Nota de Edición: Sigo editando las reseñas de mi blog. Esta en concreto se publicó el 27 de septiembre de 2011, cuando aún se podía comprar en la librería la novela Diez Negritos, antes de que en 2022 todo el mundo cambiase el título por Y no quedó ninguno porque, al parecer, el otro título era "racista". Yo creo que ya vamos siendo mayorcitos para diferenciar el racismo real de un título de novela, pero como somos un rebaño que vamos tras la corriente que nos quieren llevar, pues así estamos.
El título de Y no quedó ninguno, por mucho que se empeñen, hace un spoiler directo de la novela; ya te dicen que muere hasta el apuntador, total… luego están los títulos que les pondrán a las películas. No sé si harán una moderna, pero las que yo he visto de corte Hollywood, en todas quedan al menos dos: uno que es la persona distinta que va para investigar y una chica, que normalmente acaban enamorados, así que las películas ahora se titularán Y quedaron dos...
Por mi parte, si hay alguna novela de misterio que ha perdurado en el tiempo, esa es Diez Negritos, de Agatha Christie. Digamos que ahora es And Then There Were None, también se conoció como Ten Little Indians e inicialmente como Ten Little Niggers. Aquí en España se publicó en 1940, tras una serie de exitosos libros protagonizados muchos de ellos por el detective belga Hércules Poirot o por la encantadora Miss Marple; sin embargo, en esta ocasión prescinde de los dos para obsequiarnos con esta maravillosa novela de suspenso.
La trama nos lleva a un fin de semana en una mansión en la isla privada "del Negro" (ahora llamada Soldier Island o Isla del Soldado). Esa isla, la del Negro, se llamaba así porque de perfil parece la cabeza de un hombre africano, que es lo que podían haber dejado, "La Isla del Africano", pero bueno, el politiqueo es lo que tiene y, juntado con los ofendidos, ya es el remate.
Sigo... Los únicos habitantes de la isla para esta reunión son el joven Anthony, el maduro matrimonio de criados (los Rogers), la señora Emily Brent, el general MacArthur (nada que ver con el general Douglas MacArthur, el célebre militar que lideró las fuerzas de Estados Unidos en el Frente del Pacífico), el juez Wargrave, el doctor Armstrong, el detective William Blore, el aventurero Philip Lombard y la joven Vera Claythorne. Todos menos el matrimonio Rogers han sido invitados por un extraño personaje que nadie conoce. Una vez hechas las presentaciones y después de la cena, donde el anfitrión aún no ha aparecido, se les acusa a cada uno por medio de una grabación de un crimen (un crimen cada uno, no uno entre todos). Crímenes casi todos ellos pasados por accidentes, por lo tanto, absueltos ante la justicia.
Los invitados piensan que no es más que una especie de broma macabra, pero la realidad es que empiezan a aparecer personas asesinadas siguiendo la ingeniosa pauta de una canción infantil. Volvemos otra vez a lo de los diez negritos, que ahora la canción también se titula diez soldaditos, que no sé yo, con la de soldados que vuelven de las guerras con Síndrome de Estrés Postraumático, esto de que les pongan una canción donde se van matando no sé si será mejor o peor que la canción original. Por supuesto, el centro de mesa, que está formado por diez estatuillas que una a una se van rompiendo según van muriendo o desapareciendo los personajes, también son soldaditos.
Pues yo también he cambiado la canción a mi manera, fíjate:
Diez políticos idiotas salieron a debatir;
uno olvidó cerrar su micro y ya solo quedan nueve.
Nueve políticos idiotas hablaban del presupuesto;
uno admitió que cobró un extra y ya solo quedan ocho.
Ocho políticos idiotas viajaban en coche oficial;
a uno le pillaron sin carné y ya solo quedan siete.
Siete políticos idiotas juraban ser muy honestos;
uno plagió su tesis doctoral y ya solo quedan seis.
Seis políticos idiotas buscaban un voto indeciso;
uno se peleó con un bot de Twitter y ya solo quedan cinco.
Cinco políticos idiotas entraron a una comisión;
uno se quedó dormido en la silla y ya solo quedan cuatro.
Cuatro políticos idiotas subían fotos en campaña;
a uno se le vio el yate de fondo y ya solo quedan tres.
Tres políticos idiotas pactaban a puerta cerrada;
uno filtró los audios de la cena y ya solo quedan dos.
Dos políticos idiotas quedaban en el Congreso;
uno cambió de partido de golpe y ya solo queda uno.
Un político idiota miraba la sala vacía;
fundó su propio sindicato, se quedó sin subvenciones...¡y ya no quedó ninguno!
Tal y como nos cuenta la canción, tras la muerte de todos en forma similar a las circunstancias descritas en la misma, no queda ningún personaje para encontrar explicación a los acontecimientos acaecidos, por lo que el sorprendente desenlace se desentraña deus ex machina (elemento externo que resuelve una historia sin seguir su lógica interna) gracias a una nota que se encuentra dentro de una botella arrojada al mar por el asesino. Uno de los mejores misterios de la historia de la literatura de la mano de la más grande autora de este género.
