre salgo con algún tesoro, y este libro es la prueba. Magnífico.
Está basado en la redada del Velódromo de Invierno ocurrida el 16 de julio de 1942. La trama nos traslada hasta París, donde las autoridades francesas arrestan a 13 000 judíos ante la mirada impasible de todos los habitantes, que guardan silencio por miedo, indiferencia, cobardía o por simple interés, pues piensan ocupar las viviendas vacías a buenos precios.
Sarah oculta a su hermano Michel en un armario para huir de la redada. Ella lo hace por el simple hecho de protegerlo; cierra la puerta del armario —un secreto— y se guarda la llave, pensando que regresará en unas horas. Sin embargo, el destino les hace protagonizar una de las páginas más deplorables de la historia gala. Los gendarmes confinan a los miles de detenidos durante cinco largos días en el Velódromo de Invierno, cerca de la Torre Eiffel, sin comida ni agua. Después, enviarán a las familias a un campo de concentración francés, donde las separarán como paso previo a su posterior destino: Auschwitz.
Sarah intentará por todos los medios escapar de aquel horror para recuperar a su pequeño hermano, que sigue escondido en el armario.
La historia se desarrolla en dos épocas: en 1942, siguiendo las vicisitudes de Sarah, y en 2002. Julia Jarmond, una periodista norteamericana afincada en Francia, recibe el encargo de preparar un reportaje con ocasión del sexagésimo aniversario de la redada. La reportera reconstruye pieza a pieza el itinerario de Sarah y su lucha por salvar a su hermano, pero lo último que puede imaginar es que la investigación la conduzca hasta los Tézac, la familia de su marido.
La epopeya de esta niña judía será un ejemplo a seguir para Julia y para quienes han vivido marcados por el peso de la culpa. La llave de Sarah abre, entre otras cosas, la puerta de la redención.
«Nos quedamos allí, sentados durante un largo rato. Hasta que la multitud que nos rodeaba se redujo, hasta que el sol se escondió y la luz cambió. Hasta que nuestros ojos pudieron volver a encontrarse, ya sin lágrimas».
Contexto histórico
El 29 de diciembre de 2010 se estrenó en cines la película homónima de la mano del director francés Gilles Paquet-Brenner, cuyos protagonistas principales son Kristin Scott Thomas, que encarna a la periodista Julia Jarmond, y la joven Mélusine Mayance, en el papel de la niña Sarah Starzynski.
Tanto el libro como la película son de una crudeza abrumadora y ponen en tela de juicio el comportamiento de los parisinos ante una crueldad semejante: familias enteras encerradas en condiciones inhumanas, sin agua, comida ni servicios sanitarios básicos durante días. La redada fue ejecutada por miles de policías y gendarmes franceses bajo las órdenes del régimen colaboracionista de Vichy (denominado Estado Francés), un gobierno autoritario establecido en la ciudad de París desde julio de 1940 hasta agosto de 1944, liderado por el mariscal Philippe Pétain, que administraba la autodenominada «zona libre» y colaboraba activamente con la Alemania nazi tras la derrota militar francesa.
Desde este recinto, los prisioneros fueron trasladados a campos de concentración y tránsito, y posteriormente deportados al complejo de exterminio de Auschwitz, donde casi todos fueron asesinados.
El recinto del Velódromo de Invierno de París sufrió un incendio en 1949 y fue demolido definitivamente en 1952. Hoy en día, el lugar cuenta con una placa conmemorativa donde cada año se recuerda a las víctimas de esta masacre institucional.
En definitiva, enfrentarse a esta historia es asumir la absoluta vergüenza de nuestro pasado y entender que el silencio nos hace cómplices. Que el recuerdo de Sarah sirva como un recordatorio imperioso: mantener viva la memoria es nuestra única arma para que la indiferencia nunca más vuelva a ganar la partida frente a la barbarie.

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