- 1945: Dirigida por el director francés René Clair, Y no quedó ninguno es una película clásica en blanco y negro de Estados Unidos. Ya entonces las figuritas del centro de mesa eran soldados, la isla se llama Isla del Indio y la canción se refiere a diez inditos (diez negritos es racista, la isla del negro es racista, pero a los nativos americanos, si se ofenden, que beban agua). Y una mentira como un piano es que en este filme hay un final feliz: los personajes de Vera Claythorne y Philip Lombard resultan ser inocentes de los crímenes de los que se les acusaba, logran descubrir y desenmascarar al verdadero asesino, y terminan sobreviviendo juntos para enamorarse.
- 1949: Un telefilm de la BBC dirigida por el director británico Kevin Sheldon. Se titulaba Ten Little Niggers; con este nombre, las figuritas, la isla y la canción fueron leales al libro, excepto porque al final quedan dos personajes.
- 1959: Dirigida por el estadounidense Leo S. Shorenstein para televisión: Ten Little Indians, donde volvemos a lo mismo. La isla se llama Isla del Indio, las figuras son indios y la canción son diez indios (eso no es racista). Y quedan dos, los mismos protagonistas de las anteriores versiones: el chico atractivo y la chica guapísima.
- 1965: Ten Little Indians, dirigida por el británico George Pollock. Esta película está ambientada en una estación de esquí, una mansión fortificada de los Alpes austríacos aislada en una cima nevada a la que solo se puede acceder mediante un teleférico. Dentro del universo de la película, el refugio de montaña no recibe el nombre de una estación comercial, sino que se conoce simplemente como el château o palacete de montaña de Mr. U.N. Owen (el misterioso anfitrión). En esta ocasión también volvemos a los indios en el título, la canción, el centro de figuritas y los dos supervivientes.
- 1974: And Then There Were None, del director británico Peter Collinson. Viajan convocados por un misterioso anfitrión (U.N. Owen) a un gran hotel de lujo aislado y aparentemente abandonado en medio del desierto, presentado de forma genérica como un refugio de alta alcurnia apartado a cientos de kilómetros de la civilización. Se mantienen los indios en la canción y en la figurita y, como venimos viendo, los dos amantes.
- 1987: Desyat' Negrityat, del director ruso Stanislav Govorukhin. Una adaptación soviética, la más fiel al final de la novela. Se rodó en la costa del mar Negro (en la región de Crimea), recreando fielmente la siniestra mansión aislada en una isla rocosa descrita en el libro original como Isla del Negro. Las figuritas y la canción eran negritos y, por fin, alguien hizo un final acorde con el libro: no quedó ninguno.
- 1989: Ten Little Indians, del director británico Alan Birkinshaw. Se trasladó insólitamente a un campamento aislado en la sabana africana (rodada en Sudáfrica), a donde los invitados llegan creyendo que van a disfrutar de un safari de lujo. Aquí volvemos al nombre del título con los indios en el centro de mesa y en la canción.
- 2015: And Then There Were None, del director británico Craig Viveiros. Miniserie para la televisión de la BBC. La trama se sitúa en la isla Soldado (Soldier Island), situada frente a la costa de Devon, en el sur de Inglaterra. Se utilizan diez figuritas de soldados de porcelana para el centro de mesa y la rima infantil Diez pequeños soldaditos, que está colgada en las habitaciones. En esta ocasión nadie sobrevive, dejando que el misterio se resuelva únicamente con el hallazgo policial posterior del manuscrito.
Una curiosidad sobre tres de las películas con un mismo productor, el británico Harry Alan Towers:
- En 1965: Se llevó a los invitados a un palacete aislado en los Alpes austríacos, cambiando los botes y barcos por un teleférico.
- En 1974: Cruzó el mundo para meterlos en un hotel de lujo en mitad del desierto de Irán, rodeados de arena, dunas y ruinas arqueológicas de Persépolis.
- En 1989: Terminó la saga trasladando el misterio a la sabana africana (en Sudáfrica), cambiando la mansión por tiendas de campaña de safari rodeadas de animales salvajes.
En definitiva, el "rollo" que contaron todos los medios de comunicación sobre el cambio de nombre ya venía casi desde el momento de su publicación. Y, por otra parte, el cambio de final pasteloso con dos supervivientes enamorados también fue obra de Agatha Christie cuando en 1943 adaptó la obra para el teatro, permitiendo un "final feliz".


Me encanta Agatha Christie y sin duda Diez negritos es uno de sus mejores libros, lectura casi obligada
ResponderEliminarun beso!
Esta obra es imprescindible. Llevo tiempo queriendo releer a esta autora, de la que devorado muchos de sus libros. ¡Qué buenos ratos me ha hecho pasar!
ResponderEliminarBesotes!!!
Ay!! Esta señora sí que tenía la cabeza bien amueblada, amiga mía, je ,je... No me hubiese importado invitarla al té a deshoras, ja ,ja.... Bss...
ResponderEliminarDe esta autora he leído más con Miss Marple o con Hercules. Este libro, aunque muy conocido, no lo leí.
ResponderEliminarBesos.